Paciente 314

Capítulo 35: Secretos bajo tierra

La noche cayó espesa sobre el campamento de la brigada. Afuera, el croar de los sapos y el zumbido constante de los insectos era apenas ruido de fondo para lo que Paula Prado estaba a punto de hacer.

Entró al cuarto donde Tadeo solía reunirse con los pocos contactos locales que todavía le quedaban. La puerta no hizo ruido al cerrarse. Él estaba solo, encendiendo un cigarro, recostado en la pared.

—¿Qué hacés acá? —preguntó sin mirarla.

—Quiero entender por qué estás acá realmente —dijo Paula, sin rodeos—. Y no me vengás con cuentos. Sé que vos y Sebastián no están en sintonía. Y también sé que estuviste espiando a Cora desde antes de que llegara.

Tadeo tragó humo y soltó el aire lentamente, como si necesitara ese espacio para no estallar.

—No tenés idea de lo que estás diciendo, Paula.

—¿Y entonces? ¿Me vas a negar que en Medellín la observaste? ¿Que pediste información sobre ella? ¿Que hiciste tratos para estar en esta zona justo cuando la brigada llegara?

Silencio.

Paula se acercó, su voz ahora era un susurro que dolía.

—Tadeo, ¿qué querés con ella?

—Nada... —dijo—. Pero desde que la vi, algo dentro de mí cambió. Y no es amor, no te confundás. Es... como si ella fuera la única parte que no ha sido corrompida por esta mierda.

—Ella no sabe nada —agregó Paula, suave—. No sabe nada de su padre. Ni de los Lamorte. Ni de vos.

—Lo sé —susurró él, por primera vez quebrado.

A kilómetros de ahí, en la sala de una casa en la Ciudad de México, Cameron Castillo hablaba con su padre.

El hombre estaba convaleciente, vendado aún, pero más lúcido de lo que Cameron esperaba. Habían pasado días desde el atentado, y la policía apenas había hecho preguntas. Demasiado silencio. Demasiadas miradas esquivas.

—¿Quién lo hizo, papá? —preguntó Cameron, directo.

—Vos sabés quién —respondió su padre con un suspiro—. Y sabés por qué.

—Los Lamorte...

—Sí. Esa familia nunca olvida. Yo trabajé con ellos. Mucho antes de que vos o tu hermana nacieran. Ayudé a construir caminos, a mover materiales, hice cosas de las que no me enorgullezco, hijo. Pero me salí. Y esa decisión tiene un precio.

—¿Y Tadeo?

El padre lo miró. Con pesar, pero también con una ternura inesperada.

—Ese muchacho... no es lo que parece. Su padre fue asesinado por los Lamorte. Yo estuve en ese funeral. Le hablé. Le dije que se alejara. No me escuchó. Pero tampoco es como Sebastián. Hay algo en él que todavía quiere salvar algo de sí mismo.

Cameron bajó la mirada. Su mandíbula tensa.

—Cora está en peligro, papá. Y ella no sabe nada.

El padre asintió.

—Si llega el día... si todo se viene abajo y tu hermana está entre la vida y la muerte, hijo, yo espero que me maten a mí primero. Porque yo traje esta sombra a la familia. Y no quiero que caiga sobre ella.

En Honduras, Paula miraba a Tadeo a los ojos, llena de furia y compasión.

—¿Y si ella se entera de todo? —preguntó.

—No debe —respondió él con firmeza—. Si Cora descubre lo que hay detrás, todo se rompe. Y con eso... también yo.




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