Palabras Dichas al Pasar

Episodio 8: La vision puesta en duda

El juez, a un lado, dio sus ordenes. Entrego el fallo anterior a los servidores infernales, y estos se llevaron tambien a todos los implicados. De pronto canto el gallo; todo desaparecio de golpe. Dao Ting se revolvio entre el sueno y la vigilia, sin saber que el oriente ya empezaba a clarear.

Dao Ting concentro el pensamiento. Todo seguia vivo ante sus ojos. Recordaba las palabras de antes sin perder una sola. Mientras estaba aun asombrado, salio el encargado del templo a abrir la puerta. Al verlo alli, se sobresalto y pregunto:

-Quien eres? Por que pasaste la noche guardado en este lugar?

Dao Ting le conto que la noche anterior se habia embriagado, que su casa quedaba lejos y que por eso se habia dormido alli. Luego le refirio, una por una, las cosas que habia visto y oido durante la noche. El encargado lo escucho, lo tomo por una excusa fantastica, solto una carcajada y se marcho.

Dao Ting, en cambio, lo tenia por cosa extraordinaria. Cada vez que encontraba parientes o amigos, se lo contaba. Aun si daba con alguien apenas conocido de vista, se lo narraba con todos los detalles. Nadie lo creia del todo, porque de ordinario era hombre dado a recoger novedades y soltar cuentos. Aunque no creian que fuera cierto, todos lo tomaban por relato raro y lo iban repitiendo unos a otros. Hubo tambien gente de su misma especie, aficionados a oir por el camino y decir por la calle, que lo contaron de un lado a otro, hasta que la historia se difundio por Baixia. Aun hoy, dicen, hay viejos del lugar capaces de repetirla. Pero eso pertenece a lo que vendra despues.

Cierta vez, Dao Ting estaba entre una multitud, hablando alto y ancho, en plena narracion de aquella novedad. Cuando estaba en lo mas animado, un joven de los presentes le pregunto:

-Hermano, esas cosas las oiste despierto o las oiste dormido, dentro de un sueno?

Dao Ting respondio:

-Las oi despierto.

El otro dijo:

-Y ahora, hermano, hablas despierto o hablas dormido?

Dao Ting replico:

-Lo que dice este hermano es bien raro. A plena luz del dia, con el cielo claro, estoy aqui de pie hablando. Como puede decir que estoy dormido?

El joven dijo:

-No se enoje, hermano. Si esta despierto, por que dice cosas de sueno con los ojos tan abiertos?

Todos rieron a carcajadas.

Dao Ting estaba por defenderse cuando otro dijo:

-No hay que decirlo asi. Hermano, esas cosas las oyo usted solo o las oyo junto con otros?

Dao Ting respondio:

-A medianoche, en la tercera vigilia, estaba yo solo. Donde iba a haber otro?

El otro dijo:

-Entonces usted se equivoco, hermano. No puede culpar a los demas por hablar.

-En que me equivoque?

-Hace un momento dijo que vio muchos jueces y pequenos demonios. Debio agarrar a uno de esos jueces, o aunque fuera a uno de esos demonios, y traerlo de testigo. Asi, ahora que cuenta estas cosas de fantasmas, nadie podria refutarlo. No haber pensado en eso, no fue un error?

Los presentes aplaudieron y volvieron a reirse.

Dao Ting, apurado, dijo:

-Lo que digo es verdad de mil verdades, y ustedes me toman por mentiroso. Por que me despedazan asi?

Entre los presentes habia uno que lo conocia y le tenia cierta confianza. Le dijo:

-Mao Kong, si quieres contar una mentira nueva, endurece la cara y deja que la gente hable. Para que te alteras?

Otro anadio:

-Ah, conque este es el famoso hermano Dao. Disculpe mi falta de respeto. Nosotros hablamos por hablar; no se enoje. Voy a buscarle un testigo, y le aseguro que ellos ya no tendran nada que decir.

Dao Ting creyo que hablaba de buena fe y sonrio.

-Que testigo va a buscarme, hermano?

El otro pregunto:

-Donde oyo usted esas cosas aquel dia?

-Desperte bajo las patas del caballo de barro, dentro de la gran puerta, y alli oi esas palabras.

Entonces aquel hombre se volvio a los demas y dijo:

-Lo ven? Yo sabia que el hermano Dao no mentia. Ustedes lo acusan en vano. Ya tenemos testigo.

Los demas preguntaron:

-Quien es el testigo?

El hombre respondio:

-El dice que durmio bajo las patas del caballo de barro. Alli esta de pie el mozo que sujeta el caballo. Vamos a preguntarle juntos, y sabremos si es verdad o no. Para que seguir discutiendo?

Los otros dijeron:

-Ese mozo es de barro. Como va a hablar? Usted tambien se ha puesto a contar novedades.

El hombre dijo:

-No entienden. Precisamente quiero preguntarle porque no sabe hablar. Si supiera hablar, tambien diria que el hermano Dao miente, y entonces el asunto quedaria aun mas enredado.

Al oirlo, todos rieron hasta casi caerse.

Dao Ting queria discutir, pero no podia vencer a la multitud; si no discutia, se ahogaba de rabia. Se le pusieron rojos la cara y el cuello, y las venas se le hincharon como dedos. Entonces, de entre la gente, salio un daoista. Se acerco sonriendo y dijo:

-En el mundo, que cosa rara no existe? Tal vez este laico no haya inventado todo de la nada; quiza haya alguna sombra de verdad. Por que tomarlo tan en serio? Si creen que es cierto, escuchen esta novedad. Si sospechan que son palabras de fantasmas, no las crean. La gente paga dinero para oir a los narradores y sus canciones de tambor, llenas de mentiras. Ahora escuchan gratis una historia fresca; que alegria hay mayor? Para que discutir tanto?

La gente miro al daoista. Tenia cejas espesas, ojos grandes, estatura mediana, unos cuarenta anos, gorro de bambu, manto de tela, zapatos de canamo y cinturon de seda. Era de porte muy correcto. Todos dijeron:

-El maestro tiene razon. Los que cortan lena no tienen por que ir detras de los que pastorean ovejas; que cada uno atienda lo suyo.

Y se dispersaron de golpe.

Dao Ting, con la cabeza baja y el animo por el suelo, tambien iba a marcharse. El daoista lo tomo del brazo.

-Laico, espere un momento.

Dao Ting pregunto:




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