Pacto Corazón de Dragón

Capítulo 42: Máscaras en el Comedor

El aire crepita. La X en mi pecho palpita más fuerte que antes, un presagio. Acelero el paso, Leo a mi lado, un muro de hombros y músculos. Keila nos ve, sus ojos ámbar se abren ligeramente, una mezcla de sorpresa y algo parecido al alivio. Los otros no nos registran hasta el último segundo.

"Keila", mi voz, sale fuerte, resuelta, cortando el chismorreo como un cuchillo. La miro directamente, la ignorancia visible de los demás, el único objetivo es ella. "¿Te importa que nos vayamos un momento? Me gustaría hablar contigo."

Los chicos que la rodean se congelan. Sus sonrisas, antes condescendientes, se tensan. Uno, con el pelo engominado y una camisa dos tallas demasiado pequeña, alza una ceja, la molestia dibujada en su rostro. Otro, de barba incipiente, intercambia una mirada rápida con sus compañeros, un asentimiento tácito de desagrado. La conversación se corta abruptamente, los vasos a medio llevar a la boca.

Keila se levanta, su movimiento es agil, como el de un felino. Antes de que tenga tiempo de procesarlo, está a mi lado. Susurra contra mi brazo, un roce apenas perceptible. "Gracias, Brandom." Su voz es baja, un hilo casi inaudible, pero la vibración de sus palabras resuena en la X. Los ojos de los chicos la siguen, pero nadie se atreve a decir nada. Me siento como un guardia de honor, su presencia a mi lado.

Nos alejamos, Leo nos abre paso con una amplia sonrisa, ignorando las miradas furiosas. El ruido del Comedor recupera su volumen, como si la burbuja de tensión que habíamos creado explotara. Caminamos por el pasillo, en dirección a una mesa vacía, lejos del bullicio central, al extremo más tranquilo. La tensión en mi pecho disminuye, la calma. Se siente extraño, como si una parte de mí se relajara al tenerla cerca.

Keila se sienta conmigo. Frente a nosotros, Leo palmea la mesa con entusiasmo. A su lado, Camila y Valentina llegan, cargadas con bandejas para todos, sus ojos expectantes. Camila ya está abriendo la boca, preparada para soltar una ráfaga de preguntas.

"Hola a todos", Keila saluda con una voz ahora firme, sus ojos ámbar observando a cada uno. Hay curiosidad en ellos, una pizca de timidez que no le había visto. "Soy Keila".

Camila y Valentina se miran, una pregunta silenciosa en sus ojos. Leo interviene, su entusiasmo llenando el vacío. "¡Keila! ¿Verdad? Te pareces a Riven"

Vuelve a la historia, el muy descarado. Asiento, mi garganta se siente seca.

"Encantada", Camila extiende su mano con una sonrisa, la confusión ya empieza a asomar en los ojos de Valentina. "Soy Camila Ruiz".

"Valentina Rodríguez", la otra chica asiente tímidamente, su voz suave. Sus ojos, sin embargo, no son tan suaves. Escanean a Keila, luego a mí, luego regresan a Keila, una intriga palpable.

El silencio se alarga, cargado con las preguntas. Sé lo que piensan. La X en mi pecho se revuelve un poco. ¿Quién es esta chica? ¿De dónde la conocemos? Y, lo más importante, ¿Cómo puede Brandom, estar tan involucrado con alguien tan... llamativa? La situación necesita control, necesito una explicación antes de que las preguntas se descontrolen. Si lo hago yo, tendré mas control de la situación.

El silencio a nuestro alrededor es una manta pesada, solo rota por el lejano murmullo del comedor. La comida en las bandejas se enfría. Leo, Camila y Valentina nos observan. Sus miradas saltan de mí a Keila, buscando una conexión, una historia que explique el aire denso que nos envuelve. Siento mis hombros tensos. El roce de mi camiseta contra la cicatriz es un recordatorio constante de que mi historia ya no es solo mía. Keila tiene la vista fija en un vaso de agua, sus dedos trazan círculos sobre el borde del vaso. Es una calma ensayada, una quietud que no engaña al latido agitado que siento en mi propio pecho.

Levanto la vista y nuestros ojos se encuentran. Es una colisión silenciosa. En ese instante, sabemos que la mentira de los goblins no es suficiente, no para personas que viven y respiran este mundo. Hay una pregunta en sus ojos ámbar, una negociación muda. ¿Cuánto? ¿Qué versión? Decido tomar la iniciativa. Una versión sencilla, profesional.

"Nos conocemos del gremio..." empiezo a decir, las palabras formándose en mi boca.

"Era el mejor amigo de su hermano mayor", suelta Keila al mismo tiempo. Su voz es clara, sin titubear, una declaración que corta el aire.

Las dos frases quedan suspendidas entre nosotros, una verdad superpuesta, ambas verdad y a la vez complementaria. Mis músculos se tensan. Hecho. Ya está dicho.

Leo, que había estado a punto de morder su hamburguesa, se detiene a medio camino. Sus ojos se abren de par en par, la pieza que faltaba encajando con un chasquido audible en el silencio. Su sonrisa desaparece, reemplazada por una sombra de solemnidad.

"¿De Riven?", pregunta, su voz por primera vez despojada de su habitual tono animado. Me mira, y en sus ojos veo la comprensión, el recuerdo del día que llegó a la habitación. "Bran... lo siento mucho".

El nombre de Riven cae sobre la mesa como una losa. Camila baja la mirada a su bandeja, su apetito extinguido. Valentina frunce el ceño, su confusión se profundiza al no entender el peso de ese nombre. Siento el golpe familiar en el estómago, el vacío helado que nunca se va del todo. La X en mi pecho se contrae, un espasmo doloroso que me roba el aliento, un eco del duelo de Keila y mí.

Keila rompe el silencio. Una sonrisa agridulce, frágil, se dibuja en sus labios, pero sus ojos permanecen distantes, como si miraran a través de nosotros. "No se preocupen. Lo estoy sobrellevando bien."

Nadie le cree. A pesar de su cambio, de su nueva presencia, veo a la niña asustada del tren asomándose bajo esa máscara de fortaleza.

Keila se reajusta en su asiento, retomando el control de la conversación con una habilidad que me sorprende. Clava su mirada en mí, sus ojos ámbar brillando con una curiosidad genuina. "Pero, Brandom, ¿vas a regresar a hacer misiones? ¿O te quedarás solo con el entrenamiento?"




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