Llegué cansado a casa, mi mamá me recibió y ambos cenamos un pastel de chocolate, mi favorito. Aunque decir que era de chocolate es mucho, sólo tenía sabor pero no estaba hecho de chocolate como tal. Aún así sabía muy bien.
Pasaron tres días.
Estaba caminando hacia el gremio, pues ya era hora de ver los resultados de la prueba y ser recibido oficialmente como Explorador.
Llegué al Gremio y cuando entré estaban sólo 26 chicos de los que estaban el día de la prueba. Elena ya estaba ahí, ahora tenía una vestimenta diferente, en sí era lo mismo pero tenía una camiseta roja debajo de su armadura, tenía piel con pelaje de alguna bestia en su hombrera derecha y se hizo una cola de caballo como peinado con su pelo rebelde como siempre.
—Hola Eitan.— Me saludó —Llegas tarde, ahora solo falta William.— Agregó.
—Hoy te ves diferente de lo que hace tres días.— Comenté —¿Hay alguna razón? Aunque te queda bien.
—¿Ésto? No es nada, mi padre se emocionó y me regaló este pelaje, y también algunas cosas más que por ahora no necesito.— Dijo tocando su hombrera suavemente.
El padre de Elena es un hombre de negocios, compra y vende tesoros de Exploradores, gracias a eso les ha ido bien. Por lo que sé, su madre murió cuando era niña y desde ahí su padre se esforzó por darle todo a su hija.
—Ya me imagino, seguramente también esa nueva blusa.— Hice una sonrisa levemente.
—¡Así es!— Se emocionó y agarró un bolsillo trasero de su cinturón. —Y también me regaló esta hacha.
Alzó una hacha con mucha emoción de felicidad, y cómo no, si se veía muy bien. Era un hacha de 30 centímetros si no estoy mal. Era de madera de alta calidad y también de un buen metal. Parecía hecha de Herrico, un metal un poco más raro que la Herrafita. Tenía una hoja ancha, en forma de media luna y con detalles dorados. Al lado opuesto de la hoja estaba un martillo con acabados negros y con dientes, un golpe de eso seguro dejaba marcas como las de una mordida. Arriba tenía una hoja puntiaguda, casi como si fuera una lanza. El mango era de madera pero tenía detalles largos y curvilíneos de un color dorado brillante y al final del mango estaba una liga ancha de un rojo oscuro. Bien dicen que más cosas se parecen a sus dueños.
Elena me presumía su arma, contando todos los detalles que tenía, en resumen fue lo que dije. Estaba muy alegre y cuando habla de algo que le gusta, deja su arrogancia a un lado y parece una chica diferente.
—Pero tú vienes igual que la prueba.— Bajó sus ánimos al decir eso. —Desde hoy empiezas como Explorador y aún pareces un aspirante.— Lanzó una mirada de crítica.
—Pero yo...
Otra vez tenía razón, no soy bueno recordando caras, pero sabía que estaban mejor armados la mayoría que pasaron la prueba.
—No sentí necesario tener algo nuevo, además todo lo que tienen es regalado y no obtenido por su esfuerzo.— Dije pensando en una buena excusa.
Al decir eso me di cuenta que dije más de lo necesario.
—¡¿Y qué tienes en contra de eso?!— Elena se enojó al instante.
—¡Perdón! No es lo que quería decir.
Elena estaba a punto de golpearme pero para mí suerte llegó William.
—¿Cómo están chicos?— Llegó alzando su mano para saludar.
Se paró a medio camino donde Elena lanzó su golpe, yo lo esquive, pero William no. Un gancho directo fue lo que recibió William ni bien llegó. Del golpe, William cayó al suelo y puso su mano en su cachete mientras se lamentaba.
—Pues yo ya no estoy bien.— Dijo William con voz baja.
—¡Lo siento William!
Elena corrió a ayudarlo, la verdad me sentí culpable.
—Perdóname William, fue mi culpa.
Yo también ayudé a qué William se levantará. De nuevo la mirada de los demás cayeron hacia nosotros, y esta vez sí sentí algo de vergüenza.
Mientras lo levantaba me di cuenta que William también era parte de los que llegaron con algo nuevo. ¿Cómo alguien como él puede tener estilo? Pues llegó con ropa no tan común para los Exploradores. Tenía unas gafas grandes con lentes anaranjados. Una prenda negra de manga larga ajustada al cuerpo debajo de su armadura. Encima tenía una chaqueta de un verde oscuro. Lo último diferente que le vi fue una brújula en su guante. De fuera parece un civil urbano más. Más las trenzas que le hizo a su cabello, tenía el pelo recogido y al final su pelo se alzaba mostrando su cabello firme. Parecían serpientes detrás de la cabeza. Además, tenía un degradado acompañado de un grabado, unas figuras raras entre sí, un cuadrado donde dentro estaba un circulo y adentro del círculo estaba una estrella. Al ver ese cambio, me sorprendió pero sabía que tarde o temprano se haría algo así. Hasta Elena se veía también asombrada en el momento que la vi.
—Debes tener más cuidado.— Le dije a William.
—Me olvidaba que ustedes pelean hasta en los mejores días.— Dijo mientras se arreglaba.
—¿Ya ves, Eitan? Todos venimos de mejor manera a este gran día.— Comentó Elena
—¿Pero de qué hablas? Esto ni siquiera es bien visto dentro de los exploradores.— Dije defensivo ante Elena.
—Aun así, ya todos estamos más que listos para lo que viene.— Siguió criticándome de nuevo.
—¡Pues a mí me gusta como me veo!
—¿Sabés? A mí me gustó esta espada que vi en la herrería.— William expresó con alegría ignorando lo que pasaba a sus ojos.
Nos enseñó su espada y no es la gran cosa, una espada común, larga y de una hoja plateada brillante. Y después de mostrarnos su espada, la guardó en una vaina de cuero rasgado.
Según nos dijo, la compró en oferta, no es que sea pobre pero si ha tenido muchas limitaciones económicas, pues, vive con su abuela y sus padres están en otro animal sagrado, son migrantes. Ojalá les haya ido bien.
En medio del ruido de las conversaciones , se escuchó el sonido de una campana. Todos guardamos silencio. Dentro del gremio, había un marco donde por lo general hay datos informativos por lo que sé. Un pequeño grupo de miembros del personal empezaron a poner en ese marco varias hojas, también quitaban algunas que parecían viejas.