23 de agosto de 2002
En la casa de Aura:
La noche de chicas fue un éxito. Al día siguiente las chicas se levantaron temprano. Y, después de que cada una se diera una ducha, bajaron a desayunar.
—¿Qué planes tienen para hoy? —preguntó Sofía.
—Yo me quedaré en casa estudiando, ya sabéis que en las matemáticas soy una negada —responde Selene.
—Yo he quedado en pasar el día con Noah —dice Fleur y mira un momento a Aura antes de seguir—, ya que es mi penúltimo día queremos ponernos al día.
—Oh, eso es genial —le sonríe Aura—. Yo, por mi parte, la pasaré con Jessie, ya que también es su penúltimo día.
—Vayaaaa... Es una pena que se vayan tan pronto —comenta Sofía—. El domingo podemos hacer una pequeña reunión de despedida.
—Suena genial —asiente Aura.
Todas están de acuerdo en eso, pero entonces Sofía voltea a ver a Aura.
—Oye, ¿pero Jessie no se quedaba una semana?
—Sí, esa era la idea, pero como yo tengo clases, ¿qué hace mientras yo estoy en clase y mis padres trabajando? —responde Aura con un deje de tristeza en la voz.
—Cierto... Bueno, pero en nuestras vacaciones de Navidad puede que vayas para allá o él venga otra vez.
—Mmm, no estoy segura. De hecho, me sorprende que le hayan dejado venir solo. Su padre es muy estricto.
Lo último lo susurra. No quiere contar nada de lo que pasa Jessie con su padre. Ella es muy leal a su mejor amigo y lamenta no estar allí con él para ser su apoyo.
Las chicas se despidieron después de desayunar y Jessie llegó a la casa de Aura. Se abrazaron y fueron a la habitación de Aura, donde se tumbaron en la cama. Era como un ritual para ellos desde que se conocieron. Su amistad empezó en parvulitos y muchas noches se quedaban en la casa del otro. Sus madres decían que puede que acabaran siendo novios cuando fueran mayores. Pero tanto Jessie como Aura tenían claro que eso no iba a pasar.
—Bueno, ¿qué tal fue la noche con las chicas? —preguntó Jessie mientras se acomodaba mejor en la cama.
—Muy bien, les conté lo de Gabriella y me entendieron y apoyaron. Creo que después de lo de ella he encontrado mi sitio con amigas de verdad. ¿Y tu noche?
—Me alegro de que hayas encontrado nuevas amigas. Bien, estuvimos hablando, jugando a la Play y luego vimos unas películas de acción —responde Jessie y le sonríe—. Noah es un buen chico, me agrada y Liam y Adam también lo son.
—Sí, lo son —comenta Aura y voltea a verle sonriendo—. Ojalá tú también estuvieras aquí viviendo.
—Sí, nada me gustaría más, pero es un milagro que mi padre me haya dejado venir. Ya sabes, quiere que sea abogado y yo quiero ser psicólogo. Pero en cuanto termine el instituto y sea mayor de edad me iré con mis abuelos. Ellos me apoyan y me van a ayudar a estudiar lo que quiero. Extrañaré a mi madre, pero no quiero perder mi sueño.
Aura abraza a su mejor amigo.
—Serás un gran psicólogo, y además el mejor. Yo, por mi parte, quiero ser veterinaria. Y algún día tendré mi propia clínica y una casa tan grande que podré acoger a todos los animalitos abandonados y maltratados.
—Ese es un muy bonito sueño y también sé que lo lograrás. Bueno, ¿qué tal si vamos a alguna playa?
—¡Claro! Suena genial —dice Aura y se levanta—. Iré a prepararme.
—Yo también. Oye, ¿les decimos a tus padres y a tu hermana que vengan?
—Sii, será como en los veranos en Valencia, que nos íbamos las dos familias, aunque falta tu madre y tu hermano Lucas.
—Sí, ¿sabías que Lucas se va a casar? Me dijo que os invitará a ti y a tus padres.
—¿En serio? Me alegro mucho por él —le sonríe y entra al baño.
Después de un rato Aura sale del baño y entra Jessie. Cuando ya están listos bajan y, con los padres de Aura y su hermana, van a la playa. Era como cuando estaban en España, en Valencia, donde siempre pasaban los veranos en la casa que tienen allí los padres de Aura.
Mientras Adhara se bañaba con sus padres, Aura y Jessie fueron a por unos helados.
—Oye, he notado que tienes mucha conexión con Noah. ¿Te gusta?
Aura se detiene y le mira, poniéndose roja por momentos y con los ojos abiertos como platos.
—Jessie, no, claro que no... Bueno, no sé... Creo que sí, pero no estoy muy segura.
Jessie la abraza y besa su frente.
—Tranquila, lo descubrirás pronto, capitana, y yo voy a estar contigo aunque sea en la distancia.
—Gracias, mi navegante.
Desde pequeños, en Valencia, jugaban a que estaban en un barco y ella era la capitana y él el navegante. Una vez subieron a un barco con sus padres y ahí empezó la historia de ser capitana y navegante. Una sonrisa sale en los labios de los dos al recordar eso. Compran los helados y llegan con la familia de Aura, donde les reparten los helados y se sientan en sus toallas a observar el mar mientras hablan de todo y de nada.
Editado: 29.07.2026