Allí, donde el sol apenas logra atravesar las nubes grises y el aire se impregna de humedad, se alza el reino de Palasor.
En este territorio, la oscuridad no es solo un clima ni un paisaje: es una herencia.
Los habitantes de Palasor saben que cada paso en el pantano puede despertar criaturas ocultas, y que cada historia transmitida en susurros puede ser más cierta de lo que aparenta.
Este es el inicio de un mundo donde la bruma nunca se disipa y donde las leyendas son tan densas como el aire que se respira.