Palabras Dichas al Pasar

Episodio 16: Zhong Sheng vuelve sin cargo y el Chenghuang cumple el antiguo sueno

Zhong Sheng seguia estudiando en casa. El invierno se acababa; una tarde, junto al brasero rojo, Qian Gui miro la nieve, bebio con el y le recordo un voto. Cuando vivia junto al templo del antiguo Chenghuang, habia pedido que el dios protegiera a Zhong Sheng en los examenes y permitiera que ambos se unieran. Ahora que todo se habia cumplido, queria ir el primer dia del ano nuevo a agradecerlo. Zhong Sheng explico que aquel Chenghuang era Ji Xin, general de Han que murio por lealtad, y acepto preparar ofrendas.

En la manana del ano nuevo llevaron cerdo, cordero, vino, frutas, incienso, flores, papel y velas. Quemaron la suplica, se arrodillaron y volvieron a casa. Esa noche, entre sueno y vigilia, un dios de armadura dorada los llamo ante el rey. Zhong Sheng guio a Qian Gui por una puerta lateral, la sostuvo, la hizo arrodillarse con el y avanzo con ella hasta el alero del palacio. El rey dijo que habia aceptado su sacrificio, y entonces ellos comprendieron que estaban ante el antiguo Chenghuang.

El dios les revelo que su union no habia nacido solo en esta vida. En una existencia anterior Qian Gui habia sido Bai Shi, hermosa pero inclinada a preferir la riqueza; Zhong Sheng habia sido Huang, rico pero de aspecto tan feo que los padres de Bai no permitieron la boda. Los dos murieron de nostalgia. Por ese apego y aquella ceguera de juicio, Bai habia renacido como hija de la familia Qian, habia perdido la vista y habia caido en una vida baja. Huang, sin culpa grave, habia renacido pobre, pero por sus buenas acciones recibiria grado, cargo y fortuna. Primero se unirian como companeros de polvo y flores, luego como marido y mujer, para cerrar la deuda de amor anterior. Como Qian Gui habia guardado fidelidad y no habia mostrado celos, el dios le concedia dos hijos, larga vida junto a Zhong Sheng y, ademas, la devolucion de sus ojos.

Un guerrero de turbante amarillo trajo dos luces brillantes como perlas nocturnas y las puso sobre el rostro de Qian Gui. Ella sintio una frescura que le atravesaba el corazon; abrio los ojos y lo vio todo. La pareja se inclino una y otra vez. Al salir, ya no hizo falta que Zhong Sheng la guiara. Entonces canto el gallo. Zhong Sheng desperto y Qian Gui tambien; la lampara se apagaba y ella grito que veia con ambos ojos. Los dos contaron el mismo sueno, palabra por palabra, y supieron que su primer amor habia sido una antigua deuda. Desde ese dia Qian Gui, despues de medio ano de afecto, pudo mirar por fin el rostro de su marido.

Pasado el Festival de los Faroles, Zhong Sheng preparo equipaje y dinero para ir a la capital a rendir el examen metropolitano. Rechazo casi todos los regalos de despedida. Mei Sheng lo acompano hasta la ribera, y Zhong Sheng cruzo a Pukou con dos criados. Al llegar a Qingjiangpu, un viento fuerte lo obligo a alojarse en una posada.

Al salir a caminar vio a una mujer harapienta que lavaba ropa junto al rio. Le parecio conocida. Recordo que, cuando su hermano Zhong Quan lo habia abandonado, el tenia once anos; aunque habian pasado diez anos, la figura de su cunada E Shi aun le quedaba en la memoria. Pregunto al posadero. Este le conto que la mujer venia de Nanjing, que su primer marido se apellidaba Zhong y que habia vendido aquella misma posada despues de un pleito. El hombre, avaro hasta la crueldad, habia matado por accidente a un viejo comerciante al golpearlo por una moneda faltante. Vendio la casa para pagar el caso, quedo arruinado, enfermo y murio. Su hijo Xiaogouzi habia desaparecido, y E Shi, sin amparo, se habia casado con He Shangren y vivia lavando ropa.

Zhong Sheng lloro. Fue con el posadero a verla. E Shi no lo reconocio al principio: ella era ya adulta cuando se separaron, pero el habia cambiado de nino pobre a letrado de porte noble. Al decirle el que era Zhong Qing, E Shi confirmo la desgracia: Zhong Quan habia muerto sin ataud propio, su cuerpo fue quemado y abandonado a una especie de entierro de agua; Xiaogouzi robo los ultimos veinte o treinta taeles y huyo, quizas como criado de algun funcionario. E Shi le pidio ayuda por memoria del hermano muerto. Zhong Sheng no prometio nada en palabras. Compro ofrendas, invoco el alma de su hermano en la ribera, lloro toda la noche y al dia siguiente envio cuatro taeles a E Shi antes de seguir viaje.

En la capital encontro hospedaje, rindio el examen y aprobo como jinshi. Su maestro Yue Weishan, viceministro de Ritos, lo aprecio mucho. En el examen de palacio quedo en segunda clase, fue elegido shujishi, luego paso por observacion en el Ministerio de Castigos y termino como yuanwai de la seccion de Zhejiang. Hizo traer a su familia y, desde el primer dia, tomo como regla salvar vidas y limpiar abusos.

Reabrio causas antiguas, reviso expedientes dudosos y absolvio a muchos injustamente condenados. Cuando sus superiores le dijeron que esos casos venian de antes, respondio que, una vez sentado en el cargo, no podia saber de una injusticia y callar. Si un colega habia errado, no se debia proteger la cara de un colega a costa de una vida inocente. No aceptaba dinero, no queria gloria, y decia que el cargo podia perderlo sin pena, pero no podia perder la conciencia.

En la carcel prohibio que los guardias extorsionaran a los presos. Les recordo que los reos habian violado la ley del imperio, no una deuda privada con los carceleros. Aconsejo a sus colegas no usar el tormento como juego. Copio una advertencia sobre castigos: no golpear a viejos, ninos, enfermos, hambrientos ni ya heridos; no golpear a la ligera a mujeres, funcionarios, estudiantes o enviados; no castigar en colera, embriaguez, duda o precipitacion; no sumar tormentos sobre tormentos; no descargar palos en dias de frio, calor, fiesta o duelo; no convertir la vara pesada, el golpe bajo ni el castigo fuera de ley en costumbre. Para el, un juez que maltrataba por rutina gastaba virtud, vida ajena y credito del estado.

Cuando interrogaba, pensaba antes de hablar. En delitos leves no retenia a los pobres mas de lo necesario, porque cada dia de encierro era gasto y sufrimiento. En delitos graves persuadia al culpable a confesar sin crueldad, y aun cuando confesaba buscaba cualquier via legitima para salvarle la vida. Ni siquiera insultaba a los presos; decia que la ley no contenia articulo alguno que autorizara a herir a los padres de un hombre con palabras. Por eso los reos salian diciendo que, aun condenados, agradecian haber pasado por Zhong Sheng. Lo llamaban en secreto Zhong Zhongjin, Zhong el de doble oro, porque su persona valia mas que metal.




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