Aaron
Me siento en la cama y luego paso las manos por mi rostro, definitivamente he bebido demasiado ayer, ahora el olor del alcohol me causa náuseas y me pongo de pie queriendo ir a darme un baño, suspiro y vuelvo a sentarme cuando siento un leve dolor de cabeza, entonces llevo una mano a mi reloj, pero no toco este, ayer hice todo para molestarla y creo que al final lo conseguí, me pregunto quién será esta chica que me aguanta y no ha pedido ya renunciar, respiro hondo cuando siento la cama moverse a mi lado y claro que sigue aquí aunque no debería.
—Aaron amor —la voz de Charlotte solo incrementa mi dolor de cabeza y evito bufar.
—¿Qué haces aquí aún? —cuestiono poniéndome de pie sin dar rodeos —ya es tarde.
—Por Dios Aaron, apenas son las 6 —se queja y siento cuando se levanta —me daré una ducha y
—Charlotte puedes bañarte en tu casa —suelto de mala gana y el silencio reina en la habitación sabiendo que la he incomodado.
—Odio esto Aaron, me hace sentir usada —ruedo los ojos con sus palabras —me llamaste y ahora me echas como si nada —ríe histérica —nunca me has tomado en serio o mejor dicho —siento sus pasos —nunca me has perdonado por lo sucedido aquel día hace no sé cuantos años.
—Casi siete años
—¡Siete años Aaron! —habla alto y sé que se ha detenido frente a mí —eso es mucho tiempo y si Valery se fue, no es mi culpa, tú hiciste esa apuesta.
—¡Pero por tu culpa ella supo todo! —me pongo de pie enojado
—Pero tu orgullo fue lo que no te dejó buscarla cuando se fue del país —aprieto mis dientes —¿sigues enojado por eso? ¿Por esa estúpida sin importancia? —aprieto mis puños —ahora entiendo por qué sigues teniendo a esa empleada de cuarta aquí.
—¿De qué hablas?
—De que se parece a ella —dice un poco más bajo —¿acaso no te parece? —bufo
—Para nada —me alejo unos pasos mientras miento —no se parece en nada —añado y siento los pasos de Charlotte acercándose a mí.
—Dime algo Aaron, ¿te enamoraste de la tonta aquella? —no respondo y siento su voz tras de mí —deberías tratarme un poquito mejor o acaso ya olvidaste quien es mi padre.
—Charlotte
—Es el dueño del equipo Aaron y con solo abrir la boca
—¿Crees que me das miedo? —río por sus palabras —No me conoces Charlotte, ni tú ni nadie pueden arruinar mi vida.
—Ya veremos —siento sus pasos alejarse.
—Charlotte —la llamo, pero escucho el sonido de la puerta y maldigo cuando lanza esta con fuerza, las ganas de levantarme se me han ido y vuelvo a la cama, sí, si se me parece a Valery y por esa razón es que sigue en esta casa, al menos así pienso mientras vuelvo a acostarme y me cubro por completo con una sabana pensando en ella, en esa mujer a la que rompí el corazón y nunca más volví a ver.
—Señor —escucho la voz un poco lejana y luego como me mueven —¿está vivo señor? —refunfuño con la estúpida pregunta de la empleada.
—¿Acaso no puedo dormir hasta que me da la gana? —maldigo en voz alta.
—Son las dos de la tarde, señor —abro los ojos cuando la escucho aunque se siente igual que si los tuviera cerrados y eso me enoja aún más —además —no la dejo continuar y ella chilla cuando la lanzo sobre la cama y con un ágil movimiento me coloco sobre ella aguantando sus manos —¡suélteme! ¡¿Está loco?! —ella intenta liberarse.
—Tu olor —se detiene —tu maldito olor me recuerda a alguien —bufo cerca de su rostro —y no soy el único —siento que mi corazón se agita estando tan cerca de ella.
—Señor
—Creo que me estoy volviendo loco —susurro pegando mi frente a la suya y puedo notar como se tensa —Luna —sonrío al decir ese nombre aunque me parece irreal y suelto una de sus manos —quiero conocerte —murmuro llevando mi mano a su rostro y toco su mejilla, puedo notar como su respiración se agita y luego llevo mis dedos a sus labios, acaricio estos con cuidado y…
El golpe en mi entrepierna me priva por completo, la empleada me empuja y caigo de la cama sintiendo el horrible dolor que solo se hace más fuerte mientras maldigo una y otra vez.
—Lo demandaré si vuelve a tocarme —gruñe mientras sigo en el suelo casi sin poder respirar.
—Hija de p…
—Usted está loco —me interrumpe —y la próxima vez pegaré más duro —añade y me pregunto si eso es posible —su abogado está en su despacho esperando por usted, a eso vine —siento sus pasos.
—¿Acaso no me va a ayudar? —mi pregunta queda en el aire cuando siento la puerta y maldigo en voz alta, hija del demonio, creo que me ha dejado sin poder tener hijos.
—Aaron —dice mi abogado cuando entro a mi despacho guiado por mi bastón mientras sostengo una bolsa de hielo justo donde la tonta empleada me pegó —no voy a preguntar qué sucedió —bufo sentándome y cierro con fuerza los ojos al sentir dolor.
—Cuando llegaste —suspiro —¿viste a alguien más en esta casa que no fuera mi empleada?
—¿Tenía que ver a alguien más? —suelto una palabrota y niego sin poder decirle que siento que alguien me observa todo el tiempo y que estoy seguro de haber escuchado risas y pasos, si digo eso, mis padres sabrán y acabaré en un psiquiátrico. —¿Para qué me has llamado Aaron?
—¿Ya quieres irte Fede? —bufo —te pago para cuando te llame vengas rápido y tardaste.
—Tengo otros asuntos que resolver —asiento levemente.
—Quiero que me lea el contrato que firmó mi empleada —suelto de una y él solo hace silencio —Fede —gruño.
—¿Alguien te habló del contrato? —mi ceño se frunce.
—¿Hay algo que no sé? —siento la tensión en el aire —Fede yo pago el carro que usas y tu estúpida y horrorosa vida, gracias a mí tienes novias de veinte años —le recuerdo —así que habla porque fueron mis padres quienes quisieron que alguien me cuidara y sé que ellos hablaron contigo sobre el contrato de trabajo —espero paciente mientras siento que tengo que buscar una nueva bolsa de hielo.
—El contrato es sencillo Aaron —al fin habla —pero tiene una breve cláusula —suspira —la chica no puede renunciar o tendrá que pagar una multa millonaria o ir a la cárcel, tiene que trabajar para ti hasta que la despidas o recuperes tu vista —mi mandíbula se tensa mientras aprieto mis dientes tanto que siento que se romperán, ahora entiendo por qué ella sigue aquí conmigo, no es porque quiera obviamente, es porque prácticamente está obligada a hacerlo y eso... eso duele un poco porque mis padres estaban seguros de que ella renunciaría.