Palasor "Reino De Los Pantanos"

Señor Del Inframundo

​Un portazo que resonó en todo el castillo fue lo que dio la reina Asteris, tras un intento en vano de que el rey Polorius recapacitara y diera un paso atrás en su petitorio. Tras ella, salió de la recámara y se dirigió a paso firme hacia el templo donde se encontraba el sumo sacerdote Demerius.

​Al verlo cruzar el umbral con el rostro tenso y la mirada encendida por la situación, Demerius dio un paso al frente para recibirlo

​—Su Majestad, ¿qué la trae por aquí a estas horas? —inquirió el líder espiritual con voz pausada, midiendo cada uno de sus movimientos.

​Polorius se detuvo frente al altar menor, respirando con fuerza antes de pronunciar sus siguientes palabras:

​—He venido para organizar una ceremonia de invocación. Debo convocar a Abadón y solicitarle un beneficio muy especial.

​Demerius lo observó con firmeza sintiendo el peso de la oscuridad que empezaba a cernirse sobre las paredes del templo.

​—Usted sabe, Su Majestad, que un llamado de esa magnitud tendrá un costo muy alto —advirtió el sacerdote—. ¿De qué índole es el beneficio que usted requiere del señor del inframundo?

​—Quiero que me conceda el poder de poseer en cuerpo y mente a las personas y a todo ser vivo —espetó la reina sin titubear.

​El clero se lo quedó mirando asombrado y a la vez consternado. Varios sacerdotes a sus espaldas contuvieron el aliento ante semejante osadía. Demerius, recuperando la compostura, le respondió con gravedad:

​—Majestad, le advierto que a cambio de un poder semejante, Abadón reclamará un costo irreparable: el sacrificio de sangre de su propia sangre.

​Lejos de amedrentarse, el rey reafirmó su postura, dispuesto a cargar con el peso del abismo, y con ello controlaba los hilos del reino.

​—Estoy dispuesto a afrontar las consecuencias y a concederle a Abadón lo que él pida a cambio —sentenció Polorius con frialdad—. Es una postura irreclinable. Le encargo los preparativos para la ceremonia de invocación.

​Demerius, sintiendo el peligro inminente de jugar con fuerzas que superaban incluso la comprensión de la monarquía, intentó frenarlo:

​—Su Majestad, es una locura apresurarse a decidir algo de tal magnitud. Debería pensar bien y analizar las consecuencias antes de poner en riesgo lo más sagrado

El Rey lo miró con la autoridad implacable de su estirpe, cerrando cualquier posibilidad de debate.

​—La decisión ya está tomada y no hay vuelta atrás. Así que le repito: comience los preparativos para la convocación, y luego procederemos con lo que Abadón nos pida.

De esa manera Polorius se retiró del templo dirigiéndose hacia los jardines reales la ansiedad que lo invadía fue saciada con una intensa caminata




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