Palabras Dichas al Pasar

Episodio 4: El nombre de las muchachas ciegas

Pero esos hombres ya estaban acostumbrados al desorden. Eran caballos sin rienda y burros soltados al camino: como podia sujetarse su cuerpo?

Sin remedio, pensaron en una opcion menor. Tras mil calculos, dieron con una especie de mujer dentro del mundo de las cortesanas: las ciegas. Acudir a ellas tenia, segun ellos, varias delicias.

Primera: al tener los ojos cerrados, no podian distinguir si el visitante era hermoso o feo, y por tanto no habia de donde sacar elogio o desprecio. Segunda: entre las mujeres ciegas, casi ninguna sabia letras; aunque el hombre tuviera el vientre lleno de hedor y la boca llena de disparates, ellas solo podian decir que estaba bien. Tercera: de dia una visita tenia precio fijo y bajo; de noche, la tarifa de toda la velada tambien era menor, de modo que el regalo de cabeza ahorraba gastos. Cuarta: antes, esas mujeres solo recibian carniceros, vendedores, criados, portadores, gente que tocaba pipa, cantaba letras rusticas, bebia aguardiente barato y dormia en esteras rotas. Si de pronto llegaba un gran senor con silla, banquete y colcha bordada, era como si el cielo hubiera bajado. Aunque el senor se mostrara soberbio, ellas se apresuraban a complacerlo. Que placer para el orgullo de esos hombres!

Por esas cuatro ventajas, los mismos que antes eran despreciados por las cortesanas famosas se trasladaron hacia las ciegas.

Y esas mujeres, antes de encontrar tal fortuna, habian sido abandonadas por todos. Durante meses y anos su puerta apenas se abria. A veces llegaba algun mendigo con llagas, algun monje calvo de paso, alguien que queria adornar un momento su miseria; ellas aceptaban todo por unas monedas para llevarse comida a la boca. Ahora, en cambio, recibian clientes de caballos gordos y pieles ligeras. Era como subir al cielo. No tenian tiempo de hacer otra cosa que servir. Aunque recibieran insultos o humillaciones, todavia lo tomaban por gloria. Como se atreverian a contrariarlos?

Asi, aquellos viejos ricos las querian mas y mas. Las tenian como tesoros en la palma de la mano, como carne del propio corazon.

Tambien habia otra clase de gente risible. Antes no se habrian dignado mirar a una ciega. Pero al ver que los grandes senores las estimaban tanto y las trataban como rarezas preciosas, no entendian el sufrimiento de ellas: solo babeaban de envidia.

Decian: "Si los ricos de hoy tienen a las cortesanas ciegas por vida, quien soy yo para no probarlas una vez?" Las miraban como tesoros. Compartir una mesa con ellas les parecia asistir al banquete de Yaochi; oirles una cancion, escuchar musica celestial; recibir de ellas un objeto, encontrar una prenda de hada; dormir a su lado, entrar en el sueno de Gaotang.

Las elevaron tanto que no parecian menos que la diosa de Wushan o la inmortal de Luopu. Todos corrian hacia ellas, temiendo quedarse atras. Las llamaban respetuosamente "senoritas"; algunos incluso se arrodillaban, las adoraban y les decian "madre querida". Asi el nombre de las muchachas ciegas se hizo pesado en la epoca, mientras las puertas de las famosas quedaron tan vacias que en ellas se podian tender redes para gorriones.

Era, sin duda, que los ojos de los vulgares no tenian perlas. Pero tambien era costumbre de aquella tierra baja.

Con todo, no conviene juzgar por una sola vara. Entre aquellas mujeres hubo alguna, una entre diez mil, que poseia talento y hermosura, y cuya gratitud y afecto llegaron a ser completos.

Por que se ha contado todo esto? Porque en aquel tiempo hubo un caso publico de matrimonio por dos vidas de una cortesana ciega. Sera narrado mas adelante. Por eso se ha traido primero el origen de las ciegas: para que, cuando aparezcan en el relato, no parezcan caer del cielo ni dejar al lector en extraneza.

Lean el siguiente episodio y se sabra el principio del asunto.




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