Despues murio el Taizu de los Ming y subio al trono su nieto. El principe de Yan, Zhu Di, seducido por el monje calvo Yao Guangxiao, levanto tropas desde Beiping, arrebato el imperio a Jianwen y cambio el ano de reinado a Yongle. Odiaba a los leales de la campana de Jingnan por no someterse a el. Mando matar a hombres fieles; de los varones, viejos y ninos, muchos fueron ejecutados; de las mujeres de sus casas, grandes y pequenas, muchas fueron entregadas a los registros oficiales de musica y placer.
En la ciudad y fuera de ella hizo construir dieciseis torres: Chongyi, Shicheng, Heming, Zuixian, Lemin, Jixian, Qingyan, Danfen, Meiyan, Liucui, Gufu, Ouge, Nanshi, Beishi, Qingliang y Laibin. Alli las repartio y puso al Jiaofang Si a cargo de ellas, bajo la musica ritual de la Corte de Taichang.
El Jiaofang Si tenia gorros de gasa, cinturones, tunicas redondas con insignia; tenia oficinas, asientos oficiales, pinceles rojos, escribientes, sirvientes, varas de castigo y tubos de lotes. Parecia una verdadera autoridad. Solo que, cuando se encontraba con los clientes, no se atrevia a cruzar las manos con dignidad.
Ano tras ano se recogian las ganancias y se entregaban al Tesoro Jinhua del palacio, para gastos de polvos y afeites de las consortes. A aquello le dieron un nombre hermoso: plata de flores doradas. Lo que salia de la verguenza de abajo servia para adornar rostros de arriba. No se puede decir mas sin reirse con amargura.
Esas dieciseis torres fueron, pues, obra del emperador Yongle para sacar provecho. No eran como otros burdeles o casas de canto. Tenian vigas talladas y columnas pintadas, edificios de jade y pabellones de brillo. Los aleros volaban con figuras de animales; las ventanas estaban labradas como flores de castano de agua. Al caer la noche, los faroles de gasa y las velas preciosas resplandecian hasta volver el sitio claro como el dia. Copas, cantos suaves, danzas delicadas, musica de cuerdas y flautas: todo alegraba los ojos al amanecer y ensordecia los oidos al anochecer.
Y en cuanto a las mujeres hermosas que contenian, nadie podia contarlas. Era el primer esplendor antiguo y moderno, y tambien la primera politica extrana que jamas se habia inventado. Extrana, si; cruel, tambien.
Hubo un poema que lamentaba aquellas torres:
Prosperan norte y sur: dieciseis torres.
Las cuerdas mueven un rio de tristeza.
Si hay ley para exhortar y castigar,
por que hacer caer la culpa sobre mujeres?
Flores en callejones unen Qin y albas;
en los escenarios canta el otono de Han.
Al principio fue para abrir comercio;
quien sabia que habria prisioneras del placer?
Leido ese poema, se entiende el paisaje de aquel tiempo. En una sola frase cabian elogio y escupitajo.
Hacia la epoca de Jiajing, aquella costumbre empezo a decaer. Pero de ella nacio otra especie, aun mas risible: las cortesanas ciegas.
Pensemoslo. Una mujer con los cinco sentidos completos puede, sin embargo, ser fea y desagradable. Si le faltan los ojos, que queda para mirar? En las mujeres de canto, el encanto suele depender de insinuar sentimiento con los ojos, de transmitir deseo por el rabillo. Si los parpados estan cerrados, donde esta la gracia?
Se cuenta que antiguamente hubo quien amo a una mujer tuerta con pasion rara, hasta casarse con ella. Todos se rieron. El respondio: "Desde que la tengo, todas las mujeres del mundo me parecen tener un ojo de mas." Eso no era sino una locura de un solo hombre, no muy distinta de otros gustos torcidos. Pero una mujer ciega de ambos ojos, podia todavia volverse objeto de deseo?
La razon existia, y venia de las costumbres de aquel lugar.
Cuando las dieciseis torres ya no brillaban como antes, surgio otro sitio de fama: el Antiguo Patio, llamado tambien Patio de la Cancion. Su puerta delantera miraba al puente Wuding; la trasera daba a la calle Chaoku. Las casas de cortesanas se apretaban una junto a otra como escamas. Las habitaciones eran limpias y finas; flores y arboles se distribuian con gusto; barandas pintadas, ventanas de seda, cortinas bordadas: parecia morada de inmortales y no sitio de polvo.
En los patios habia bonsais de flores extranas; dentro, vasos antiguos, calderos viejos, pinturas y caligrafias de Tang, Jin, Song y Yuan; las vajillas presumian de Guan, Ge, Ru y Ding. Para quemar incienso usaban piezas preciosas; para hacer te, panes de dragon y lenguas de gorrion. Peces dorados brillaban en las piletas; aves verdes repetian voces desde sus jaulas. Incluso una piedra de Taihu debia ser porosa, flaca y digna de contemplarse; incluso unas flores en rama debian parecer recien lavadas.
Cuando llegaba un cliente, el aro de bronce de la puerta se abria apenas, y la persiana de perlas bajaba. Al subir los escalones ladraban perritos y un loro pedia te. En la sala, la madama recibia con severidad cortés. En el aposento, las criadas, hermosamente vestidas, acompanaban a la joven. Si la visita se prolongaba, llegaban platos de tierra y agua, y la musica empezaba a competir. Si habia entendimiento, ojos y corazones se llamaban. Al entrar la noche, flautas y cítaras, companias teatrales y canciones llenaban el aire hasta el alba.
En los dias de verano tambien habia su encanto: vino desde temprano, banos perfumados, brisa tibia, olor a vestidos. Al mediodia, jovenes con aceite en el cabello y brazos desnudos pasaban vendiendo flores: hierbas para el sudor, crisantemos de nino, jazmines. Las criadas levantaban las cortinas, arrojaban monedas, reian y bromeaban. Al poco rato, nubes negras de pelo se amontonaban sobre nieve de piel, y todo el cuerpo quedaba fragante.
Pero en tal sitio, comprar una sonrisa con mil monedas de oro y dar plata como regalo de cabeza no era cosa para pobres. Alli iban naturalmente hijos de familias nobles, muchachos de casas ricas, senores que habian comprado favores oficiales o viejos adinerados que habian pagado grados. Y esos hombres no solo tiraban dinero: querian fingirse entendidos. Tenian que frecuentar cortesanas famosas y dormir con bellezas reconocidas para que otros dijeran: "Tal mujer celebre es la elegida de ese joven; tal beldad conoce el corazon de ese rico."