Paciente 314

Capítulo 43: Lo que ya no se puede detener

El silencio del salón se quebró cuando Sebastián Lamorte se levantó de golpe, derribando la copa vacía que rodó por el mármol como si intentara escapar del eco de su rabia.

—¿¡Vos venís a darme órdenes ahora, Paula!? —gritó, con las venas marcadas en el cuello—. ¿Después de todo lo que hice por esta familia? ¿Después de todo lo que sacrificamos?

Paula no se movió. Ni un paso atrás. Su pulso era firme, aunque por dentro ardía.

—No estoy dando órdenes, Sebastián. Estoy poniendo límites.

—¡Los únicos límites que existen los pone esta familia! —escupió él, dando un paso hacia ella—. Y vos no sos quién para decidir a quién protegemos o destruimos.

—Yo estuve ahí cuando mataron al padre de Tadeo, ¿lo recordás? —dijo ella, con la voz cortada—. Y también estuve en ese maldito funeral. Vi cómo Don Daniel Castillo se acercó a vos y te dijo: "Salí de esto mientras podás. Los Lamorte te van a consumir." Y vos, como un idiota, no escuchaste.

Sebastián se detuvo. Su mandíbula apretada. Ese recuerdo dolía.

—Tadeo no es inocente. Él eligió quedarse —murmuró.

—Tal vez —admitió Paula—. Pero vos sabés que no fue él quien buscó esta guerra. Fue tu sed de poder. Fue tu odio por los Castillo.

El golpe fue casi inmediato. Sebastián estrelló su puño contra la mesa. El cristal se partió. El sonido retumbó como un disparo. Pero Paula no se inmutó.

—Si volvés a acercarte a Cora, a Cameron, o a su padre, no me va a temblar la voz para contarlo todo. A quien sea.

Sebastián la miró con una furia que ardía. Pero en el fondo de sus ojos... también había miedo.

Mientras tanto, en el hospital, Cameron entró a la habitación de Tadeo. El cuerpo del hombre estaba golpeado, cubierto de vendas, pero sus ojos seguían fijos, determinados.

—Cora recordó todo —dijo Cameron sin rodeos—. No sé qué hiciste, pero lo hizo.

Tadeo no respondió. Solo asintió.

—Y tenés que saber algo más. Paula habló con Sebastián. Lo enfrentó. Le dijo que basta.

El silencio duró unos segundos, hasta que Tadeo susurró:

—¿Y?

—Él se descontroló —dijo Cameron—. Esto no terminó. Pero ahora, nosotros tampoco estamos solos.

Tadeo cerró los ojos, como si necesitara reunir todas sus fuerzas para lo que venía.

—Ya no peleo solo por Cora. Ahora también por ustedes. Y si tengo que volver a caer, lo haré. Pero que los Lamorte se preparen... porque lo próximo que viene es sangre.

Esa misma noche, Cora no pudo dormir. Caminaba por los pasillos del hospital con el corazón encogido, recordando las palabras de Cameron, el rostro de Tadeo, las heridas en su cuerpo.

Y entonces lo sintió: un miedo nuevo. No por ella. Sino por él. Por su familia.

Había pasado toda su vida escapando de un pasado que ni siquiera conocía. Ahora que lo sabía todo... no pensaba correr más.




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