Palabras Dichas al Pasar

Episodio 20: Huan E socorre a la gente y la virtud vuelve a su puerta

Huan E bajo del caballo y saludo al viejo Zeng Gongdao.

El anciano estaba tan indignado que apenas podia hablar. Aquel joven cubierto de sangre era Zeng Jiali, hijo menor de la familia. El hombre brutal era su hermano mayor, Zeng Jiacai. El padre de los dos habia dejado una herencia desigual: al mayor le tocaron casas, campos y muebles; al menor, algunas cosas sueltas y una criada. La criada fue vendida por cincuenta taeles. Zeng Jiacai, que ya habia tomado casi todo, exigia aun la mitad de aquella plata. Zeng Jiali no quiso entregarla; el hermano lo golpeo en plena calle.

Zeng Gongdao reprendia al sobrino mayor:

--Tienes ya la mayor parte de la casa de tu padre. Ese poco dinero le queda a tu hermano para vivir. Si hasta eso quieres partirlo, que diferencia hay entre un hermano y un ladron-

Zeng Jiacai se rio con ferocidad.

--Si no me lo da, lo mato. Y si este caballero quiere meterse, que lo intente.

La gente esperaba que Huan E usara su poder. Pero Huan E miro al hermano herido, miro al viejo airado, y al fin saco veinticinco taeles.

--Toma esto --dijo a Zeng Jiacai--. No es que te de la razon. Te compro una ocasion menos de hacer mal. Si hoy acudiera al yamen, tu piel no bastaria para pagar tus palabras. Pero si castigo mi enojo con mano oficial, mi acto de bien se vuelve venganza privada. Ve, y piensa que hasta la plata puede dar verguenza cuando se recibe de este modo.

Zeng Jiacai acepto sin verguenza. Zeng Gongdao quiso detener a Huan E, pero este lo consolo: una disputa entre hermanos, si entraba en pleito, podia quemar a toda una familia. Mejor perder un poco de plata que dejar nacer una enemistad de sangre.

No habia avanzado mucho cuando encontro a Ge Zi'en arrastrando a su hijo Ge Qi hacia la autoridad. El viejo lloraba diciendo que habia juntado veinte taeles para su propio ataud y el de su mujer. Ge Qi habia tomado aquella plata con excusa de hacer negocio; luego la gasto entre juegos y mujeres. Al volver, no traia ni una moneda. El padre, sin otra salida, queria que el magistrado lo castigara.

Huan E pregunto:

--Tienes otro hijo-

--Solo este desdichado.

--Entonces, si lo rompen a golpes, quien te enterrara-

Pago los veinte taeles al viejo y reprendio a Ge Qi delante de todos. Le dijo que quien roba la plata del ataud de sus padres ya se ha cavado media tumba en el corazon. Ge Qi bajo la cabeza, y el viejo, con la plata en la mano, ya no quiso llevarlo al yamen.

Luego vio a Fang Qisheng sentado en el umbral de su casa, la cara hundida. Dentro, su mujer Bo Shi lo maldecia sin descanso. Decia que se habia cansado de comer verduras secas, vestir trapos y ver pasar fiestas sin carne ni ropa nueva. Si no conseguia dinero, ella volveria con su familia y buscaria otro destino.

Huan E llamo a Fang Qisheng y le dio veinte taeles.

--Compra arroz, carne y tela. No digas que vino de mi. Di solo que el cielo, al verte apurado, te abrio una rendija.

Cuando Bo Shi vio entrar la comida y la tela, se le ablando de pronto la voz. La misma boca que hacia un momento escupia odio comenzo a llamar "marido" con dulzura. Huan E, al oirlo desde fuera, sonrio con tristeza: a veces la ira que parece venir del caracter no es mas que hambre con lengua.

Otro dia encontro a dos hombres peleando como enemigos jurados. Se llamaban Ren Mian y Shou Xin. De ninos habian crecido juntos; de jovenes habian jurado fraternidad. Ahora, por una cuenta pequena de su negocio de harina y fideos, se tiraban de la ropa, se aranaban la cara y gritaban que preferian morir antes que ceder.

Huan E los separo y pago la diferencia. Despues dijo:

--Cuando se juraron hermandad, usaron vino y palabras de justicia. Hoy, por unas monedas, quieren beber sangre. No es la plata la que ha cambiado: son ustedes.

Los dos, avergonzados, no supieron responder. La gente del barrio compuso luego unos versos amargos: antes se hablaba de dao yi, de amistad por rectitud; hoy basta una ganancia delgada para volver cuchillo la mano que sostenia la copa.

Mas adelante, Huan E vio a un hombre de porte decente, ropa vieja y rostro palido, humillado ante un oficialillo. El hombre se llamaba Mu Nai. Su familia habia sido honorable, pero habia caido en pobreza. Aquel oficialillo era Wu Tianliang. Sus antepasados habian sido siervos de la casa Mu; el padre de Mu Nai los habia liberado y ayudado. Ahora Wu Tianliang servia en Fengyang y se creia poderoso. Mu Nai le pedia auxilio, no como amo antiguo, sino como hombre necesitado. Wu Tianliang no solo se nego: amenazo con azotarlo por molesto.

Huan E no soporto aquella ingratitud. Llamo a Mu Nai, le dio dinero para sostener su casa y dijo a Wu Tianliang:

--Cuando un siervo viejo se hace hombre por bondad de otro, el primer deber es recordar. Si hasta la memoria se vende por un gorro bajo de oficina, no has subido: solo te has puesto mas alto para que se vea mejor tu bajeza.

Hubo tambien una viuda pobre, de apellido Wu, en la casa de Zhong Sheng. Murio dejando a una hija sola, sin ataud ni arroz. El hijo Zhong Xiaoda habia salido a buscar a un tio y no estaba. Los vecinos Ling Jumei y Mei Ren la ayudaban como podian. Huan E entro, vio el cuerpo sin enterrar y a la muchacha llorando hasta quedarse sin voz. Dio quince taeles para ataud, comida y ropa. Ling Jumei se encargo de comprar el ataud y acompanar los ritos. Cuando regreso Zhong Xiaoda, el dinero sobrante le fue entregado como pequeno capital. Mas tarde, con consentimiento de todos, la muchacha entro por matrimonio en la familia Ling. Asi una casa que casi se deshacian en la miseria encontro una rama donde apoyarse.

Al volver a su casa, Huan E conto estos casos a Hou Shi y a Xiao'e. Xiao'e escucho en silencio y luego dijo:

--Una persona puede salvar una urgencia; pero las urgencias del pueblo son como goteras en noche de lluvia. Si se tapa una, sigue cayendo otra. No basta con comprar un ataud de vez en cuando. Los pobres necesitan ataud, sitio de entierro, arroz, ropa, medicina, cuidado para huerfanos, ayuda para criaturas abandonadas, y escuelas para los hijos que aun pueden levantarse. Si la casa tiene fuerza, convendria hacer instituciones, no solo actos sueltos.




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