Paciente 314

Capítulo 51: Lo que aún no arde

El polvo aún flotaba en el aire cuando las camionetas del clan Valle se perdieron en el horizonte. Nadie bajó la guardia. Ni siquiera cuando ya no había motores ni amenazas visibles.

Tadeo se mantuvo cerca de Cora, atento a cada respiración que ella contenía, a cada tensión en su mandíbula. Cameron hablaba con Daniel en voz baja, intentando calmar a los hombres del pueblo, mientras los padres de Cora mantenían la compostura con dificultad, como si cada músculo de su cuerpo quisiera correr detrás de Sebastián y terminar lo que no empezó.

Pero Cora no se movió. No dijo nada. Solo miraba el punto donde Sebastián había estado de pie, como si con su sola presencia hubiese abierto una grieta que nadie podía cerrar.

Minutos después, cuando el bullicio se dispersó y la calma fingida regresó, Paula se le acercó en silencio.

—Tenemos que hablar.

La llevó lejos, entre los pasillos del pequeño centro médico improvisado, hasta una habitación vacía donde solo había una camilla, un ventilador que no funcionaba y un crucifijo torcido en la pared.

Cora se cruzó de brazos.
—¿Vas a explicarme por qué carajos tu primo sabe tanto sobre mí?

Paula tragó saliva.
—Porque yo también sabía.

La frase cayó como una piedra. Cora parpadeó, confusa, enfadada, dolida.

—¿Tú... sabías?

—Desde antes que todo explotara. Antes de Medellín. Antes de que los recuerdos volvieran. Yo sabía quién eras tú. Y sabía quién era Tadeo.

Cora se sentó en la camilla, como si el peso de lo que acababa de escuchar la empujara.

—¿Por qué no me lo dijiste? ¿Por qué todos me ocultan cosas?

Paula se sentó frente a ella, los ojos rojos.

—Porque te quería lejos de esto. Porque Tadeo... él no quería que lo recordarás así. Y porque los Lamorte... son una enfermedad. No sabíamos cuánto podíamos protegerte si sabías todo.

Silencio.

Cora sacó una carta de su bolsillo. Era una de las muchas que había recibido. La abrió lentamente.

—Las cartas... ¿también fueron de ustedes?

Paula negó con la cabeza.

—No. No todas. Algunas sí... algunas fueron de Tadeo. Otras... no sabemos. Pero desde que recordaste, el juego cambió.

Cora alzó la vista, y por primera vez Paula vio la furia en sus ojos.

—Ya no quiero que me protejan. Quiero saber todo. Quiero estar lista.

Paula asintió, con tristeza.

—Entonces prepárate. Porque lo de hoy fue solo una advertencia. Sebastián no vino a hablar. Vino a marcar territorio. Y tú... ya no estás fuera del tablero, Cora.

Un silencio espeso las envolvió. Afuera, Tadeo observaba la puerta cerrada. Cameron estaba con su padre, y los hombres del pueblo reforzaban los bordes como si esperaran que la guerra llegara con el amanecer.

Pero la guerra... ya estaba adentro.

Y Cora, por primera vez, no temía quemarse.




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