Papá llegó para rescatarme

~7~

Sebastian tomó a Charlotte cuando llegó al final del tobogán. Estaba tan feliz que era imposible no reír con ella cada vez que soltaba una carcajada.

—¡Ahora ustedes! —les gritó a Abigail y a Jacob.

La verdad era que Sebastian todavía estaba incrédulo con lo parlanchina que se había puesto Charlotte con Abigail. Eso significaba que le había tomado confianza, lo cual tenía sentido teniendo en cuenta la dulzura que emanaba, pero aun así no esperaba que sucediera tan pronto.

Abigail (con Jacob entre las piernas) se lanzó por el tobogán riendo.

Sebastian tomó a Jacob en brazos y luego le extendió una mano para ayudarla a ponerse de pie.

—Me acabo de dar cuenta de que puedo hacer estas cosas sin verme ridícula ahora que tengo un hijo —reflexionó entre risas.

Sebastian rio con ella.

—Si no quisieran que los adultos usáramos los juegos, no los harían tan grandes —justificó.

—Buen punto —concedió Abigail, todavía sonriendo.

—Ahora, a los columpios —pidió Charlotte con los ojos brillantes.

Abigail le extendió la mano y ambas comenzaron a caminar juntas a toda prisa, completamente emocionadas.

Sebastian las observó con diversión. Tenía el presentimiento de que Abigail también necesitaba aquel día recreativo tanto como Charlotte.

—Creo que tu mamá será la que llegue cansada a casa y se duerma —le dijo a Jacob con una sonrisa—, no tú.

Jacob le sonrió y balbuceó algo.

Sebastian miró hacia donde estaban las dos y bajó la voz.

—Sé que no tendría que decir esto, pero entre tú y yo, tu papá es un tonto —hizo una pequeña mueca—. Mira de lo que se pierde por andar haciendo quién sabe qué.

Jacob lo observó atentamente, como si acabara de detectar que aquello era un chisme interesante.

Sebastian levantó las cejas.

—Como sea, quizá sea mejor así.

Jacob alargó una mano y le tomó la nariz.

—Yo pensé que me estabas prestando atención, pero creo que estás más interesado en mi nariz.

Le tomó la mano para darle un beso con dulzura. Después, con la voz tonta que, según él, era obligatoria al hablar con bebés, añadió:

—Tú eres demasiado adorable.

Jacob soltó una risita.

—Y vas a ser muy pícaro. Esa cara te delata.

Jacob balbuceó.

Quizá estaba diciendo “no me delates” o algo por el estilo.

—Guardaré tu secreto —susurró Sebastian con una sonrisa cómplice.

Jacob volvió a sonreír.

Sebastian estaba empezando a sospechar que aquel niño entendía más de lo que aparentaba.

Cuando llegó junto a los columpios, Charlotte ya estaba siendo balanceada por Abigail.

—¿Quieres que yo la empuje? —se ofreció.

Abigail negó con la cabeza.

—Estamos bien.

—¡Mira, papá! —exclamó Charlotte—. ¡Ya estoy muy alto!

Sebastian sonrió.

En realidad, no estaba tan alto, pero suponía que para alguien de su estatura aquello podía considerarse una altura considerable.

Y él lo prefería así.

Se notaba que Abigail estaba controlando los empujones para que Charlotte no se elevara demasiado.

—¡Agárrate bien, princesa!

—¡Lo estoy haciendo con todas mis fuerzas! —respondió ella entre risas.

Sebastian la miró con una sonrisa todavía más amplia.

—Te brillan los ojos cuando la observas —comentó Abigail con complicidad.

Sebastian se volvió hacia ella con una expresión que prácticamente decía “culpable”.

—Y no te imaginas mi cara cuando empezó a llamarme “papá” —dijo divertido—. Tenía la sensación de que iba a ponerme a llorar.

Abigail rio, claramente enternecida.

—¿Tenías muchas ganas de ser papá?

—Sabía que iba a serlo en el futuro, quería una familia. Esto me tomó completamente desprevenido —confesó—, pero lo estoy disfrutando demasiado.

—Se nota —volvió a darle un pequeño empujón a Charlotte—. A veces las cosas no se dan de la forma esperada, pero son igual de buenas.

Sebastian la observó durante un instante.

—¿Te tomó por sorpresa la llegada de Jacob?

—No —le dio otro empujón a Charlotte antes de continuar—. Me tomó por sorpresa el divorcio y todo el asunto de estar sola con Jacob, porque yo quería una familia grande y más hijos...

—Pero todavía puedes tenerlos —la interrumpió Sebastian.

Abigail guardó silencio durante un momento.

—Lo que pasa es que ahora me da miedo pasar por lo mismo —explicó—. Conocer a alguien, enamorarme, tener un bebé y quedarme sola, pero esta vez con dos niños.




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