Otro Mundo

XV-Corazón lastimado

—Pero ¿qué te hiciste?

Todos en la cocina estábamos boquiabiertos, menos Gleb y Pavel.

—¿Les gusta? Es un cambio de look. Aunque mi papá dijo que estaba loco.

Las hebras rubias de nuestro amigo ya no estaban totalmente amarillas, ahora tenían mechas pelinegras.

Todos nos mirábamos sin saber qué decir. Leonid abrió la boca como si fuera a dar un discurso, pero solo le salió un "eh..." que murió en el aire. Yaroslav se tapó la cara con la mano, como si no pudiera soportar lo que veía. Yo solo pensé que parecía un semáforo humano: rubio, negro y con la nariz roja por el frío.

Gleb, mientras tanto, seguía sirviéndose té como si nada, y Pavel apenas levantó las cejas. Era como si hubieran visto a alguien teñirse el pelo en dos colores todos los días.

—Yo solo veo un desastre —comentó Yaroslav.

—No, no es un desastre —respondió él, ofendido a medias—. Es estilo.

Empezó a pasar sus manos por su cabello semilargo, dando una vista de un excelente perfil.

Alexei se cruzó de brazos —Pues parece que te pasaron un marcador por la cabeza.

Fue inevitable no soltar una risa nasal por ese comentario, aguantando la carcajada que estaba luchando por no dejar salir.

—Ya veo, es una pena que Rurik y Nikolai no hayan podido ver tu gran cambio, seguramente se infartaban —hablé.

—Pero del miedo —susurró Yaroslav a mi lado, pero siendo completamente audible para todos.

—Yo solo veo que gasto dinero en arruinar lo que ya estaba bien —habló por primera vez Gleb, mientras tenía una taza de té en la mano.

La cara de South pasó por todos los colores habidos y por haber, frunció su cejo y la indignación llenó su rostro.

Me volteé dispuesta a ir a mi habitación a dormir, mientras escuchaba cómo South le decía a Gleb que lo vea bien, que nada estaba arruinado.

En cuanto subí el primer escalón, un agarre en mi muñeca me hizo parar y voltear.

—¡Airi! ¿Crees que podamos salir mañana a las ocho? —preguntó demasiado alegre, mientras me agarraba de los hombros y subíamos las escaleras.

—¿A las ocho?

—¡Sí! Muy temprano.

—Claro, Yaros. ¿Por qué no?

Llegamos a mi habitación y cerré la puerta con seguro. Yaroslav se sentó en el sillón de mi tocador y me hizo una seña de que me siente en la cama, frente a él.

Acaté dudosa, porque definitivamente seguía enojada por lo que me había dicho.

—¿Se puede saber por qué usaste la palabra de emergencia para decirme que salgamos? —pregunté en un susurro, para no arriesgarme a que los de afuera escucharan.

—Tenemos que hablar. Siento que Hedeon trama algo muy grande.

El tema me interesó de inmediato, así que me puse más cómoda y puse una almohada sobre mis piernas para apoyar mis codos.

—¿Por qué lo dices?

—Mira, primero te decía que, si no ibas, esos dos quedaban muertos. ¿Pero por qué?

—No lo sé. ¿Porque sabe que son mis amigos, quizá?

—Ahí está el detalle. Tú bien podrías restarle importancia y dejar que mueran, o avisarnos e irías con toda nuestra pandilla.

—¿A qué te refieres?

—Me refiero a que él te conoce —sus manos estiradas me señalaron—, y sabía que no ibas a avisar. ¿Pero por qué?

Lo miré confundida, no sabía aún a dónde quería llegar con eso ni entendía sus indirectas.

—Él sabía que no estabas en casa, y que la pandilla estaba ocupada.

Fruncí el cejo y entreabrí la boca.

—Pero ¿cómo él podría saber eso?

—Eso es lo que no sé aún. Pero sospecho que puede ser alguien de la pandilla.

—¿Por qué los traicionarían?

Acarició su barbilla mientras se recostaba en la mesa de mi tocador.

—Estuve averiguando y la pandilla de Hedeon no es liderada solo por él, hay alguien más a su cargo, pero no sabemos quién —eso no respondió mi pregunta.

—Pero eso no es raro, Hedeon siempre tuvo la idea de crear una pandilla y no es nueva...— interrumpió mi habla cuando levantó el dedo índice enfrente mío.

—Airi, nadie te tiene tanto rencor solo porque lo rechazaron. ¿No recuerdas algo más? —cambió el tema.

Traté de recordar algo que le haya dicho a Hedeon que lo haya lastimado, pero no había nada.

—Cuando pasó lo del parque —tragué grueso al recordar eso—, él dijo algo como que nos habíamos ido o algo así, no entendí a quienes se refería.

Se quedó pensativo y después de unos segundos pareció que su mente se iluminó.

—Hedeon siempre estuvo celoso de tus primos. ¿Recuerdas?

Asentí.

—Eso podría ser una pista.

Negué.

—Tendrían que haber razones recientes para hacerlo, y estoy segura de que mi tía ya no dejará que Lev se meta en pandillas, es más, creo que en Estados Unidos ni hay.

—¿Qué tiene que ver la pandilla?

—Una vez discutí con Hedeon y me decía cosas como que él seguía teniendo más lugar, aunque esté en otro país, no lo sé, muchas cosas. Quizá me odia porque Igor murió.

Asintió y bajó la cabeza, lo miré confundida y trataba de leer que era lo que le pasaba. Estiré mis piernas para levantarme, pero de pronto, Yaroslav se puso de rodillas al suelo.

Se pegó a mis rodillas y empezó a sollozar, mi pantalón se humedeció por sus lágrimas cayendo. De inmediato me preocupé y lo hice soltar el agarre de mi pantalón y me arrodillé junto a él. Alcé su rostro con mis manos y lo hice mirarme a los ojos.

—Yaros, ¿Estas bien?

—Airi... —empezó a sollozar más y más y no podía mantener su mirada fija con la mía—. Perdón de verdad, yo no quería hablarte así, tú eres lo más especial que yo tengo y...

—Tranquilo, Yaros —empecé a limpiar sus lágrimas—. No estoy enojada contigo, todo está bien ¿Si?

Siguió llorando y lo recosté encima de mis piernas, mientras acariciaba su rubia melena. Estaba apoyada sobre el lateral de mi cama, y aunque era un poco incómodo, no me importó.

Su sollozo empezó a disminuir y pude sentir como se empezaba a calmar su respiración y a relajarse. Nos quedamos en silencio unos minutos más, y no era para nada incómodo, era como disfrutar de la compañía del otro.




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