Paciente 314

Capítulo 28: Voces al otro lado

El pitido del teléfono se repitió cuatro veces antes de que su madre contestara.
Cameron iba sentado en el estacionamiento del hospital donde su padre estaba siendo operado. Apretaba el volante con una mano y el celular con la otra.

—¿Mamá?

—Ay, hijo... —la voz de su madre era temblorosa, gastada, al borde del llanto—. ¿Cómo está tu papá? ¿Ya dijeron algo?

—Sigue en cirugía. No he querido decirle nada a Cora aún, solo lo básico. Pero necesito hablar contigo. En serio.

Hubo un silencio corto. Luego, su madre suspiró con resignación.

—Cameron, ahora no es el momento...

¡Sí lo es! —alzó la voz, y luego se moderó al notar a dos enfermeras que lo miraban desde la entrada—. ¡Nos dispararon, mamá! A papá. Y no fue un asalto cualquiera. Esto fue dirigido. Fue un mensaje. ¿Quién nos está buscando?

Del otro lado, su madre no contestó de inmediato.

—Mamá... —insistió, más suave esta vez—. Dime la verdad. ¿Tiene algo que ver con Honduras?

Silencio.
Y luego, casi en un susurro:

Los Lamorte nunca olvidan...

El nombre cayó como plomo en el pecho de Cameron.

—¿Lamorte? ¿Estás diciendo que... es por ellos? ¿Que lo que pasó allá... que papá estuvo...?

—Tu padre trabajó para ellos, sí. Hace muchos años. Antes de que tú nacieras siquiera. Nos fuimos porque un trato salió mal y nos amenazaron. Creímos que ya no nos buscarían... pero parece que alguien los despertó.

Cameron se pasó la mano por el rostro. La cabeza le daba vueltas.

—¿Y Cora? ¿Ella lo sabe?

No —dijo su madre firme—. Y no debe saberlo, Cameron. No todavía.

—¡¿Cómo que no debe?! ¡Le están mandando cartas, mamá! ¡Le están dejando flores! ¡Y ahora atacaron a papá! ¿Hasta cuándo vas a seguir ocultando todo?

—Hasta que estemos seguros. Hasta que sepamos qué quieren exactamente. Si le dices algo ahora, solo la vas a llenar de miedo. Y ya hay demasiado miedo en esta familia.

La voz de su madre quebró al final. Cameron cerró los ojos.
Recordó a su padre enseñándole a mezclar cemento cuando tenía ocho años, a su madre cosiendo su primer uniforme de la escuela, a Cora corriendo por el patio con una muñeca de trapo...

—Está bien... —dijo al fin—. Pero si algo más pasa, se lo diré yo. No voy a dejar que se convierta en blanco sin saber por qué.

—Solo... cuídense, hijo. Cuida a tu hermana.

La llamada terminó.
Y Cameron se quedó en silencio, con el teléfono aún en la oreja, mientras en algún quirófano de Ciudad de México, su padre peleaba por su vida... y el pasado despertaba del exilio.




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