Paciente 314

Capítulo 71: Cuando una voz es suficiente

Las luces del estudio improvisado eran cálidas, pero la atmósfera era densa.
Cora se sentó frente a la cámara, con una bata blanca inmaculada y el cabello recogido con sencillez. A su lado, Paula le ofrecía un vaso de agua, y Tadeo, a cierta distancia, la observaba con el mismo respeto con el que uno observa a alguien que está a punto de decir la verdad más difícil.

Una mujer de Naciones Unidas ajustó el micrófono.

—¿Lista?

Cora respiró hondo.

—Lista.

La transmisión se abrió al mundo.

—Mi nombre es Cora Castillo. Soy médica. Nací en México, pero mis raíces están en Honduras, donde mis padres nacieron. Volví aquí como parte de una brigada médica. Nunca imaginé que también estaría en medio de una guerra silenciosa.
Una guerra que llevaba años robándole la voz a todo un pueblo.

Había cámaras en Londres, Madrid, Tegucigalpa, Buenos Aires.
La Corte Penal observaba en directo. La Fiscalía tomaba nota.

—Durante meses atendimos a personas heridas por algo más que balas. Las heridas del miedo, del abandono, de la impunidad.
Vi a madres enterrar a sus hijos. Vi a niños tratando de cargar el peso de sus familias. Vi al terror disfrazado de política, de negocios, de silencio.

Cora se detuvo un momento.
Las imágenes en pantalla mostraban partes de la brigada, fotografías de Sebastián Lamorte, testimonios de campesinos.

—Los Lamorte no solo fueron una organización criminal. Fueron una red que intoxicó las instituciones, los medios, las calles. Y durante mucho tiempo, se nos enseñó a mirar a otro lado.

—¿Y usted? —preguntó la periodista—. ¿Por qué no miró a otro lado?

Cora bajó la vista por un segundo. Luego, alzó la mirada con una firmeza que cortó la transmisión por unos segundos.

—Porque yo tuve una madre que me enseñó que cuidar es un acto de coraje. Un padre que, incluso herido, se negó a dejar de creer en el bien. Y un hermano que, pese a todo, eligió la vida.

Y entonces, sin mirar a nadie, pero sintiendo la mirada de Tadeo desde el fondo de la sala, añadió:

—Y porque conocí a alguien que arriesgó todo por protegerme, incluso cuando yo no recordaba quién era.
Porque hay personas que creen que la gentileza es debilidad.
Pero hoy quiero decirle al mundo que la gentileza también puede ser un arma.
Y que el amor por la vida puede derrotar al miedo.

La transmisión terminó con aplausos.
La cámara se apagó.

Pero el eco de sus palabras ya no se detenía.

Tadeo se acercó. No dijo nada. Solo tomó su mano, y la apretó.
Cora lo miró.
—¿Ya me puedo confesar? —susurró él.

Ella sonrió, pero se le humedecieron los ojos.
—Aún no. Esperemos a que esta guerra... se vuelva solo historia.




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