Wu He llego a la puerta del jinshi Jia. Bajo el portal colgaba una linterna con dos grandes caracteres: "Yamen de Jia". A un lado habia un banco grande, y en el estaban sentados cuatro criados de confianza, llamados Jia Shi, Jia Li, Jia Fu y Jia Gui. Wu He los conocia de antes. Se acerco con una sonrisa, junto las manos y dijo:
-Tanto tiempo sin verlos.
Los cuatro se levantaron, le devolvieron el saludo y lo invitaron a sentarse con ellos. Le preguntaron si venia a pedir poemas del amo o una tarjeta para hablar en alguna oficina. Wu He dijo que no: traia un asunto importante que debia decirle al senor en persona. Entonces mandaron avisar al portero Jia Hun. Wu He le prometio comprarle te otro dia por la molestia. Al cabo de un buen rato, Jia Hun salio y dijo que el senor estaba en el salon.
Wu He entro al patio y vio de lejos a Jia Wenwu sentado en una silla, justo en medio del salon. Corrio hacia el, hizo una profunda reverencia y se disculpo por perturbar su ilustre presencia. Jia Wenwu bajo con lentitud estudiada, apenas doblo la cintura y devolvio medio saludo. Le cedio el asiento de invitado, puso el suyo en angulo y levanto la cara con aire de letrado:
-Hace mucho que no veo al hermano Wu. Que temprana visita es esta? Acaso hay algun asunto?
Wu He hizo otra reverencia. Dijo que no se atreveria a presentarse sin motivo. El dia anterior, en casa del gran senor Huan, habia sido tratado con vino y afecto; al mencionar el nombre de Jia, Huan E habia mostrado gran admiracion y deseo de formar una sociedad de amigos. Como no queria presentarse de golpe, habia enviado primero a Wu He para sondear la voluntad de Jia.
Jia Wenwu, lleno de frases sacadas de los clasicos y mal encajadas, respondio que siempre habia oido decir que Huan E era rico, orgulloso y enemigo de pobres y humildes. Si ahora resultaba amigo de Wu He, se veia que los rumores eran falsos. Sin embargo, dijo que el, un hombre ya colocado entre los de alto grado, no podia mezclarse a la ligera con un joven de casa poderosa; seria como vestir traje de corte para sentarse en barro y ceniza. Pidio a Wu He que lo excusara.
Wu He no se retiro. Le dijo que la buena voluntad de Huan E era sincera y que rechazarla seria demasiado frio. Ademas, si Jia trababa amistad con aquella casa, algun dia, al presentarse para un cargo en los ministerios, podria recibir ayuda del padre de Huan E, hombre de nombre y posicion. Jia Wenwu oyo la palabra "cargo", batio las palmas y cambio de tono:
-Que palabra tan bien pensada! Mañana temprano ire a visitarlo. No sere de los que aguardan a que el dueño no este para presentarse.
Wu He, logrado su proposito, se levanto lleno de alegria. Jia Wenwu lo detuvo y le ofrecio comida y vino. Wu He hizo como que no se atrevia. Jia, citando de nuevo a los santos sin medida ni oportunidad, dijo que el caballero no busca hartarse, pero no por eso deja de comer, y que su grano no era injusto, sino fruto de siembra, lluvia y trabajo de sus servidores.
Pronto los criados trajeron una mesa cargada de platos. Wu He pondero la abundancia. Jia dijo que cuando uno alcanza fortuna debe tener comida ante si de una vara cuadrada; que la comida no debe cansar por fina, ni el picado por delicado; que comer arroz pobre y beber agua era cosa de callejon humilde. Mientras comian, regañaba a los criados porque los encurtidos no tenian jengibre y la carne no estaba guisada con salsa, y a cada bocado buscaba una autoridad antigua para excusar su apetito. Wu He, que no necesitaba mucha invitacion, comio a dos carrillos. Luego bebieron varias copas. Al despedirse, Wu He le recordo la cita del dia siguiente. Jia puso rostro grave y dijo que el pueblo sin confianza no se sostiene: su palabra ya estaba fijada.
Al salir de casa de Jia, Wu He fue directo a la puerta de Tong Zida. Dos grandes hojas negras de cerca estaban cerradas, con un papel rojo que anunciaba su rango comprado de subprefecto en espera. A los lados se veian avisos del barrio prohibiendo ensuciar el lugar. Wu He empujo y entro. En el salon habia mucha gente sentada contra las paredes, esperando arreglar cuentas. El decorado gritaba riqueza vulgar: biombo azul con oro, cartel rojo de nombramiento, un gran asiento oficial, pinceles y tintero, una balanza enorme, un abaco grande, paquetes de libros de cuentas, biombos pintados con escenas guerreras, un florero de colores con una peonia de tela y plumas de pavo real, tambor de tribunal, silla de manos, paraguas ceremonial y linternas con "Tong Ya". En la viga colgaba una placa: "Salon de la Riqueza de Generaciones". Los pareados pedian plata como rio y mar, y grano como montañas eternas.
Esperaron lo que dura varias comidas. Por fin un criado llamado Tong Lu salio y dijo que el amo acababa de despertar y que todos aguardaran. Paso todavia medio dia. Tong Zida aparecio con cara hinchada de resaca, ojos medio cerrados, zapatos rojos de suela gruesa, apoyado en un criado bonito llamado Meilang. Vestia de lujo, pero la torpeza le salia por todo el cuerpo. Wu He lo saludo y bromeo con que aun estaba en el pais de los sueños. Tong dijo que esos deudores lo invitaban cada noche a teatro y vino; por eso estaba tan rendido. Antes de hablar con Wu He, subio a su gran asiento, hizo pasar uno por uno a los hombres de las cuentas, calculo libros, peso plata, guardo registros, entrego el dinero a Tie Shi dentro de la casa y solo por la tarde volvio a sentarse.
Lo primero que dijo a Wu He fue que lo encontraba mas gordo, seguramente por haber sacado dinero de algun gran señor. Wu He respondio que solo andaba por casa de Huan E. Tong pregunto si la plata de esa casa era tan grande como se decia. Wu He contesto que, aunque riquisima, no estaba por encima de la suya. Tong suspiro: el habia creido ser el primer rico de la capital; desde ahora, aunque tuviera que pasar años sin comer, juntaria mas plata que Huan E.
Cuando un criado aviso que la comida estaba lista, Tong mando esperar porque tenia visita. Wu He entonces le expuso la idea de Huan E: juntar amigos distinguidos. Tong torcio la boca. Dijo que los jovenes de casas oficiales gastan plata facil porque sus padres la traen del cargo; el, aunque rico, la habia raspado de los dientes y arrancado de la sangre. No queria competir con ellos. Wu He le puso delante otra ganancia: si se hacia amigo de Huan E, tal vez podria pedirle prestados miles de taeles para darlos a interes; devolveria el capital, pero Huan no se atreveria a reclamar ganancias. Aquello era puro beneficio.