Aaron
Todo se siente raro aunque quizás es por la anestesia, aun así, mi mente juega conmigo y odio estar ciego, la casa ya no me da confianza como antes, siento que siempre me están observando y en el comedor todo fue demasiado raro, jamás he tropezado con algo y ¿cómo pudo la idiota que me cuida cambiar el azúcar por la pimienta? Esa es otra que me tiene pensando, su voz, su perfume, todo en ella me hace pensar en alguien más, en alguien que no quiero recordar.
—Listo Aaron, no vas a morir —bromea mi doctora y hermana cuando acaba de poner una venda en mi cabeza y bufo, no quise ir al hospital como quería mi niñera aunque no me quedó de otra que decirle que llamara a mi hermana e hice bien.
—No entiendo cómo pasó —comienzo una vez más con lo mismo, ella ríe.
—Hermano caerse es normal —ahora me la imagino rodando sus ojos como siempre hace cuando hablamos y no está de acuerdo conmigo —el mundo no se acaba por caerse —ella acaricia mi rostro con cariño.
—¿Viste a alguien más en la casa cuando entraste? —cuestiono y mi hermana hace silencio —Hope
—A tu empleada —ella se levanta de la cama —ella abrió, está fuera y parece muy nerviosa —la siento recoger sus cosas —bueno, andaba como loca.
—Loca es —farfullo molesto recordando el horrible café —quiero despedirla.
—¿Y por qué no lo haces? —sonrío, no puedo, no con la sensación que tengo de conocerla y es que mi instinto jamás ha fallado. —Hermano.
—Colin no ha venido a verme y le he llamado varias veces —hablo de nuestro hermano —si le ves dile que necesito que venga.
—Está viajando.
—¿Viajando? —suspiro —la última vez que vino no tenía dinero, me pidió prestado —ella suspira.
—Sabes de sobra que nuestro medio hermano siempre inventa algo —siento su beso en mi mejilla —ya debo irme Aaron, cuídate y —hace una pausa —por favor, no le grites a la chica, te conozco, deberías intentar tratar bien a tus empleados —bufo.
—Nadie le manda a hacer mal lo que debe.
—¿Crees que es fácil para ella atender toda esta casa y a ti? —su pregunta me hace quedar como un imbécil —no digo que seas una carga Aaron, pero entiende a la chica, eres grosero, nadie te soporta, por eso mamá y papá no vienen y nosotros tus hermanos evitamos visitarte —respiro hondo, mi relación con la familia nunca ha sido la mejor y sí, en parte es mi culpa.
—Pronto tendré la cirugía y no necesitaré a más nadie, así fue siempre y así seguirá siendo, volveré a mi vida como era antes, perfecta —sonrío, escucho como mi hermana bufa y no la entiendo, luego escucho la puerta y me acomodo un poco más en la cama, mi cabeza comienza a doler y supongo que la anestesia ya se está yendo de mi cuerpo. Vuelvo a sentir el sonido de la puerta y evito bufar.
—Menos mal que mi herida ni se veía —reclamo sintiendo su perfume —¿diez puntos te parecen pocos? —ella sigue en silencio.
—Puede despedirme si desea —mi ceño se frunce, es como si ella estuviera rogando ser despedida y río, al parecer quiere irse justo como Omara que pidió rápido sus vacaciones y hubo que dárselas, justo como mis padres que no vienen a verme porque siempre acabo discutiendo con estos o como mis hermanos que me evitan porque siempre me escuchan diciendo que soy el mejor de todos y que gracias a mí viven una buena vida.
—Quiero que me ayudes a bañarme —pido y el silencio se hace en la habitación, con lentitud me pongo de pie —ayúdame a quitarme la ropa e ir hacia el baño —añado y evito sonreír.
—Pero usted se viste solo, anda por la casa solo y
—La cabeza me duele por su culpa así que necesito su ayuda —sonrío —esa es la frase que todos quieren siempre escuchar de mí, necesito ayuda —abro los brazos —y te la he dicho —espero paciente, pero ella no se mueve —¿a qué esperas?
—Ahora entiendo por qué su hermana le atendió y se fue muy rápido —escucho sus pasos —usted es grosero, orgulloso y pedante —alzo una ceja con sus palabras y siento sus manos ir a mi camisa.
—No sabes nada sobre mí —farfullo molesto.
—Sé que nadie le visita, al menos eso dijo Omara y su familia
—Se equivoca —mascullo molesto alejándome de ella —vete, no necesito ayuda y menos de alguien como usted, debería estar pidiéndome fotos en vez de tratarme así, ¿sabe quién soy? —río
—No sé quien eras —habla y puedo sentir su mirada —pero sé que ahora no es más que un hombre ciego y débil que bebe porque se siente patético.
—Vete —gruño mucho más enojado por sus palabras y luego de sentir la puerta cerrarse me siento en la cama, ¿cómo se atreve a hablarme así? Paso las manos por mi rostro, la conozco, sé que sí, pero... niego con la cabeza, es imposible, además, me dijo otro nombre, pero aún recuerdo como me llamó Aaron cuando me caí y su voz resuena en mi cabeza, pero no…es imposible, la mujer en la que pienso, jamás cuidaría de mí.
Luego de hacer la llamada suspiro, no entiendo por qué Omara diría que soy alguien solitario, siempre he hecho fiestas aunque últimamente... bufo, la empleada esa sabrá de sobra que no estoy solo, que si hay personas que vienen a verme y tomo asiento justo frente a la puerta a esperar a que ella llegue porque sé que vendrá, siempre lo hace cuando la llamo, siempre está ahí para mí, disponible y quizás eso es lo único o mejor dicho, lo que más me gusta de ella y cuando escucho la puerta abrirse sonrío.
—Dijiste una fiesta, pero hay silencio —son sus primeras palabras aumentando más mi sonrisa y toco mi reloj para que mi empleada venga.
—Una fiesta de dos —comento sin dejar mi sonrisa —¿acaso no te gusta?
—Me encanta —siento su aliento contra mi boca y luego me besa, cuando el intenso beso acaba sonrío y me pongo de pie, puedo sentir sus manos en mi camisa. —Aaron te echaba de menos —susurra en mi oído —dejaste de hacer fiestas, de querer verme —deja un beso ahí —por Dios amé tu llamada.
—He tenido días malos —soy sincero porque antes no era como ahora, podía ver, tenía fama, vivía de fiestas y con mis amigos, ganaba partidos en donde escuchaba como todos gritaban mi nombre y extraño eso.