Palabras Dichas al Pasar

Episodio 19: Huan E acumula virtud y salva a Xiao'e

Un dia, Huan Shi conversaba en casa con su hijo Huan E. De pronto suspiro y dijo:

-En este mundo no se debe juzgar a nadie por la apariencia. El Maestro Kong dijo: "Por juzgar por el rostro, me equivoque con Ziyu." No hay palabra mas cierta. Yo, cuando vi al sobrino de la familia Tong, crei que era solo un rico gordo y torpe. Ustedes se burlaban de su mezquindad. Quien hubiera pensado que el ano pasado haria una obra tan justa? En toda esta capital hay tantos hombres ricos; cuantos hicieron algo semejante? Tu y el sobrino Jia tambien dieron algo, pero solo siguieron una iniciativa ajena. El merito mayor fue suyo. Lo que nuestra familia puso no fue poco, pero tampoco puede compararse.

Luego anadio:

-Los antiguos decian: si dejas libros a tus descendientes, no es seguro que los lean; si les dejas bienes, no es seguro que los guarden. Mejor es acumular virtud secreta y dejarles un campo limpio en el corazon. Yo ya tengo ochenta anos. Tu aun estas fuerte. Por que no haces buenas obras? No para ganar fama, sino para que un dia tengas buenos descendientes y yo pueda entrar bajo tierra con una sonrisa.

Huan E escucho con respeto.

-La ensenanza de mi padre es clara. Como podria no cumplirla? Desde hoy, todo bien que pueda hacerse, lo hare para obedecer su voluntad.

Huan Shi asintio varias veces.

-Si puedes hacerlo, seras de veras mi hijo. Yo, Huan You, durante mas de cuarenta anos en el funcionariado, aunque no me atreva a llamarme puro, tampoco oprimi con crueldad a subordinados ni gente del pueblo. Fui buzheng, servi diez anos en el Ministerio de Hacienda y luego en el Ministerio de Obras; lo que obtuve estaba dentro de mi cargo. Pero al final, por miedo a perderlo todo, me acerque a Wei Gong. Si no hubiera sido por el pariente Zhong, hoy mi vida y mi familia no se sabe en que habrian acabado. Me averguenzo al tocarme el pecho. Si haces buenas obras, la gente pensara en el hijo y perdonara al padre. Si puedes cubrir aquella fealdad mia, no habra sido inutil que te haya engendrado.

Estas palabras quedaron clavadas en Huan E. Desde entonces pensaba dia y noche en buscar actos de bien.

Primero recordo a su tio politico Liu Taichu. Era marido de la hermana de Huan Shi, pero Huan E, en su juventud necia, lo habia ofendido. Liu Taichu era pobre, orgulloso y recto; no visitaba la casa Huan, no aceptaba regalos, y aun asi, cuando Huan Shi estuvo en peligro, fue con su mujer a pedir que buscaran manera de salvarlo. Huan E penso: "El parentesco viene antes que los extranos. Si su casa sigue pobre, por que no enviarle quinientos oros?"

Temio que no los aceptara, pero mando a Huan Youshi con el dinero. Liu Taichu lo rechazo sin dudar. Huan Youshi volvio diciendo:

-Aunque soy criado, conozco el caracter del tio Liu. Sabia que no aceptaria.

Huan E lo mando otra vez:

-Dejalo en su puerta y vuelve corriendo.

Asi lo hizo. Liu Taichu salio, grito que se lo llevaran, pero el criado ya se habia ido. Entonces tomo el paquete y lo llevo el mismo hasta la puerta de la familia Huan. Lo dejo alli y se marcho sin mirar atras. Huan Shi y Huan E suspiraron con admiracion. En estos tiempos era raro hallar a alguien que no se inclinara ante el poder ni codiciara el dinero.

Despues, Huan E penso: "Si me quedo sentado en casa, como van a venir a buscarme las buenas obras? Aunque mi padre y yo tengamos esta intencion, nadie de fuera lo sabe; y aun sabiendolo, quien se atreveria a llamar a la puerta de una casa tan alta?" Decidio salir todos los dias por calles y callejones, con dos muchachos detras, plata en la bolsa, dos burros para los criados y el mismo en un caballo, dejando que el caballo tomara el camino.

El primer dia llego ante una tienda de ataudes. Un hombre con lienzo blanco en la cabeza y ropa de duelo lloraba y suplicaba. El vendedor decia que podia fiarle la mitad, pero necesitaba la otra mitad en efectivo. Un vecino suspiraba al lado. Huan E bajo del caballo y pregunto que ocurria.

El vecino explico que el hombre de luto se llamaba Han Wuchou. Su familia era pobre hasta no tener con que enterrar al padre. El muerto llevaba ya varios dias detenido en casa sin ataud. El vecino habia intentado ayudarlo a obtener uno fiado, pero tampoco tenia dinero.

Huan E pregunto el precio. El tendero, viendo aquella piedad filial, dio el precio mas bajo. Huan E pago no solo el ataud, sino quince taeles: cinco para el entierro y diez para que Han Wuchou montara algun pequeno negocio. Han Wuchou se prosterno una y otra vez. Huan E lo levanto y le dijo que se ocupara pronto de su padre. Aquella fue la primera buena obra de su salida.

Un rato mas tarde vio a un hombre correr desesperado, gritando que quien hubiera encontrado lo que perdio se lo devolviera por misericordia. Se llamaba Cai Yisheng y vendia verduras. Tenia un padre de mas de ochenta anos, enfermo y antojado de pato. Cai, queriendo cumplirle el gusto, habia empenado su ropa para comprarlo; luego perdio el dinero. Huan E lo llamo, escucho el caso, y le dio cinco taeles para rescatar la ropa, comprar el pato y conservar algo como capital. El vendedor, al principio, creyo que era una burla; al entender que era verdad, rio y lloro a la vez, como quien acaba de regresar de la muerte.

Huan E volvio a casa satisfecho. Aun pensaba con cierto aire de joven rico que aquello no era gran cosa, porque habia costado poco; no sabia que salvar la piedad de un hijo y socorrer una urgencia valen mas que grandes donaciones hechas con ruido.

Otro dia encontro un alboroto. Un hombre golpeaba a otro sin que el segundo se defendiera. El agresor era Bi Ben, buhonero; el golpeado, Lai Ying, vecino suyo. Lai Ying le debia dinero por mercancias vendidas a credito. Bi Ben habia quedado arruinado por esa deuda y queria matarlo de rabia. Lai Ying, enfermo y miserable, no negaba la deuda: solo no podia pagar. Huan E pago capital e intereses, dio ademas unas monedas a Lai Ying para ropa y comida, y obligo a ambos a reconciliarse. Lai Ying ofrecio entregar al acreedor incluso la plata de auxilio; Bi Ben, avergonzado, se nego. Asi quedo sembrada otra deuda de gratitud.




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