Pacto Corazón de Dragón

Capitulo 14: Dureza y Adaptabilidad

El aire de la mañana temprano es frío, pero el dojo irradia una calidez que no viene del sol. Mis pasos resuenan en el tatami, un eco solitario. Llego antes que nadie, justo cuando los primeros grises empiezan a matizar el cielo afuera. La flexibilidad de este entrenamiento voluntario es una bendición. Puedo moldear mi tiempo, priorizar lo que ahora siento como vital: la fuerza, no solo para mí, sino para los que dependen de mí.

Acomodo mi espada y el escudo, los siento. Los siento mas pesados que otros días aunque la espada sea de madera, solo madera y metal. Pero en mis manos se transforman. Siento la presión del vínculo con Keila, una leve punzada de ansiedad en mi pecho. Es constante ahora, como un segundo latido. Me recuerda para quiénes entreno.

Cierro los ojos, respiro hondo. El pasado es una sombra pesada, pero no me define. Liz, Riven, Sara, Javi. Sus rostros aparecen y se desvanecen. Lo que sucedió en ese tren me cambió. No puedo borrarlo, pero puedo aprender de ello. Convertir el dolor en algo mas.

Cada golpe que ensayaba, cada combinación de movimientos me acerca un poco más a ser lo que necesito ser. La determinación no se mide solo en fuerza, sino en la capacidad de adaptarse y aprender de cada encuentro. Pienso en Dorian, en su ojo solitario, en su severidad. Entiende esto. Entiende el peso de una promesa.

El sol se asoma por el horizonte, tiñendo el dojo de un naranja suave. Las puertas se abren de nuevo, trayendo consigo el murmullo de voces. Primero llegan unos pocos de primer año, luego figuras más robustas, estudiantes de segundo y tercer año, con musculatura más definida. Distingo camisetas de Centinelas. Se dispersan, cada uno tomando su equipo, el clac de madera resonando a mi alrededor. El dojo se llena. El aire se carga de energía contenida, de expectativa.

Miro mi espada, mi escudo. Es solo el comienzo.

El tatami bajo mis pies absorbe el impacto de mis movimientos. Caliento, estirando los músculos, ignorando a los otros. Mi mente solo se enfoca en la promesa, en Keila, en Liz. El dojo se llena. El aire ahora vibra con una energía juvenil, una mezcla de excitación y nerviosismo. Veo Centinelas, sus cuerpos ya esculpidos, intercambiando golpes ficticios, susurrando, riendo. Me siento un novato entre ellos, a pesar de mis cicatrices invisibles.

Un silencio se extiende de repente, cortando la algarabía. La presencia de Dorian Vane se siente antes de verlo. Entra por la puerta principal, su figura, aunque no masiva, proyecta una sombra imponente. Su único ojo gris barre la estancia, evaluando a cada estudiante, deteniéndose apenas un instante en mí. Una sonrisa casi imperceptible tira de la comisura de sus labios. La cantidad de participantes le agrada.

Se planta en el centro, el pie firmemente plantado. Su voz grave, sin esfuerzo, llena el espacio. "Atención, futuros guerreros."

Todos detienen su calentamiento. Los miro, todos expectantes.

"Hoy no usaremos el aura". Su declaración es un cubo de agua fría. Algunos murmullos se elevan, rápidamente acallados por su mirada. "Aquí, el campo de batalla no será un paseo por el parque. Deben prepararse para todo, y usar toda clase de armas. Si su arma se rompe, busquen otra en el entorno. Adáptense, o no sobrevivirán."

Sus palabras son un martillo. La ausencia de aura. Eso significa que seremos iguales, en teoría. Todos volvemos a las bases. Es un desafío, uno que aprecio. Mis manos se crispan, la emoción hierve en mi pecho. Este es el tipo de entrenamiento que busco. Nada de atajos. Nada de aura, solo habilidad pura.

"Formen parejas", ordena Dorian.

El dojo estalla en actividad. Amigos se agrupan. Centinelas buscan a otros Centinelas. Guerreros a Guerreros. La búsqueda es instintiva, por familiaridad, por confianza. Observo, un poco ajeno. No soy de su círculo. Mis ojos recorren los rostros, buscando un compañero.

La tensión en el aire es palpable, una mezcla de competitividad y camaradería. Todos quieren mostrar su valía, probarse. Yo también. Quiero sentir el filo de la batalla, la tensión del músculo, la velocidad de reacción. Quiero saber si todo el entrenamiento, las horas dedicadas a este arte, valen algo. Y lo hago. Siento a Keila, una inquietud lejana, como un eco de mi propia excitación. Ella lo siente. Siente mi necesidad.

El tatami cruje bajo mis pies descalzos. La bruma matinal del dojo da paso a una luz tenue cuando me concentro. Otros se emparejan, sus risas nerviosas llenan el aire. Dorian Vane, imponente en el centro, alza la voz otra vez.

"¡Escuchen!" Su voz resuena. "Los ganadores de cada combate eligen una nueva arma para su siguiente duelo. Cinco minutos de descanso entre peleas para adaptarse. ¡Rápido! ¡No me hagan perder la paciencia!"

Un murmullo de emoción me recorre. Cinco minutos. Una eternidad para un guerrero, un parpadeo para el miedo. Es un reto. Observo a mi alrededor, ¿quién será mi primer oponente?

Una silueta esbelta se acerca. Pelo castaño oscuro, largo, recogido en una coleta alta. Ojos avellana. Su katana de madera cuelga relajada a un lado. La conozco de vista, un rostro recurrente en los pasillos, pero nunca hemos hablado. Es de segundo año.

"Brandom, ¿verdad?" Su voz es clara, resuelta. No lleva mi tono cargado de duelo.

Asiento, mi mano se posa en el escudo a mi espalda. "El mismo".

Sonríe, una sonrisa leve. "Camila Ruiz. Segundo año, Aventurera. Rango D". Extiende la mano, no para un apretón, sino para señalar su arma. "Me preguntaba si eras tan bueno como los rumores dicen".

El comentario pica. Mi vínculo con Keila se retuerce, un escalofrío de ansiedad recorre mi nuca. No me gusta la atención. No me gusta que mis "méritos" sean producto de una tragedia.

"Los rumores son solo eso", respondo. "Solo quiero entrenar".

Su sonrisa se amplía, un destello de curiosidad genuina en sus ojos. "Pues veamos de qué estás hecho'".

Se planta en posición. Mi espada de madera en una mano, el escudo en la otra. No la subestimo. Un Aventurera de rango D, con esa agilidad, será un hueso duro de roer. No usamos aura, pero la técnica y la experiencia pesan.




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