Paciente 314

Capítulo 19: Lealtades rotas

—¿Vos creés que podés andar por ahí haciendo lo que se te da la gana, Tadeo? —la voz de Sebastián Lamorte era tranquila, casi susurrada, pero cada palabra venía cargada de pólvora.

El salón privado del club nocturno estaba lleno de humo. Dos hombres armados en la puerta. Tres más afuera. Nadie entraba ni salía sin permiso del Clan.

Tadeo no respondió de inmediato. Se apoyó en la pared de ladrillos sin terminar, con las manos dentro de la chaqueta. Estaba tenso, sí. Pero no asustado.

—No estoy haciendo nada que vaya en contra del Clan —dijo con voz baja.

Sebastián lo miró con los ojos entornados. Era más joven que su padre, pero su frialdad superaba generaciones. Se servía un trago con la calma de quien ya tiene la victoria en el bolsillo.

—Te vi. Vi cómo la mirás. Vi cómo borraste los informes. ¿Creíste que nadie se daría cuenta? —dio un trago—. Cora Castillo. La doctora del DF. La interna de Medellín. ¿Te pensás que nadie se acuerda?

Tadeo apretó los puños.

—Ella no tiene nada que ver con esto.

—Todo tiene que ver con todo, hermano. Esto no es un juego de niños enamorados —dijo Sebastián acercándose—. Me traicionaste. ¿Sabés lo que eso significa?

—Lo único que he hecho es proteger a alguien inocente.

—¡Y eso es traición! —gritó Sebastián, perdiendo el control por primera vez—. Vos sos mi perro. Mi sombra. ¡Tu vida me pertenece! ¿O ya te olvidaste de quién te salvó cuando tu papá se pudría en su sangre?

Tadeo no se movió. Sabía que si hablaba más, no saldría con vida de esa sala. Pero tampoco iba a retroceder.

—No te olvidés quién soy, Sebastián—susurró—. Vos también sabés lo que soy capaz de hacer.

Por un segundo, el silencio fue absoluto.

Luego, Sebastián sonrió. Una sonrisa torcida, venenosa.

—Perfecto. Entonces vas a demostrar tu lealtad. O vas a ver cómo todo lo que has construido se te cae encima... incluyendo a la doctora.

Esa noche, Paula estaba en su departamento, sentada frente a su laptop, viendo una noticia filtrada desde Honduras: una serie de incendios intencionales en propiedades del gobierno, presuntamente conectadas al Clan Lamorte. Las imágenes mostraban a varios hombres armados, pero uno de ellos... ella lo reconoció.

—Tadeo —susurró con los ojos fijos en la pantalla.

Sabía que estaba en problemas. Sabía que algo grande estaba a punto de explotar.

Pero no podía decirle nada a Cora.

No todavía.

Y no porque no confiara en ella... sino porque, por primera vez, tenía miedo de que fuera demasiado tarde para protegerla.




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