Desde que Huan E, Jia Wenwu y Tong Zida hicieron alianza, pasaban los dias juntos, mas unidos que hermanos de sangre. Un dia, en pleno calor, se reunieron en el pabellon Tunping, dentro del jardin Fei de Huan E. El pabellon estaba rodeado de agua; sauces altisimos cerraban la luz, y en la superficie nadaban tortugas, peces y camarones entre las lentejas de agua. Por eso lo llamaban Tunping, el pabellon que devora la lenteja flotante.
Alli se sentaron con el pelo suelto y la ropa abierta, bebiendo y jugando. Al cabo de un rato Huan E dijo:
-Si solo comemos y bebemos como animales, no hay gracia. Hablemos de cosas finas.
Wu He lo adulo al instante:
-Cuando el gran senor abre la boca, cualquier idea suya es exquisita. Esa elegancia no la alcanza la gente vulgar.
Tong Zida se rio:
-Hermano Wu, que manera de halagar. Segun yo, esas palabras raras solo alegran las orejas; el vino y la comida alegran la boca y el vientre. Eso vale por dos.
Jia Wenwu lo corrigio con frases antiguas y medio fuera de lugar. Tong no entendio gran cosa, pero acepto jugar. Huan E propuso que cada uno contara una historia graciosa, mejor si la habia visto con sus propios ojos; quien no hiciera reir beberia de castigo.
Huan E empezo con una anecdota de posada: un joven habia aprovechado que el marido de una mujer salia de noche a cuidar los caballos para meterse en su manta. Cuando el marido volvio, noto algo raro y grito que habia un malhechor. Para probar a un viejo que dormia en el mismo kang, le dio una calabaza de agua fria; el viejo la bebio sin saber nada. A la manana siguiente el joven le agradecio haber bebido el agua en su lugar, y el viejo respondio que, de haber sabido que era el, habria bebido dos. Todos rieron. Tong Zida, mas astuto de lo que parecia, dijo que seguramente el monje que relataba la historia habia sido el verdadero protagonista.
Jia Wenwu conto entonces que en Zhongshan habia visto a un demente exhibirse ante unas mujeres y golpearse contra una piedra, huyendo apenas llegaron los hombres. Wu He siguio con la historia de un viejo que, viendo a unas muchachas en la puerta de una casa rica, se lanzo sobre una de ellas y la beso hasta que lo llevaron ante el magistrado. El viejo alego que se habia nublado de la vista y que solo desperto cuando lo golpearon. El magistrado, entre furioso y divertido, lo castigo levemente y lo echo.
Tong Zida recordo algo propio. Una criada de su casa, Xiantao, le habia sonreido; el se habia mareado de deseo y su esposa lo habia castigado con el mango de una escoba, para despues vender a la muchacha. Los demas rieron a carcajadas.
La conversacion cayo pronto en chistes groseros: unos sobre ciegos, otros sobre medicos falsos, cunadas, alcahuetes, aduladores, pedos, organos puestos en nombres elegantes y hombres que, por ignorancia o miedo, hacian papel de tontos. Cada cual quiso herir al otro bajo la mascara de la broma. Jia Wenwu atacaba la simpleza de Tong con palabras clasicas; Tong devolvia el golpe llamando a Wu He "latigo" y burlandose de los titulos literarios; Huan E celebraba todo lo que oliera a insolencia. Wu He, experto en sobrevivir entre senores, siempre encontraba como convertir una ofensa en halago.
Luego les dio por cantar. Wu He, aunque era eunuco, tenia voz fina de muchacho y canto dos coplas amorosas con bastante gracia. Huan E canto una pieza burlandose de los hijos de familia que, sin talento ni estudio, se apoyan en el poder paterno para hacer dano. Jia Wenwu canto otra que, sin querer, parecia describir su propia panza llena de suciedad. Tong no sabia cantar; se puso dos palillos junto a las orejas y rebuzno tres veces. Todos bebieron y rieron.
Despues jugaron con un dado: a quien le tocara, debia contar tantos chistes como indicara el punto. Wu He conto cuatro. En uno, un pobre recibia una moneda magica con la que podia secar el mar; quiso extorsionar al Rey Dragon para casarse con su hija, pero el emisario le pidio la moneda como dote y lo dejo sin poder. En otro, un estudiante explicaba que escribir era mas dificil que parir: las mujeres sacan lo que ya tienen dentro, mientras el debia sacar lo que no tenia. En otro, un ladron montaba por error un tigre creyendolo buey, y el tigre creia que el ladron era el temible "goteo" que el dueno de la casa decia temer. En el ultimo, un adulador defendia el mal olor de un gran senor llamandolo "sapo muerto". Cada cuento ofendia a alguien, y cada ofendido fingia no estarlo.
Tong conto uno sobre un hombre dominado por su esposa que, castigado con una bacinilla en la cabeza por perder dinero al juego, aun hacia juegos de palabras para salvar la cara. Jia Wenwu conto la historia de un letrado que solo sabia pedir a su mujer el "rito de Zhou"; cuando ella aprendio la respuesta correcta, lo agotaba hasta que el tuvo que excusarse diciendo que no era falta de voluntad, sino que el caballo ya no avanzaba. Huan E anadio mas cuentos subidos de tono, incluido uno sobre un funcionario torpe que obedecia mal las senas de su mujer durante un juicio, y otro sobre una vieja musulmana que, al ser depilada, aceptaba encantada una excusa indecorosa del barbero.
Entre bromas y vino, Huan E dijo a Tong que el y Jia eran hombres con camino de funcionario, mientras Tong, aunque rico, solo tenia una dignidad comprada. Tong respondio que el no queria cargo si para obtenerlo habia que alimentar a superiores voraces con plata propia. Preferia tener un hijo, educarlo y comprarle algun grado para que la familia pareciera honrada. Huan E se burlo: aun no sabia en que pierna se estaba formando ese hijo, y ya sonaba con ser padre de funcionario. Tong replico que antes, en tiempos antiguos, se podian comprar altos cargos; si el hubiera nacido entonces, habria comprado uno como quien abre una gran casa de empeno.
Huan E, animado, dijo que si el cielo habia producido talentos como ellos, alguna utilidad tendrian; si no llegaban a funcionarios, serian primeros ministros retirados en el monte. Tong objeto que vivian en la ciudad, no en el monte. Buscando una palabra mas elegante, recordo un verso que habia oido en una escuela vecina: "una hoja cae al foso imperial". Entendio mal "foso imperial" y propuso que todos fueran ministros del foso imperial. Huan E lo celebro como una ocurrencia altisima. Jia, por su parte, dijo que el no se conformaba: algun dia quiza llegaria a los tres primeros de los examenes. Tong entonces quiso comprar tambien un grado, y recordo publicamente los rumores de que el propio Jia habia comprado el suyo. Jia lo nego con frases solemnes, y Wu He lo ayudo a tapar la vergüenza.