Papá es el enemigo

Capítulo 1: Será mi jefe

Valery

Un trabajo, eso es todo lo que necesito para salir adelante junto a mis gemelos, pero, no contaba con esto. Mis manos tiemblan un poco mientras sostengo el contrato en mi mano, luego dejo este en la mesa y miro a la señora que me lo está ofreciendo, respiro hondo antes de volver la mirada al papel, es cierto que pagan muy bien, más de lo que he ganado en meses en cualquier trabajo, es verdad que podré tener algo de comodidad pero…

—No puedo aceptarlo —el ceño de la señora se frunce.

—¿Quiere más dinero? —saca su teléfono —puedo llamar a los padres del hombre para —niego rápido con la cabeza

—En el contrato dice que tendré que estar día y noche con ese hombre, que tendré que hacerle todo lo que él pida y que debo ser sus ojos —ella asiente —pero no puedo mudarme para su casa.

—Señorita

—No tengo quien cuide de mis hijos —ella suspira mirando a los dos pequeños sentados a mi lado, luego mira mis ojos y parece desesperada, ya explicó que quiere sus vacaciones y para eso debe buscar a alguien que esté con el hombre de la casa todo el tiempo, un hombre que según ella es una estrella del fútbol, pero uno que tuvo un accidente y perdió la vista temporalmente, ahora, necesita cuidados.

—¿Y si te dijera que puede llevarlos? —siento la mirada de mis pequeños sobre mí.

—Me acaba de decir hace minutos que este hombre

—El señor O’Connor —asiento

—Pues me ha dicho que es gruñón, que le gusta el silencio cuando no está de fiestas y que tiene todo tan organizado que aún ciego puede caminar por su casa sin lastimarse —la mujer asiente sonriendo —tengo dos hijos y aunque son muy buenos —los miro sonriendo —son rebeldes y traviesos —ellos bufan —¿cree usted que ese hombre acepte que viva ahí con él junto a mis hijos? —ella duda, y su mirada va de mis pequeños a mí y viceversa, luego sonríe un poco nerviosa.

—Tengo una idea.

Dicen que a veces hacemos cosas tan locas que cuando miramos atrás ni siquiera reconocemos haberlas hecho y eso es justo lo que siento que acabo de hacer al firmar un contrato que no puedo romper, uno que me tendrá viviendo bajo el techo de un desconocido hasta que este recupere su vista y aquí me encuentro ahora, recogiendo mis cosas.

—No me gusta este trabajo mamá —habla mi pequeño Matt y cierro la maleta para mirarlo.

—Mi cielo es lo que hay, no tengo trabajo y tenemos deudas —él bufa y su hermano le enseña algo en su teléfono —No nos gusta ese hombre —bufo, ellos al menos han tenido tiempo de buscarlo en Internet, yo ni eso.

—¿Puedo saber por qué? —miro la habitación pensando en si falta algo.

—Es alto —dice Ethan

—Y parece un abusador de gimnasio —sigue su hermano

—Tiene cara de descarado —suelto a reír mirándolos con una ceja alzada.

—Pequeños será mi jefe, no mi novio —ambos se miran entre sí y sí, son muy celosos. —Y además, juega fútbol, a ustedes les gusta el fútbol, luego podrán contar que han conocido a un profesional —sonrío y bufan

—Juega para el equipo que odiamos mamá —dice un curioso Ethan —y es un engreído, un orgulloso y un estúpido que se cree el mejor del mundo —suspiro, veo que mis hijos ya le conocen hasta mejor que yo.

—Vamos, el taxi ya nos espera —hablo al recibir un mensaje y ellos quejándose me siguen, me duele dejar mi casa, pero es lo necesario, no sé que encontraré al llegar, pero haría cualquier cosa por mis hijos, porque ellos estén bien y por esa razón acepté irme a vivir con un desconocido para cuidar de este.

El taxi se detiene frente a unas enormes rejas y bajamos de este, la boca de mis hijos se abre en una O y cuando miro lo que ven la mía casi también. Las rejas se abren y a lo lejos se ve la enorme mansión con un enorme jardín frente a ella y hasta hay una enorme fuente a un lado del camino.

—¡Han llegado! —la señora que me contrató corre hacia mí con par de maletas en mano —aquí está la llave de la casa y de todas las puertas —deja estas en mi mano —y por cierto —mira a mis hijos —el señor no debe saber que ellos están aquí —frunzo el ceño.

—¿Qué? —niego —no acordamos eso, yo no

—Dije que tenía una idea —ella sonríe —y la idea es que tus hijos no se sientan, al menos que el jefe no los sienta

—Eso es imposible —reclamo

—Está ciego —se encoge de hombros —que sean como fantasmas o él te echará a patadas —sigo negando —Adiós.

—No, no

—¡No puedes renunciar! —chilla y sale corriendo, rápido sube a un auto y me quedo en medio del camino sin saber qué hacer, luego miro a mis hijos y sé que estamos en problemas si el jefe no puede saber que ellos están aquí.

—Mamá —Ethan me mira —¿qué haremos?

—Por el momento silencio —pido y ruedan los ojos —hablaré con él —digo comenzando a caminar hacia la enorme mansión —quizás no sea como dicen que es y lleguemos a un arreglo —les sonrío, jamás haría pasar a mis hijos por fantasmas y con decisión voy hacia la imponente mansión, al llegar a esta la puerta está abierta y el silencio es ensordecedor, luego escucho pasos.

—Señor —mi mirada va hacia los pasos y me callo de golpe al verlo, sí, es alto, musculoso, guapo y... le conozco, trago en seco sin dejar de mirarlo y él se detiene, anda con un bastón y un par de gafas oscuras, yo sigo tensa.

—¿Será usted mi niñera? —espeta y sigo en silencio —hable señorita que soy ciego, no sordo —sigo tensa, le conozco, es él, es Aarón, pero usa otro apellido al parecer y eso no lo sabía, tampoco sabía que se había convertido en un famoso jugador de fútbol, miro a mis hijos, dije que jamás los haría pasar por fantasmas, pero ahora el hombre frente a mí no puede saber que ellos están conmigo y... tampoco puede saber quién soy yo —Por Dios, hable —refunfuña

—Se-Señor —tartamudeo como estúpida

—¿Sus problemas solo son para hablar o es algo mental? —mis hijos aprietan sus puños, pero niego y hago señas para que no hablen ni se muevan.

—Disculpe señor, yo

—Aaron —habla enojado —dígame Aaron y hazme un café —él se voltea



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En el texto hay: niños, amor, jefe y empleada

Editado: 09.01.2026

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