Paciente 314

Capítulo 34: Consejos que arden

—Tenés que dejar de confiar en Paula —dijo Sebastián con tono seco, casi como una orden. Estaba recostado contra el marco de la puerta del viejo almacén, con una cerveza a medio terminar en la mano.

Tadeo, sentado en la mesa del centro, no respondió de inmediato. La luz amarilla del bombillo colgante parecía acentuar la sombra permanente en su mirada.

—¿Por qué? —preguntó finalmente, sin levantar la vista—. ¿Qué sabés que yo no?

—No se trata de lo que sé. Se trata de lo que no sabemos. Es familiar, sí, pero se le nota en la cara que ya no está tan segura de estar con nosotros. La he visto, y no es solo lealtad lo que carga... es culpa.

Tadeo apretó la mandíbula. Jugaba con su anillo, girándolo entre los dedos como si tratara de calmarse. Y en ese gesto simple, como un disparo silencioso, algo en su mente hizo clic.

El recuerdo regresó.

El ataúd estaba cubierto por rosas rojas. Su madre lloraba abrazada a una tía. Tadeo, de apenas catorce años, no entendía del todo lo que significaba perder un padre, hasta que vio el rostro frío, sin alma, dentro de aquella caja.

El padre de Cora estaba allí. No como familiar, ni como aliado. Sino como un hombre que había vivido lo suficiente en la oscuridad como para querer advertir a otro niño sobre ella.

—Tadeo —le dijo mientras le ofrecía un café en un vaso de duroport—. Vos no me conocés, pero conocí a tu padre en otros tiempos. Te voy a decir algo que él no alcanzó a decirte: alejate de los Lamorte mientras estés a tiempo. No hay gloria en esa familia, solo muerte. Y vos tenés una cabeza diferente. Usala.

El joven Tadeo no supo qué responder. Apenas asintió, con los ojos vacíos. Pero la frase se le quedó grabada como un tatuaje invisible.

"Alejate de los Valle mientras estés a tiempo."

Volvió al presente cuando Sebastián le alzó la voz.

—¿Estás conmigo o no?

Tadeo lo miró a los ojos. El silencio que siguió fue casi violento.

—Estoy con lo que me conviene —respondió con frialdad.

Sebastián se acercó un paso más.

—Entonces más te vale que decidas pronto qué lado de la historia querés escribir, porque si Paula habla, todo se puede ir a la mierda... incluso vos.

Tadeo lo observó salir. Y por primera vez en mucho tiempo, sintió duda.

No por Paula.

No por los Lamorte.

Sino por esas palabras que venían del pasado, todavía resonando como una advertencia suspendida en el aire:
"No hay gloria en esa familia, solo muerte.




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