Palabras Dichas al Pasar

Episodio 1: Viejas huellas del Qinhuai

Una poesia antigua elogiaba el Qinhuai: decia que en el palacio Efang se llamaba bellas a las mujeres, pero que pocos sabian que el Qinhuai habia sido el esplendor de las Seis Dinastias; que el viento movia los sauces verdes mientras las barcas pintadas cruzaban el agua; que bajo la luna las mujeres de polvo rojo pasaban por los puentes como si caminaran sobre arco iris; que noche tras noche se oian tambores sobre las olas, y ano tras ano las terrazas respondian con flautas.

El poema hablaba del Qinhuai. Y el Qinhuai era un rio interior de Jinling.

Jinling pertenecio a Wu en tiempos de Primavera y Otono; luego a Yue, despues a Chu. Se decia que el rey Wei de Chu habia enterrado oro alli para sujetar la energia del lugar, y por eso se lo llamo Jinling, "Tumba de Oro". Ying Zheng cambio el nombre a Moling; Sun Quan lo llamo Jianye; los Jin occidentales lo llamaron Jiankang; los Jin orientales, Danyang; los Sui, Jiangzhou; los Tang, Shengzhou; los Song mantuvieron la prefectura de Jiankang; bajo los Yuan fue la ruta de Jiqing. Cuando el Taizu de los Ming hizo alli su capital, la llamo Yingtian. En nuestro tiempo es la prefectura de Jiangning.

En epoca del Primer Emperador de Qin, el gran historiografo le aviso que Jinling tenia aliento de Hijo del Cielo. El emperador, que acababa de convencerse de que el imperio era cosa privada de la casa Ying y que debia pasar a sus descendientes por diez mil generaciones, se alarmo. Temio que, aun despues de miles de anos, naciera alli un sabio capaz de quitarle el mundo a su linaje. Asi que emprendio una gira hacia el sur para cortar la vena del dragon y vaciar aquella energia real.

Mandaron excavar de este a oeste un cauce que partio la ciudad en dos; hicieron entrar en el la corriente del Huai. Como lo habia abierto el Primer Emperador, lo llamaron Qinhuai.

El vulgo tiene dos versos muy justos:

No hay hombre que viva cien anos;
en vano se hacen planes para mil.

Eso fue exactamente lo que le ocurrio. Quiso apagar la energia de los siglos futuros, y acabo agotando la de su propia casa: una transmision y se extinguio. Ver lejos y no ver cerca: asi ha sido desde antiguo.

Al este del Qinhuai habia veintitres bocas de agua, que solo comunicaban con la fuente del rio y por donde la gente no podia entrar ni salir; al oeste habia dieciocho bocas, con compuertas por donde circulaban las barcas. Por eso se decia: "Por los treinta y tres cielos nadie pasa; por los dieciocho infiernos siempre hay camino." Al principio no era mas que un rio. Pero cuando Wu, Song, Jin, Qi, Liang y Chen establecieron alli sus capitales, el sitio empezo a enriquecerse.

Despues de que Hongwu, de los Ming, fundo su capital, rehizo las murallas exteriores hasta una extension de ciento veinte li, con dieciocho puertas; la ciudad interior media sesenta li y tenia trece puertas. Al este, el dragon se enroscaba; al oeste, el tigre se agazapaba. Al norte se levantaron la ciudad imperial y los palacios. El rio fue abierto desde el sur hasta el pie de la montana Jiming.

A la izquierda de Jiming estaba la antigua Zhongshan, llamada tambien Fuzhou por su forma de barca invertida. Alli habia muerto Jiang Ziwen persiguiendo bandidos, y Sun Quan le levanto un templo. Cerca quedaban restos de Taicheng y de los palacios Jianzhang y Hanzhang. Detras estaba el lago Xuanwu; en la cima, a la derecha, el templo Jiming fundado por el emperador Wu de Liang y supervisado por el maestro Baozhi.

Abajo se alzaban la Academia Imperial y los templos de soberanos, meritorios, Jiang, Gao, el Dios de la Ciudad y Guan Di, todos resplandecientes de oro y verde. En las orillas estaban el Pangong, la sala Mingde, el templo literario, el recinto de examenes, el santuario de Huang, Taoye Ferry, Yaodi Steps y el Muro de los Diez Paisajes. Los puentes Qingxi, Huaiqing, Wende, Wuding, Lishe, Dazhong, Shangfu, Xiafu, Zhenzhu, Lianhua, Doumen, Sixiang y Da cruzaban como arcos iris.

Asi se adornaba el Qinhuai: mas de diez li de torres y terrazas a ambos lados, arboles sin numero, barcas pintadas que iban y venian. Desde la manana hasta la noche se enredaban cantos y flautas; la noche continuaba al dia. En todo el mundo se lo tenia por lugar famoso, tierra de abundancia y refinamiento.

Todo el que pasaba por alli, letrado, comerciante, criado o viajero, compraba una barca para mirar el paisaje. Los ricos de la ciudad, por supuesto, no necesitaban excusa. Pero aun los pobres, carniceros o vendedores ambulantes, empenaban ropa y cosas de casa para darse aquel paseo. Si alguno no iba, todos lo llamaban vulgar. Por eso los visitantes hormigueaban.

En las casas junto al agua vivian muchas cortesanas. Unas apenas se dejaban ver tras cortinas de perlas; otras vagaban entre flores y sauces. Unas tocaban flautas de bambu, otras cantaban letras nuevas. Unas se apoyaban en barandas talladas para ofrecer encanto; otras desplegaban artes capaces de robar el alma. Una mirada oblicua de otono, una sonrisa sola, bastaban para que aquellos viajeros y ociosos perdieran el juicio en el campo del deseo, ebrios hasta los huesos, delirantes de dia y de noche, sin pausa en ninguna estacion.

Tal era la famosa historia del Qinhuai.




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