Ya será un año desde que terminó todo. Hace un año perdí el amor, el interés y el tiempo, pero hoy te recordé. Cuando intento avanzar, el miedo me detiene. Sé que es algo normal en el cuerpo, es una manera de defensa, pero lo mío ya se pasó.
Nunca me sentí amada en realidad, y mucho menos escuchada. Siempre creí que era por lo pesada y lo insegura que me notaba, pero yo no era el problema, o eso es lo que quiero pensar. Son las personas las que no saben escuchar, solo te prestan atención cuando hay algo que les incumbe o les interesa de verdad, y eso es cruel.
Te estuve hablando del dolor que estoy teniendo en el pecho, pero en cambio me dijiste que comenzarías a vivir cerca mío. ¿Eso qué me importa? Y perdón si sueno muy mala, es que me da igual. ¿Acaso es más fácil cambiar el tema que afrontar mis palabras dichas una vez nomás? Lo único que logras así es que no te vuelva a contar nada más, haces que solo cierre mi corazón.
Siempre llamé la atención por las estupideces que dice mi boca, pero nunca me gustó ser así. Siempre expongo lo que mi corazón quiere ocultar, porque si no hablo, nadie me habla. Tengo que humillarme para agradar y continuar conversaciones, y eso… ¿en qué me convierte?
Aprendimos juntos lo que es el amor, pero solo yo memoricé las venas y tú solo lo retuviste en la cabeza. Gracias a ti sé distinguir a pendejos sin fin alguno, pero ¿de qué me sirve si tú ya no estás aquí?
No te busco, pero sí me rehúso a olvidarte. Tal vez si muero, los sueños que tengo se hagan realidad.
Editado: 29.04.2026