A veces hay que volver a caminar
por los senderos que ya conocíamos,
no por falta de memoria, sino para avivar lo que llevamos dentro.
No busco acumular saberes secos,
ni llenar la cabeza de teorías;
quiero que la gracia se nos pegue al pecho, que la Palabra mueva nuestras vidas.
Sé que hay dudas, silencios y caminos
donde la fe a veces vacila y desconcierta,
pero venimos de un Dios que hizo los mundos y tiene el universo en Sus manos abiertas.
Yo misma voy aprendiendo en el trayecto, descubriendo milagros y misterios, porque este libro no es un templo muerto: es un caudal de vida y fuego eterno.
¿Estás listo para empezar el viaje?