Las estrellas siguieron apareciendo con el tiempo.
Cuando Mara dijo la verdad aunque pensó que la regañarían, apareció Honestidad.
Cuando trató con cariño a los animales del granero, apareció Respeto.
Cuando esperó su turno sin quejarse, apareció Paciencia.
Cuando ayudó a su papá con las tareas del patio, apareció Responsabilidad.
Cuando pidió perdón a una amiga después de discutir, apareció Perdón.
Pancho tenía ya muchas estrellas.
Pero parecía que aún esperaba algo más.
Una noche, Mara estaba en el patio mirando las estrellas del cielo.
—Pancho —susurró abrazándolo—, ojalá encuentres tu lugar otra vez.
En ese momento algo cálido brilló en su pecho.
Una nueva estrella apareció.
La estrella de Amor.
Por un segundo... Pancho se movió.
Y una vocecita suave susurró:
—Gracias, Mara.
Ella abrió los ojos sorprendida.
Su papá estaba en la puerta mirándola.
—¿Sabes algo curioso? —dijo él sonriendo—. Cuando yo era pequeño, Pancho también tenía estrellas.
Mara lo miró asombrada.
—¿En serio?
—Sí. Pero creo que Pancho estaba esperando volver a encontrar a alguien que necesitara aprenderlas otra vez.
Mara abrazó fuerte al peluche.
Porque algunas cosas que se pierden...
no desaparecen.
Solo esperan ser encontradas por el corazón correcto.
FIN