Abro los ojos. El techo es blanco. No hay sombras danzantes ni lámparas de papel. El aire huele a antiséptico y limpio en exceso. Parpadeo, la luz fluorescente me ciega. Un suave pitido rítmico me llega desde algún lugar a mi derecha. Cierro los ojos, luego los abro de nuevo.
Estoy en una cama de hospital. Las sábanas blancas me cubren hasta el pecho. Mi cuerpo duele. Cada músculo, cada articulación, es una protesta silenciosa. La X en mi pecho ya no arde, solo palpita con un ritmo constante, conocido. Busco la sensación de la energía. Si está ahí, quiero creer porque no siento nada.
Muevo la cabeza con lentitud extrema. Una mesita de noche, con una botella de agua medio vacía. Un pequeño reloj digital que marca las 6:37 PM. ¿Cuánto tiempo he estado dormido? Levanto mi mano izquierda. No tiene ampollas. No hay rastro de la sangre.
Mis ojos viajan por la habitación y se detienen. En una silla de plástico, junto a mi cama, Mirel duerme. Su cabeza descansa torpemente sobre el respaldo, el cuello en una posición que debe ser dolorosa. Ojeras oscuras pintan su rostro bajo sus ojos. El rímel, corrido, deja leves rastros como riachuelos secos bajando por sus mejillas. El maquillaje, usualmente impecable, se ve manchado, emborronado. Lleva la misma ropa de gremio. Todo en ella grita: preocupación.
Una punzada melancólica me atraviesa el pecho. "Rayos. Hice que se preocupara de nuevo."
Pienso en Liz. En el apoyo incondicional de Mirel tras su muerte. Ella siempre ha estado ahí, esto no debe ser así, ambos lo sabemos. Incluso cuando la evito, cuando me sumerjo en mi propio dolor y las mil promesas. Intento alejar la idea. La culpa pesa. Demasiadas cargas, demasiadas promesas.
El pitido rítmico del monitor de al lado se acelera un poco. Intento incorporarme. Un crujido en la silla. Mirel se mueve, sus ojos se abren de golpe. Me mira, confusa, luego se centra en mí. Su rostro se ilumina, casi al instante, con una mezcla de alivio y una furia contenida.
Se levanta de golpe. La silla roza el suelo. En un instante, está sobre mí, sus brazos se ciñen a mi cuello. Me abraza fuerte, con desesperación. Puedo sentir el temblor en sus hombros, el calor de su cuerpo contra el mío.
"¿Por qué haces esto?" Su voz es un susurro ahogado, pegada a mi oído. Un quejido. "Sabes que me cuesta verte sufrir. ¡Me entero ahora de que estuviste en el hospital y nadie me dijo nada! Al menos explícame qué te pasó, como no somos familia no me dieron detalles..."
Su voz resuena en mi pecho más fuerte que mi propio pulso. Me siento frustrado, inútil. Quiero responder, tranquilizarla, pero ¿qué puedo decir que no suene a una excusa barata o una promesa vacía? Sus palabras se clavan. Es la culpa de nuevo, esa compañera constante.
La tomo de los hombros y la aparto con suavidad, nuestros ojos se encuentran. Los suyos están húmedos, pero brillan con una rabia contenida.
"Basta, no hablemos de eso", consigo decir, mi voz apenas un murmullo áspero. La miro, clavando mis ojos en los suyos. "Gracias por preocuparte. De verdad. Pero debo cumplir mis metas. Quiero ser doctor y no dejar morir a mis cercanos si puedo evitarlo."
Mi mano, por instinto, se alza. Deslizo mis dedos por su mejilla, rozando la piel cálida, húmeda por las lágrimas. Limpio un rastro de rímel corrido cerca de su ojo, como si fuera lo más natural del mundo.
"Y eso te incluye a ti y lo sabes." Mi voz baja, apenas audible.
Esas últimas palabras se quedan suspendidas en el aire entre nosotros. Una carga invisible. Su mirada, una mezcla indescifrable de dolor, alivio y algo más, algo que me revuelve el estómago, se aferra a la mía. Mis ojos buscan en los suyos respuestas que no quiero encontrar. El tiempo se estira. Un segundo. Dos. Mucho más de lo debido.
El calor de su mejilla bajo mi palma es notable. El mismo calor que ahora noto con más intensidad en la X de mi pecho. Es el eco de Keila. Un recordatorio agudo de la distancia que nos separa, del vinculo que me une a otra. Es una contradicción. Una traición en silencio.
Mirel se aparta de golpe, como si mi tacto la quemara. Su mirada rompe el contacto con la mía, dirigiéndose a un punto muerto en la pared. Mis dedos caen inútiles a mi lado. El aire entre nosotros se enfría de repente. Hay una tensión palpable, casi eléctrica.
Me remuevo en la cama, incómodo, y también aparto la mirada, fijándola en la ventana, en el azul oscuro del atardecer. La habitación se ha vuelto opresiva. Cada sonido del hospital parece amplificado. El pitido de la máquina vuelve a su ritmo normal, ajeno a nuestro drama.
La promesa a Liz, la promesa a Riven, la promesa a Keila.... Siento la presión de todas ellas, un nudo apretado en mi garganta. Intentar proteger a todos es protegerme a mí del vacío que dejan las pérdidas. Pero, ¿a qué precio?
El silencio de Mirel es elocuente. No hay palabras, solo el sonido irregular de su respiración. Me siento como un funambulista, en una cuerda floja, con los pies tambaleándose.
"Solo... descansa," su voz es apenas un hilo. Se aclara la garganta. "Voy a avisar a una enfermera. Te harán un chequeo."
La escucho moverse. El chirrido de la silla de plástico al arrastrarla. Pasos ligeros que se alejan hacia la puerta. La puerta se abre y se cierra con un click suave, final. Me quedo solo, rodeado por el silencio frío y el eco de su preocupación, de mis propias palabras. De la X que pulsa en mi pecho. Es un recordatorio de que no estoy solo en esto, nunca lo estoy. La conexión, sigue martillando su ritmo, inmutable, en mi interior.
La puerta se abre antes de que pueda procesar completamente lo que acaba de pasar. Mirel regresa, pero no trae a ninguna enfermera. Se detiene junto a la cama, sus manos temblando ligeramente. Me mira con una expresión que no logro descifrar.
"Al menos déjame quedarme así un momento..." su voz se quiebra.
Sin esperar respuesta, se inclina y me abraza de nuevo. Esta vez es diferente. No hay desesperación ni furia contenida. Solo una necesidad cruda, vulnerable. Sus brazos rodean mi cuello con cuidado, como si temiera romperme. Su cabeza se apoya en mi hombro, y siento la humedad de sus lágrimas a través de la bata del hospital.