"Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro" - Hebreos 4:16.
Y con esta gran palabra arrancamos.
Sin Dios no somos nada; del polvo somos y al polvo volveremos. Pero cuando lo aceptamos verdaderamente en nuestras vidas, nuestra identidad se transforma por completo.
Dejamos de ser simplemente personas a la deriva y nos convertimos en hijos de Dios, parte de Su familia y su creación amada.
La Biblia nos habla mucho sobre esta nueva identidad.
Aunque es un resumen pequeño en comparación con todo lo que las Escrituras revelan, aquí te comparto quiénes somos realmente en Cristo:
I. Nuestra nueva identidad en el Creador
1. Soy nueva creación: 2 Corintios 5:17 nos recuerda que las cosas viejas pasaron y todas son hechas nuevas.
2. Soy un hijo de Dios: Juan 1:12, Romanos 8:14-15, Gálatas 3:26 y 4:6 reafirman nuestra posición como parte de Su familia.
3. Soy amigo de Cristo: Juan 15:15 nos llama a una cercanía inmensa con nuestro Maestro.
4. Soy templo y morada del Espíritu Santo: 1 Corintios 3:16 y 6:19 muestran que Su presencia vive en nosotros.
II. Nuestra postura en medio del mundo
5. Soy peregrino en este mundo: 1 Pedro 2:11 nos recuerda que vivimos aquí temporalmente, de paso hacia nuestro verdadero hogar.
6. He sido rescatado: Colosenses 1:13 nos dice que fuimos sacados del dominio de la oscuridad para ser trasladados al reino de Cristo.
7. Soy llamado a estar alerta: 1 Pedro 5:8 nos enseña a mantenernos firmes frente a la oposición.
8. Soy hijo de la luz: 1 Tesalonicenses 5:5 nos anima a vivir reflejando esa luz y no la oscuridad.
El Sello: Una vida con propósito
Si nosotros veláramos en todo momento y pusiéramos a Dios en primer lugar, cada decisión -grande o pequeña- la pensaríamos mejor, preguntándonos qué haría Cristo en nuestro lugar.
Espero que este capítulo sea de gran bendición.
Puedes acumular todos los tesoros de este mundo, pero sin Dios tu corazón estará vacío.
Sigue orando, sigue creyendo y que nada ni nadie apague la luz que Dios ha encendido en ti.