De la noche a la mañana, cada cosa vuelve a su ritmo habitual. Aunque no para todos. Serio, abrazando a sus dos hermanos, que lloraban sin consuelo. Como Fyodor lo supuso, su padre dió una mentira de la muerte de su madre. "Se ahorcó con un collar por la noche, no se lo quitó para dormir", la mentira perfecta hacia los dos niños. El hombre fingía sentirse mal, fingía llorar. El muchacho lo miraba con odio inmenso en los ojos verdes.
Un entierro en el patio, Nikolai y Daniil aferrándose a su hermano mayor. El chico les daba un cálido consuelo a ambos, pero continuaba serio, tragándose la rabia.
«Ya los sacaré de este infierno, lo prometo, lo juro por mi vida...»
Pensaba. Los abrazaba con más fuerza, como si quisiese decirles. Porque dolía, porque necesitaba que los tres escaparan de esa casa. Daniil levantó su vista hacia su hermano mayor.
-¿Por qué no lloras? -Preguntó bajito.
Fyodor bajó su mirada a él.
-Yo he llorado muchos años, y este no es momento para malgastar lágrimas -Respondió con frialdad.
Ovcharka.
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Anna y Darya miraban, atónitas, a Oleg. El muchacho estaba encima de un tronco grueso, acostado, contando con calma la situación. La pelirroja abrió la boca para regañarlo.
-Ya lo sé, fuí un idiota... -Interrumpió, mirando hacia la chica que estaba cruzada de brazos -... O mejor dicho, SOY un idiota.
-Gracias por ahorrarme las palabras.
Oleg se sentó, para luego deslizarse de forma pausada para bajar. Aterrizó de pie, sacudiéndose un poco para luego su vista volver a mirar a ambas. Anna todavía estaba sorprendida y preocupada por lo que había contado su mejor amigo.
-¿Y saben? -Se agachó a agarrar una piedra sumergida en la nieve -. Ahora estoy experimentando lo que se siente el rechazo de padres.
Arrojó con furia la piedra, lejos, como si hubiera querido que toda su rabia se fuera. Las dos muchachas se miraron, comprendiendo la situación de su amigo. Se acercaron con cuidado.
-¿Oleg? -Anna había decidido hablar.
-¡¿Y AHORA QUÉ?! -Estalló el chico, volteando hacia ellas -. Lo dí todo, ¡LO DÍ TODO DE MÍ! ¡¿QUÉ ERA LO QUE ELLOS QUERÍAN?! -Miró al cielo -. ¡¿QUÉ ERA LO QUE ÉL QUERÍA?! ¿Qué debía hacer para ganarmelo? ¿Qué debía hacer para ganarme su cariño?
Y al bajar la mirada, sin esperarlo, un dolor fuerte en la mejilla apareció. Darya no se había aguantado toda la desesperación del muchacho. Anna se quedó muda en su lugar, mirando a su mejor amiga con cierto miedo. La pelirroja apretó la mandíbula.
-¿Qué ocurrió con Maksim? Y no des rodeos al tema, ve directo al grano.
Oleg desvió la mirada, hacía cosas al azar para ganar tiempo. Acomodándose pelos desordenados, contar en su mente la cantidad de árboles a sus alrededores, escuchar el crujido de la nieve bajo sus pies. Pero aún así, la mirada intensa de la muchacha en él lo ponía nervioso. Desvió la mirada hacia la chica de cabellos avellanados, buscando una forma de pedir ayuda. Anna entendió perfectamente.
-Darya, ¿No crees que es mejor que vamos a mi casa? Alina quisiera verte. -Trató de manipular, agarrando del brazo a su amiga con cuidado.
-No hasta que este imbécil nos cuente qué pasó con Maksim. Porque desde que pudo hablar con él está así deprimido -Insistió. Terca.
Y en aquél instante supo que no había salida, estaba acorralado. Rendido, con un suspiro, decidió hablarlo.
-Creí que era mejor forma de que me dijera que no me ama, que rechaza lo que soy -Dijo. La pelirroja ladeó la cabeza, arqueando una ceja -. El abrió la boca...
El desconcierto de ambas chicas cayó como un bloque gigante de cemento.
-Y lo peor es que se lo comentó a Fyodor. Aquél día pospuesto para la charla casi me mató, me ahorcó con la bufanda que traía. Sobreviví gracias a un Ovcharka...
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Maksim, por su lado, compartía momentos ya con Irina. Esa mañana tomaban los dos juntos el desayuno. Entre charlas y risas lo dos, dando ciertas críticas a veces.
-Es horrible -Opinó -. Ya fueron dos veces que me arrebataron mi lugar habitual en clases, junto a Vasilisa Smirnov. La próxima voy a pelear, Mak, lo prometo.
El chico se rió, desacomodando los cabellos de su hermana menor.
-Bueno, si te regañan, estaré ahí... Para reírme -Dijo Maksim.
-Si fuese para eso, mejor ni vayas.
El silencio recayó otra vez sobre la conversación.
-Estoy fatigado de tantas quejas que hay en clases -Comentó -. Siempre falta uno, falta otro, se pelean. Dos compañeros salieron discretamente tomados de la mano y aún así los molieron a golpes.
-¿Qué? Pero si solo era un agarre de manos amistoso, ¿No, Mak? -Preguntó con la mirada.
Maksim negó con la cabeza. La niña volvió a mirar la mesa, pensativa.
-¿Por qué está mal? -Preguntó, volviendo a mirar a su hermano.
El muchacho ya se estaba levantando de la mesa para cuando sucedió la pregunta. Se rascó la nuca.
-Es complicado -Respondió.
Irina se levantó también y empezó a seguirlo. Múltiples cuestiones una atrás de la otra. Y como niña que es, todavía no comprendía mucho las situaciones de su alrededor. Pero el chico reconocía que varias cosas no debería revelarlas.
-¿Amar está mal?
-¡No! No está mal, solo es que...
-¿Entonces por qué? -Irina trataba de entender más a fondo -. ¿Por qué un hombre y una mujer si pueden? ¿Por qué mujer y mujer no? ¿Por qué hombre y hombre no?
Maksim ya se estaba desesperando, la niña no se callaba. Ya caminaban por la nieve los dos. El silencio de la mañana fría, un silencio ensordecedor. Solo arruinado por las preguntas, y el crujido de las pisadas de los hermanos.
Por un momento, la chiquilla mantuvo silencio, analizando a su hermano mayor.
-No creo que tengas suerte con mujeres, Maksim -Comentó de repente, haciendo que el jovencito volteé a verla.
-¿Tú crees? -Sonriendo levemente, viendo a su hermana asentir -. Te equivocas. Hace ya dos años que dí mi primer beso con una chica.