Pandora

Capítulo 2

Capítulo 2

El timbre marcando el final de la última hora del último día de clases del último semestre sonó y todos gritaron. Enseguida hojas volaron por los aires junto con otros útiles. El profesor se agachó detrás de su escritorio y yo no pude evitar reír con Cam mientras recogíamos nuestras cosas y salíamos de clase. Los pasillos eran un caos, los chicos gritaban y corrían mientras se apresuraban a vaciar sus casilleros y nunca más volver, o al menos mientras durasen las vacaciones de verano.

—Iré a Los Ángeles. ¿Puedes creerlo? —preguntó Cam—. ¡En unas horas estaré junto a alguna casa de algún famoso! Y tú tienes otra cita con Steve mañana. Necesitaré detalles. Apenas sean oficiales házmelo saber.

—Email asegurado —dije.

—Es una pena que no puedas venir con nosotros, sabes que mis padres hubieran estado encantados —dijo ella con tristeza y suspiré.

—Lo sé, Los Ángeles parece genial, pero Ethan está en casa. Sabes que no veo a mi hermano desde invierno y la mayor parte del año está fuera. Primero el internado, ahora la universidad. Además me gusta ayudar a mamá en su trabajo y tengo cursos que seguir.

—¿Sabes que las vacaciones son para no hacer nada? —preguntó Cam.

Le sonreí lo mejor que pude. No es que sea un ratón de biblioteca, al contrario, al verme luzco exactamente lo opuesto, pero disfrutaba de mis cursos. No puedo simplemente no hacer nada y mi escuela no tenía exactamente alumnos que se pudieran considerar de clase media, durante las vacaciones todos viajaban y se esparcían fuera de Londres de modo que no quedaban muchas personas con las cuales juntarse.

Con dieciséis años hablaba perfectamente inglés, francés, castellano y alemán; los primeros dos siendo obligatorios en una escuela bilingüe y los otros dos materias opcionales que había preferido a carpintería o lacrosse. Pero, fuera de eso, también había aprendido italiano, portugués, ruso, chino y a pesar de llevar poco tiempo ya dominaba bastante bien el galés e irlandés. Además, había un curso intensivo de japonés durante el verano que parecía bastante tentador. Pero, lamentablemente, los idiomas no habían sido iniciativa propia.

Mamá siempre estaba trabajando y pocas veces escuchaba por lo que si Ethan decía que yo quería aprender ruso ella enseguida me anotaría en algún curso sin escuchar mis protestas al respecto. Así había sido con la mayoría de los idiomas, mamá solo escuchaba la mitad, y una vez que ya había pagado ella no me dejaba abandonar el curso y terminaba por acostumbrarme. El ballet fue idea de ella junto con aprender artes marciales, ya que una chica debe desarrollar una estilizada figura (también incluyó clases de yoga de por vida eso) y saber defensa propia. Aunque más tarde preferí el boxeo sobre las artes marciales, resultaba ser un deporte más divertido.

Ok, quizás el hecho de que mi mamá fuera una ocupada agente de celebridades y tuviera poco tiempo para mí también afectara en eso de tomar cursos fuera de la escuela. Ella debía considerarlos más como una guardería para no tener que ocuparse de mí aunque de grande los había seguido de todos modos porque me habían gustado y por los incentivos de mi hermano.

—Por favor, te lo ruego, dime que tu hermano es tierra libre —dijo Cam apenas estuvimos en la puerta de la escuela.

—Ya sabes la respuesta —dije.

Cam había estado enamorada de Ethan desde que éramos amigas, o eso creía. De hecho, muchas chicas de la escuela lo estaban y no podía culparlas. Mamá lucía como una celebridad al tratar con tales, era hermosa e inalcanzable, y Ethan era considerado extremadamente ardiente por todo mi salón. Era imposible comprenderlas, para mí era mi simple hermano con sus problemas de personalidad no tan simples. Pero no podía culparlas. Él era alto y fuerte y de algún modo lograba que cualquier cosa que se pusiera le hiciera lucir sexy. Su cabello era oscuro, como el de mamá, y sus ojos verdes. Su rostro parecía tallado por el mismo Miguel Ángel (palabras de Cam y medio curso mientras que la otra mitad decía que era pintado por Botticelli).

—Maldigo que estudie en una universidad fuera de la ciudad y solo esté aquí en vacaciones —dijo Cam—. Eso me deja poco tiempo para trabajar con mis encantos.

—Cam, Ethan es… difícil. No es una persona fácil de tratar.

—¿Sigue en sus días malos? –preguntó ella y asentí.

Nos despedimos y crucé la calle para encontrarme con mi hermano. Sus días malos, tal como Cam los llamaba, eran los días en que ya no era tan divertido o hacía sus juegos conmigo, en el que ya no jugábamos carreras u observábamos en busca de alguna persona que fuera más de lo que pareciera. Mamá nunca notaba la diferencia, Paul y Josh tampoco, pero yo sí. Y aunque le había preguntado a su psicóloga al respecto, la señora Maddy, ella me había dicho que era normal para alguien que hubiera pasado por lo mismo que él, que aquella era su forma de protegerse y luchar contra su memoria.

La noche que años atrás Ethan apareció en mi cuarto en casa de mamá cuando no debería estarlo era el problema. Mamá y papá se habían separado a los pocos meses después de mi nacimiento. La versión oficial era que papá había engañado a mamá con una estudiante de psicología, a mamá le encantaba llamar la atención. La verdadera versión, según Ethan, era que papá simplemente no había soportado más a mamá. Eso era más creíble, ella no era una mujer fácil de manejar y demasiado fuerte e independiente, muchos decían que había una parte de ella en mí.

Pero ese no es el punto. Esa noche, Ethan se había quedado en casa de papá con él y el tío John. Se suponía que dormiría allí, se suponía que no aparecería en medio de mi habitación totalmente aterrado y diciendo que los hombres de negro vendrían por él. Pero así había sido, y a la mañana siguiente papá había sido encontrado muerto en su sala. La policía dijo que fue a causa de resistirse a un intento de robo mientras el tío John había salido a comprar la cena. Ethan debió haber visto aquello o haber visto primero el cuerpo de papá, el shock había sido demasiado y había inventado historias sobre papá peleando contra unos hombres malos y John también. Evidentemente, la ficción de un niño de siete años en la que imaginaba a su padre como un héroe parecía una mejor opción a creer que la triste realidad, un aburrido profesor de universidad asesinado por no tener una sola joya en su casa.




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