Panteón: Atlas 2

Mármol:

Heme otra vez aquí,
recostado en la habitación,
escuchando mi silencio.

Uno que quizá habría caído perfecto
si tuviera algo que hacer con él.

Pensando de nuevo,
como cada tarde habitual.

Porque son muchos los días
en los que me siento algo cansado
en mi reposo.

Y es ahí,
entre la calma y mi cama,
cuando mi mente se alza
y le gusta retomar lo que no ha sucedido.

—¿Cuándo será? —pregunta mi cabeza.

—¿Qué cosa? —le replico.

—¿Cuándo será que voy a dejar
de estar agobiada por todas tus preguntas?

—Tal vez mañana.

Tal vez otro día.
El día que encuentre algo que me llene,
te dejaré descansar.

Cuando a mi mitad faltante
le interese llenarme.

Me motivaría a salir
de este lozano letargo
y permitir la marea,
una ninfa o sirena,
en mi océano estancado.

—¿Y crees que eso cae del cielo?
Y es curioso que me hable
como si fuese otra persona.

—Y no, no creo eso,
pero es lo que quiero.

Ojalá ser como el tipo
que de una escultura hizo nacer
a su amada.

Tener mi propia Galatea,
aunque por el momento
el mármol que necesito
es invisible.

—¿Y si apartas la neblina que hay aquí primero? —insiste—. ¿O terminas lo que siempre dejas incompleto? ¿Tal vez si tratas de hacer eso primero?

—No necesito
que me molestes con tus preguntas.
Solo pienso en que tal vez ese sea el modo:

imitar el mito.
Que se me conceda el deseo,
como a Pigmalión.

Así no me tropezaría en mi búsqueda
y podría labrarla a ella sin temor,
hacerla a mi imagen y semejanza,

que vea el mundo a través de mis ojos.
Ojalá fuera dueño de ese cincel mágico.

—¿O será una extensión de tu ego? —

—Creo que suena lógico.
¿No crees?



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En el texto hay: monologos, poesía., poesia breve

Editado: 28.05.2026

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