Paciente 314

Capítulo 39: Cuando la verdad se incendia

Tadeo lo sintió antes de confirmarlo. Esa sensación que siempre lo había acompañado desde niño, esa que le advertía que algo se había salido del guion. El silencio en el teléfono de Paula. La frialdad repentina en la voz de Sebastián. El vacío vibrando en el aire. Algo había cambiado. Y era grave.

El mensaje llegó como un disparo.

"Sebastián fue a verla."

Paula no dijo más. No hacía falta.

Tadeo cerró los ojos. Maldito Sebastián. Había cruzado la línea. Había hablado con Cora, con la única persona que él había intentado mantener al margen del caos, incluso cuando ya estaba sumergida en él.

Encendió un cigarro, pero lo apagó sin dar una calada. Ya no servía de nada calmarse.

La conocía. Sabía que Cora no se quedaría callada. Sabía que, si ahora lo sabía todo —o incluso solo parte—, esa información se volvería dinamita.

Y lo peor... es que tal vez tenía razón.

Golpearon la puerta del cuarto donde se hospedaba. Tres toques firmes. Tadeo tomó su pistola por instinto antes de abrir. Cuando lo hizo, se encontró con el rostro endurecido de Cameron Castillo.

—Tenemos que hablar —dijo Cameron, sin rodeos.

—Si venís a amenazarme otra vez...

—No —lo interrumpió Cameron—. Esta vez vengo a pedirte que hagás algo antes de que esto se vuelva irreversible.

Tadeo entrecerró los ojos.

—¿Qué hizo Sebastián?

—Habló con ella. Le dijo más de lo que debía. Y no fue sutil.

—¿Cora te llamó?

—No —respondió Cameron, entrando sin ser invitado—. Pero mi hermana no necesita hablar para que yo sepa que está al borde de romperse. Me llamó mi papá. Dijo que la escuchó distinta. Asustada pero decidida. Dice que si esto sigue así, alguien va a terminar muerto.

Tadeo se apoyó contra la pared. No dijo nada por un segundo. Luego, con un hilo de voz:

—Yo solo quería mantenerla a salvo.

—Pues te salió al revés —soltó Cameron—. Si vos querías protegerla, Tadeo, ya es tarde. Porque ahora ella sabe que Sebastián es parte de tu historia. Que vos sabías. Que todos sabían. Y no le dijeron nada.

—¿Y qué querés que haga? ¿Que me desaparezca? ¿Que lo mate? ¿Que me entregue?

Cameron lo miró directo a los ojos.

—Quiero que elijas. Porque Cora está al borde de explotar. Y si ella habla... no solo Sebastián va a caer. Vos también. Mi padre. Yo. Todos.

Silencio. Tadeo tragó saliva.

—¿Qué me estás diciendo?

—Que si tenés algo que confesar, si hiciste algo por ella —dijo Cameron con dureza—, este es el momento de decírselo. Porque si no, cuando explote todo... te juro que la vas a perder para siempre.

Tadeo asintió, casi sin notarlo. Porque sabía que Cameron tenía razón.

El fuego ya estaba encendido. Y ahora no se trataba de apagarlo... sino de decidir quién se quemaría primero.




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