Valery
Todo es mi culpa, debí haber investigado mejor antes de firmar ese ridículo contrato, es verdad que ganaré bastante dinero, pero ahora estoy entre la espada y la pared, en una mansión enorme, con un hombre que no, no es un desconocido, es el hombre que amé años atrás, ese que con palabras bonitas me hizo creer que sería su novia cuando lo único que quería era llevarme a la cama por una apuesta echa con sus amigos y yo de estúpida caí, luego de eso, tuve que dejar mis estudios, tuve que criar sola a dos pequeños y aunque ellos son mi mayor tesoro me arrepiento del padre que tienen, eso es obvio. Molesta termino de sacar mis cosas y entonces es que miro a mis pequeños que esperan pacientes a que explique todo, pero qué explico si no tengo ni idea de lo que haré.
—¿Tendremos que fingir que no vivimos aquí? —cuestiona Matt haciendo una mueca con su boca y me duele decirles que sí.
Me acerco a ellos y me siento mirando sus ojos, luego suspiro tomando una mano a cada uno.
—Solo estaremos aquí hasta que el hombre recupere la vista y llamé a Omara —hablo de la señora que me contrató —él tendrá una cirugía dentro de poco y puede que recupere bien su vista —se miran entre sí —pequeños no es tan malo, en esta casa solo estamos los cuatro —intento pintarles un buen cuadro —podrán jugar, correr y hacer lo que quieran, tengo entendido que hay un pequeño campo de fútbol —sonrío, pero siguen serios —mis niños…
—Está bien mamá —habla Ethan —no nos sentiremos —sonríe al decir eso y tengo un mal presentimiento.
—Hablo en serio, pequeños —ellos se miran entre sí —sé que el hombre de abajo no les cae bien y que ustedes le van al equipo contrario al que él juega —bufan —así que no quiero que hagan algo contra él.
—Por favor mamá —reclama Matt —¿qué vamos a hacer? —ruedo los ojos.
—Lo digo porque los conozco muy bien —me pongo de pie —ahora debo ir a hacerle un café y ustedes, quédense aquí —los señalo, ellos asienten y voy hacia la puerta, sé que nada saldrá bien y que tendré muchos problemas.
—Señor —encuentro a este en un salón luego de varios minutos buscándole —su café —bufa sin girarse hacia mí.
—Lo pedí cuando llegó y ahora es que lo trae —me coloco frente a él.
—Señor
—¡Ya no quiero nada! —da un manotazo y la tasa de café cae al suelo, no sin antes caer algo de este en mis manos y estaba demasiado caliente, aun así no me quejo, solo tenso mi mandíbula y él se pone de pie quedando bastante cerca de mí, debo tragar en seco sin poder apartar la mirada de sus ojos. —No necesito a nadie aquí conmigo, pero mis padres piensan que sí —bufa y me congelo porque su aliento choca contra mí —y ya que está aquí, al menos podría hacer bien su maldito trabajo —mi mirada viaja hacia la puerta y me tenso cuando veo a los gemelos ahí y parecen muy enfadados.
—Si no necesitara ayuda, sus padres no buscaran a nadie —él aprieta sus dientes —me necesita, pero no voy a aguantar sus berrinches, usted no es un niño señor O’Connor —intento pasar por su lado, pero él toma mi brazo, un escalofrío recorre mi cuerpo y toda mi piel se eriza.
—¿Cuál es su nombre? —su pregunta llega a mí y sin pensarlo mucho suelto lo primero que viene a mi mente.
—Luna —puedo notar como su ceño se frunce y con cuidado me suelto de su agarre —si me necesita grite —añado y entonces me alejo de él lo más rápido que puedo, ¡por Dios! Ya le mentí en cuanto a mi nombre y mantengo a mis hijos aquí en secreto, cuando la verdad se sepa, estoy segura de que todo será un caos. Al salir del salón no veo a los gemelos por ningún lado y sé que eso no es bueno, a ellos no les gustan los hombres que se me acercan y mucho menos aquellos que me tratan mal, así que sé que Aarón está en problemas.
Observo mi teléfono sin saber bien qué hacer, releo una y otra vez el mensaje de mi padre donde dice claramente que quiere verme, algo raro, cuando lleva años sin hablarme porque según él arruiné mi vida al tener dos hijos, aun así, mi curiosidad es grande y respondo a su mensaje aceptando lo que pide, una cita.
Me detengo en la puerta y solo me quedo observándolo, ha pasado horas en el mismo lugar mientras bebe y no puedo evitar pensar en el pasado.
En vez de quedarte en la puerta podrías ayudarme a ir a mi habitación —reclama y suspiro.
—¿Cómo sabe que estoy aquí?
—Su perfume —me tenso por completo y con pasos lentos me acerco a él —Ya casi hace un año del accidente que me dejó ciego —cuenta cuando me acerco —casi un año, pero parece toda una vida —susurra con pesar, miro la botella y sí, está casi vacía.
—Vamos, le llevaré a su habitación —lo ayudo a ponerse de pie y él toma su bastón, se sujeta fuerte de mí y ya no parece el hombre que horas antes dijo que no necesitaba de alguien, este está ebrio y triste mientras piensa en el pasado.
Al llegar a su habitación lo ayudo a tomar asiento en la cama y luego respiro hondo mirando sus zapatos, solo que sus manos tomando mis brazos me detienen.
—Yo puedo solo —ruedo los ojos y asiento, ¡Diablos! Él no me ve.
—Me pagan mucho para ayudarle —sigo mirando sus ojos y mi corazón se acelera ahora que está tan cerca, no, no Valery, esas sensaciones son parte del pasado por dios.
—Tu perfume, tu voz —suspira formando una sonrisa —me dan la impresión de que te conozco —añade algo confundido, dejándome un poco desconcertada, ¿de verdad alguien como él me recuerda?
—Muchos usan el mismo perfume y muchas voces son muy parecidas —digo alejándome de él —si ya no me necesita, iré a mi habitación, señor.
—¿Por qué te niegas a decir mi nombre? —me pierdo en su mirada, siento que si pronuncio su nombre él me reconocerá y no quiero eso, tampoco que sepa que mis pequeños están aquí aunque mis sentimientos se contradicen todo el tiempo, una parte de mí lo odia por el pasado, la otra siente lástima y como ya estoy aquí siento ganas de ayudarle.
—Es mi jefe —mi respuesta es simple —y yo su empleada.