Hay veces que te vas y te despides de alguien muy cercano descutiendo, pero no te das cuenta que en unos minutos no la vas a volver a ver.
Era una mañana tranquila cuando Nicolás iba camino a Bolivia, a la casa de sus abuelos.
Viajaba con su mamá. Su papá no había podido ir por trabajo.
El viaje era largo. Pesado.
Iban en bus… y después de unas horas, casi todos ya estaban dormidos.
Pero Nicolás no.
Estaba inquieto.
No dejaba de pensar en llegar, en ver a sus abuelos, a sus tías Bety y María Luisa.
Miraba por la ventana, escuchaba música… pero no lograba relajarse.
Ya eran casi las doce de la noche cuando, finalmente, el cansancio lo venció.
Se puso los audífonos... Y se durmió.
Dos horas después,despertó
Su celular vibraba.
Era un mensaje, de su prima Valentina.
“Niko, ¿dónde estás? ¿Cuánto te falta? Algo le pasó a tu abuela Charo.”
Nicolás sintió un vacío en el pecho.
“Sigo en el bus… casi llegando a la frontera. ¿Qué pasó?”
La respuesta llegó rápido.
“No sé… está rara. No habla bien. Balbucea… parece que es por el cáncer.”
Nicolás trago saliva.
“Llegamos en tres horas.”
"Apúrense."
Desde ese momento, ya no pudo volver a dormir.
Solo pensaba.
Pensaba en lo peor.
En que tal vez su abuela ya no aguantaría.
En que pronto se reuniría con sus padres y hermanas en el cielo.
A las cinco de la mañana, despertó a su mamá.
—Mamá… ya casi llegamos. Algo le pasó a mi abuela.
—¿Qué?… no puede ser… otra vez…
Nicolás la miro.
—¿Cómo que otra vez?
—Nada… no quería preocuparte…
—Mamá, quiero estar para ella. Siempre.
Hizo una pausa y Nicolás dijo.
—¿Y la casa?
—¿Qué casa?
—La de Paccieri…
—No lo sé… tus tías verán eso…
Horas después finalmente llegaron.
Pero el viaje no terminó ahí.
Retrasos. Esperas. Horas perdidas en un aeropuerto.
Hasta que cerca de las 7 de la noche...llegaron.
Nicolás entro corriendo.
Vio a su abuela.
Estaba en cama.
Con oxígeno.
Sin poder hablar
Apenas respirando.
Todos estaban ahí.
Tías, primos.
Todos menos.. algunas de sus hermanas.
El se acercó.
Lento.
Con miedo.
—Mami Charito… —susurró— soy yo… Nicolás…
—Te quiero mucho…
Su abuela hizo un sonido.
Un gruñido leve.
Y luego, con lo poco que le quedaba… dijo:
—Me… voy… a poner bien… para… mi Nikito…
Nadie dijo nada.
Uno por uno, fueron saliendo del cuarto.
Dejándola sola.
Pero algo…
en esa casa…
ya había empezado.