Paradoja de una Elección

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𝟏

𝐕𝐀𝐌𝐏𝐈𝐑𝐎

ɴᴏ ʜᴀʏ ʀᴇꜱᴘᴜᴇꜱᴛᴀ ᴄᴏʀʀᴇᴄᴛᴀ ᴏ ɪɴᴄᴏʀʀᴇᴄᴛᴀ

 

Mientras seguía con los ojos cerrados pude escuchar un sonido ruidoso muy cerca de mí. Jalé mis sábanas y tapé mi cabeza por completo, pero el sonido parecía no acabar.

Me senté de un golpe aún sin abrir mis ojos.

¿Qué es eso? ¿Es una alarma? ¿Quién puso una alarma?

De inmediato tanteo debajo de mi almohada y encuentro mi teléfono. Hago el movimiento para que se desactive la alarma, pero no sucede. Al darme cuenta, el sonido no venía de mi teléfono.

Giré a mi derecha y vi sobre una mesa de noche un reloj de estos que parecían tener orejas. Me pareció extraño tener eso. No recordaba tener algo así en mi habitación, pero aun así sin ningún pudor lo sostuve buscando un botón para desactivarlo y al no encontrarlo lo presioné arriba como había visto en las películas. Funcionó.

Levanté mi mano hacia mi rostro para sacar las señales de sueño sobre mí. Exhalé profundamente al ver la luz del día pasar por la ventana para luego caer sobre mis sábanas. Me quedé un momento viendo esa luz y luego me volví a echar sobre mi cama para volver a dormir. Sentí la sensación de hambre, pero no quería levantarme.

Me pregunto qué hora es. ¿Será tarde para desayunar?

De repente, mis ojos se abren de par en par, recordando el accidente de anoche.

Empecé a respirar de manera agitada recordándolo una y otra vez en mi memoria, hasta que en algún punto la manera en la que estaba arropada sobre la cama se sentía incorrecto.

Tuve miedo por las heridas que debería tener en mi cuerpo.

Volví a notar mi respiración agitada.

Con una mano que sostenía el borde de las sábanas, pensé en empujarlas para exponer mi cuerpo y así lo hice.

Pero antes de verme, imaginé las magulladuras : grandes y pequeñas por todo mi cuerpo; la piel unida por puntos; la sangre seca de un color negruzco; piernas rotas unidas ahora por vendajes o simplemente no tenerlas.

Pensé, mirando al techo blanco, cómo afrontaría todas esas situaciones.

Hice una cuenta regresiva en mi mente.

Y me vi.

Pero solo alcancé a ver mi pijama sobre mi cuerpo.

Aún así tuve miedo que las heridas estuvieran debajo de mis ropas, pero eso también fue resuelto cuando me vi debajo de estas y no vi nada.

—Pero...

Fruncí las cejas.

¿Habrá la posibilidad de haber sido salvada en el último momento?

Me levanté de la cama aún con muchas dudas sobre mi cuerpo, pero como si nada de eso importara, volví a quedarme extrañada, esta vez por mi alrededor. Una vez no bastó, así que le di una segunda mirada a todo lo que me rodeaba.

No estaba en un hospital, sino en una habitación que no conocía. El diseño, los roperos, espejos, cama, escritorio y hasta una gran ventana eran los más llamativos para mí porque todo parecía lujoso.

Ahora me preguntaba dónde estaba.

Un hospital me hubiera parecido lo más adecuado donde despertar.

Todo esto solo me generaba pregunta tras pregunta, pero no había nada o nadie cerca mío que pudiera responderlas, así que supuse que tenía que investigar. Me gustaría que hubiera una respuesta en esta misma habitación, pero al no ser mía no quería darme el gusto de husmear, así que opté por la idea de salir de aquí.

Con paso lento me acerqué a la puerta y antes de abrirla acerqué mi oído para escuchar algo fuera, pero no hubo nada. Giré la manija con lentitud, la puerta se abrió para dentro y miré afuera con cautela. No había nada que me sorprendiera, era solo un pasillo a la derecha y un camino hacia otro lugar por la izquierda. Supuse que tendría que ir por allí.

Respiré hondo y abandoné la habitación.

Solo me tomó unos pasos para ver un espacio más grande y descubrir parte de una sala de estar junto a lo que sería una cocina.

—Justo te iba a despertar —escuché y me sobresalté mirando a la dirección donde provenía la voz.

—Ah, ma... —dije con suspiro.

—¿Te asusté? —preguntó sin voltear a verme. Parecía muy concentrada en la cocina.

—Sí.

—Ya va a estar el desayuno. Pon los platos —dijo aún sin voltear.

Me pareció extraña su actitud. Esta no era nuestra casa, pero ella se veía cómoda hasta tal punto de que podría llamar suya esta casa.

—Okey, pero, ¿dónde estamos?

Me acerqué un poco a donde estaba para en verdad buscar los platos y ponerlos sobre una mesa que no se me hacía familiar.

—En la casa, ¿dónde más?

¿Casa? ¿Se refería a que era nuestra casa? Ya había mirado alrededor rápidamente, pero volví a hacerlo para buscar algo que se me hiciera conocido con mi verdadera casa y tal como pensé, nada ahí emanaba nostalgia. De hecho, todo parecía nuevo, como si nadie lo hubiera usado.

Otra pregunta más se generaba en mi cabeza que, aunque quisiera preguntarle a mi madre, sentía que era parte de todo esto.

Sin ningún aviso escucho el sonido de una alarma, pero esta vez conozco el sonido, era de mi teléfono que había dejado en la habitación que desperté.

—¿Pusiste otra alarma? —preguntó mi madre detrás mío.

—¿Ah? Ah, sí. Voy a apagarlo —dije antes de caminar de vuelta a la habitación.

No demoré en encontrar mi teléfono, pero me tomé un momento antes de apagar la alarma para ver la hora. Eran las ocho y media, la misma hora en la que mi alarma sonaba y así despertar para irme al trabajo, pero si no mal recordaba hoy debería ser mi día de descanso.

Vuelvo a ver la hora en mi teléfono una vez más, pero esta vez me alarmo un poco por las letras debajo de esta.

3 de marzo

Parecía un error, pero sin dudar me fui al calendario de mi teléfono y este decía lo mismo. Pensé que estaba viendo mal, pero al parpadear y ver lo mismo me generó un sentimiento confuso.



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En el texto hay: romance cliche, chic lit, badboys timetravel

Editado: 11.06.2024

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