Ovcharka

II

una semana después de eso. Él no quería volver a clases, no después de volverse en un "blanco de tiro". Lo iban a matar allá.

Se sentó, casi llorando. Lloró todas esas noches por esa traición por parte de alguien que siempre amó. Que le haya hecho eso le dolió mucho. No quería verle más la cara, no quería saber nada más de él. Ese tiempo quería estar solo, estudiar desde casa.
Recordar el estrangulamiento con esa bufanda, un horror de verdad. Desde ese suceso no quería ver más esa prenda ni tampoco usarla.

«Maksim, ¿Por qué mierda lo hiciste?»
Era la única pregunta que llegaba a su mente. Lo amaba, lo amaba con toda su alma y que haya sucedido eso lo dejó totalmente desconcertado. Ahora no quería verle la cara nunca más.

__________

—¡Irina! —Llamaba, buscando con la mirada.

Se estaba frustrando. No la encontraba por ningún lado. Rodó los ojos y dió media vuelta. La chiquilla de once años no mostraba interés en dar colaboración. Mientras su hermano daba la espalda en su marcha, ella hizo una bola de nieve y se la lanzó, para rápidamente volverse a esconder. Se rió en sus adentros. Quiso hacer de nuevo aquello, de cuclillas. Creó la bola y asomó su cabeza, pero su hermano no estaba.

«Ya entró a casa»

Pensó, y una fuerza empujó su cabeza, haciendo que su cara se estrelle contra la nieve. Rápidamente volvió a levantar la mirada. Su rostro congelado por la blancura fría invernal. Su hermano estaba ahí, con una risa burlona.

—No dá risa, Mak —Dijo seriamente, al borde de lágrimas —. Me duele la cara.

Pero Maksim no había dicho nada. La ayudó a levantarse. Irina ya venía notando el comportamiento de él, tan distante desde la semana pasada. Que ya no era el mismo, y no sabía porqué.
Pero el muchacho, en realidad, todavía se culpaba por el evento. Si no hubiera abierto la boca, nada de aquello hubiera sucedido.

—Vámonos —Dijo cortante. Sus pasos iban dirigidos a su casa.

Iri lo veía, extrañada aún. Algo le sucedía a su propio hermano.

—¿Me puedes decir qué ocurre? —Lo siguió, casi corriendo por las pisadas largas.

El chico negó con la cabeza. Irina estaba más impaciente. Le daba intriga lo que sea que le esté pasando a su hermano mayor. Por eso mismo le dió un codazo.

—¡Vamos! No seas amargado. Cuéntame qué pasó —Rogó la niña.

—¡Te he dicho que no! —Le gritó.

La chiquilla se quedó callada, pero no toleraba que Mak le levante la voz de aquella forma así que se un pequeño salto agarró los cabellos castaños oscuros de su hermano, haciendo un tironeo.

—¡Ya suéltame! —Agresivamente se soltó —. Deja de molestarme, ¿Qué quieres saber?

Irina esta vez volvió a callar.

___________

Oleg, esa mañana, se salteó el desayuno. No quería saber nada de nada. Ese día tenía planeado hacerse la "rabona". No sabía si le iba a salir bien, pero esperaba que sí. Se abrigó bien, sin ponerse bufanda esta vez. No sabía si se cruzaría nuevamente con Fyodor. En ese caso daría todo por huir, ya que aquél día solo tuvo suerte.

Ovcharka.

Eso mismo lo salvó. Ese día lo salvó un Ovcharka, con uno inició todo eso. Se preguntaba de qué hogar era, si tenía dueño. Si alguien de verdad lo quería. Le encantaría poder conocer a su salvador, regalarle algo como para compensar lo que hizo por él.

La nieve cruje debajo su calzado mientras pensaba en ello.

Ovcharka.

¿Macho o hembra? Eso ni siquiera se había fijado en su gratitud y miedo. Aún así no le importaba, después de todo ahora recordar la reacción de Fyodor al ver semejante animal fué graciosa. Dió una risa silenciosa mientras seguía su camino, observando con atención como se desviaba del camino. No sé iría a estudiar, eso ya estaba dicho.

Mucha gente también pasaba por ahí. Junto a muchas personas pasando y haciendo su vida común, él podía fingir tranquilamente que era como ellos. Hacerse pasar por alguien normal cuando en realidad sus propios gustos eran su condena, como una cuerda atada a su cuello.

No niega que se sintió bellísimo aceptarse a sí mismo tal cual es, aunque aún temía lo que la gente piense. Para despejar aquellos pensamientos decidió tararear un poco, intentando ahuyentar esa negatividad que lo consumía.

—¡Oleg! —Lo llamaron dos voces femeninas de su misma edad. Por atrás de él, le tomaron del cuello enredando amistosamente los brazos.

Pero al chico... Se soltó de forma agresiva de ese agarre. Ya no le gustaba que le tocaran el cuello. Se dió vuelta.

—Somos nosotras, Oleg —Respondió una.

El muchacho dió un suspiro de alivio y se saludaron como correspondía. Pronto, volvieron su marcha mientras intentaban contarse las novedades de la semana anterior.

—¿Y cómo te ha ido? —Preguntó una de ellas. El cabello avellanado recogido de forma delicada. Los ojos con una heterocromía central, que en cierto punto eran inevitables de analizar.

—¿Cómo me ha ido en qué? —Oleg la miró.

—¿Te aceptó? —Una pregunta llena de ilusión.

El muchacho no respondió. Decidió que su silencio diera la respuesta por él. Las dos chicas se dieron cuenta.

—Te ha dicho que no —Supuso.

—Mucho peor, Anna —Dijo.

—¿Pero qué fué? —Insistió.

—No estoy de ánimos para volver a recordarlo.

Y caminó más rápido, con tal de no tener que contarles nada. Anna miró a su amiga.

—Darya, esto será más difícil, creo.

—Hay que hacerle hablar. ¿Tienes navaja? —Bromeó.

—Hmm... No.

—¿Fuerzas suficientes como para poder amenazarlo con quebrarle un brazo si no nos cuenta?

—¡Las estoy escuchando! —Dijo Oleg —. Y no les voy a contar.

Continuó con pasos más apurados...

__________

Los dos muchachos corrían alrededor, felices en su pequeño juego.

—¡A que no me atrapas! —Decía Oleg, retando a Maksim.

Mak consideraba aquello un desafío. El muchacho de cabellos claros era bastante rápido corriendo, así que con una buena estrategia quizás podría atraparlo. Solo esperaba que avanzara más los pasos. La idea era que el chico corriese y el pudiera escabullirse para que lo "pierda de vista", y cuando eso ocurra poder agarrarlo.




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