Se cuenta que, en una dinastia anterior, ocurrio un hecho singular. Yo no lo vi con mis propios ojos; lo oi contar. Si lo refiero, tal vez ustedes no lo crean. Pero yo lo digo como cosa oida al pasar, y ustedes pueden escucharlo del mismo modo, para espantar el sueno de un dia largo.
El suceso tuvo lugar en tiempos de Wanli, en la prefectura de Yingtian, en Nanjing. Habia alli un hombre ocioso, de apellido Dao y nombre Ting, cuyo nombre de cortesia era Tushuo. Vivía dentro de la puerta Hanxi. No tenia padres arriba ni hermanos en medio; estaba solo en el mundo. No se ocupaba de hacienda ni oficio alguno. Todo el dia vagaba por calles y mercados, dedicado a oir novedades y repetir cuentos.
Tenia una rareza: los antiguos podian recordar lo que veian una vez; el podia no olvidar lo que oia una vez. Si escuchaba a alguien narrar una historia larga, miles y miles de palabras, era capaz de repetirla sin perder una sola. Conocia a mucha gente y su fama de contar historias de fantasmas corria por toda la ciudad. Por eso le pusieron un apodo: Maokong, "Vacío de Pelo".
Un dia caminaba sin rumbo por la calle cuando se encontro con cuatro o cinco hombres que venian charlando. Dos o tres lo conocian y lo agarraron:
-Cuentanos una historia.
Dao Ting fingio prisa y quiso zafarse.
-Hoy tengo un asunto urgente. No tengo tiempo. Otro dia se la cuento.
Ellos no lo soltaron.
-Dinos que asunto es y entonces te dejamos ir.
Dao Ting dijo:
-Hace un momento unos amigos dijeron que en el lago Mochou han aparecido muchisimos peces. Todos fueron a pedir redes para pescarlos. Yo vuelvo a casa por una cesta, para traer algunos y comerlos con vino.
Dicho esto, se escapo corriendo.
Los otros lo creyeron. Se dijeron:
-Por que no vamos todos a mirar? Si encontramos conocidos alli, al menos podremos pedir unos peces para comer.
Salieron animados por la puerta Shuixi y llegaron al lago Mochou. Pero solo vieron agua y niebla, juncos y plantas acuaticas por todas partes, sin media sombra humana. Entonces supieron que los habia engañado. Volvieron a casa sin un solo pez, sudados de pies a cabeza.
Otro dia, al encontrarse con el, le reclamaron:
-Cuando hubo peces en el lago Mochou? Nos hiciste caminar en vano.
Dao Ting respondio:
-Ustedes fueron quienes me sujetaron y me pidieron una historia. Eso que conte era justamente una historia. Quien les mando tomarla por verdad?
Todos soltaron una carcajada.
Otro atardecer, Dao Ting habia vagado por todas partes y no encontraba donde sacar comida ni bebida. Pensaba volver a casa, pero en el camino se topo con un compañero de vino. El otro lo invito a sentarse en una taberna. Pidieron dos platillos sencillos, compraron varias jarras de vino medicinal y bebieron frente a frente.
Dijeron disparates sin fundamento, hablaron palabras de callejon, jugaron unos juegos de manos sin regla y cantaron unas lineas sin tonada. Despues de varias copas, Dao Ting quedo bastante borracho. Se despidio de su amigo y emprendio el regreso.
Iba tambaleandose por la oscuridad cuando llego frente al antiguo templo del Dios de la Ciudad. De pronto el vino le subio al pecho. Vio que la puerta del templo estaba medio abierta, medio cerrada. Entro, se dejo caer junto a las patas de un caballo de barro y, sin darse cuenta, se durmio.
Hasta la tercera vigilia no desperto un poco, porque el frio le habia entumecido todo el cuerpo. Estaba entre sueño y vigilia, como si soñara y no soñara.
Vio entonces que en el salon principal ardian lamparas y cirios. En el centro estaba sentado un rey con vestiduras ceremoniales. A los lados lo servian muchos oficiales, y en el patio se alineaban demonios yaksha y soldados infernales. Dao Ting comprendio que una divinidad se habia manifestado. El miedo le hizo correr sudor por la espalda. No se atrevio ni a respirar fuerte. Desde lejos oyo que el dios parecia estar juzgando asuntos. Afino el oido y miro a escondidas.
Un juez de rostro negro y barba rizada avanzo y dijo:
-Los Diez Reyes Yanluo del inframundo han enviado al juez Cui con registros y varios culpables para que Su Majestad disponga de ellos.
El rey dijo:
-Que pase.
Enseguida aparecio un dios de rostro blanco, barba redonda, tunica roja y gorro negro. Tras saludar bajo el alero, se puso de pie y declaro:
-En los infiernos, los culpables de las tres dinastias Xia, Shang y Zhou, y tambien los del tiempo de Ying Qin, ya han sido juzgados. Desde el comienzo de los Han, despues de que Su Majestad recibio su puesto divino, hasta Tang, Song y la actual dinastia Ming, cerca de dos mil años han pasado. Los corazones humanos se han vuelto peores que en la antiguedad, y muchos cometieron delitos graves. Algunos, como Wang Mang, Dong Zhuo, Liang Ji y Cao Cao en los Han; Li Linfu, An Lushan, Lu Qi y Zhu Ci en los Tang; Wang Anshi, Jia Sidao, Cai Jing y Tong Guan en los Song; Hu Weiyong, Wang Guangyang, Lan Yu y Chenhao en los Ming, ya fueron enviados a renacer en la via animal o arrojados a los dieciocho departamentos del infierno. Pero quedan todavia muchos casos dudosos sin cerrar.
El juez explico que el Emperador de la Tierra habia recibido orden del Emperador de Jade para revisar los atrasos del inframundo, y que los expedientes indecisos debian resolverse sin demora.
El rey sonrio.
-En el palacio de Senluo el espejo del karma es claro. Ademas, los Diez Reyes Yanluo tienen corazon de hielo y rostro de hierro. Que puede haber tan dificil de decidir?
El dios respondio:
-En el mundo de los vivos, los delitos tienen leyes fijas y se separan con facilidad. Pero en el inframundo solo se puede escribir con pincel justo cuando sentimiento y culpa quedan ambos equilibrados. Hay delitos ligeros cuyo sentimiento es grave, y sentimientos perdonables cuya culpa no puede dejarse pasar. Por eso resultan dificiles.
El rey dijo: