Mara tenía seis años y una imaginación tan grande como el cielo de verano.
Una noche, su gatito desapareció.
—¡Nube! —lo llamaba mientras caminaba por el patio con una pequeña linterna.
Su papá salió a ayudarla.
—Tal vez esté en el granero, princesa.
El granero olía a madera vieja y a paja seca.
Mara iluminó cada rincón con cuidado... hasta que algo pequeño apareció entre el polvo.
—¡Papi, mira!
Era un pequeño peluche de felpa.
Su papá lo tomó con cuidado y sacudió el polvo. Entonces sonrió, como si hubiera encontrado un recuerdo perdido.
—Princesa... te presento a Pancho.
Era mi juguete favorito cuando tenía tu edad.
Mara lo observó con curiosidad.
—¿Y por qué está tan sucio si era tuyo, papi?
El hombre rió suavemente.
—Porque una noche salí a jugar con él... y lo perdí.
Nunca supe dónde había terminado.
Mara abrazó el peluche con ternura.
—¿Puedo quedármelo?
—Claro que sí.
Esa noche Mara durmió abrazando a Pancho.
Pero cuando la luna entró por la ventana...
algo pequeño brilló en el pecho del peluche.
Una estrella