Paradoja de una Elección

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𝐕𝐀𝐌𝐏𝐈𝐑𝐎

ᴘᴇɴꜱᴀᴍɪᴇɴᴛᴏ ᴍᴀʟ ᴠɪꜱᴛᴏ

 

El día de ayer, que mi madre llamó como "último día de vacaciones", no se sintió así. En verdad me hubiera gustado sentirme a gusto en esa habitación para así poder descansar, pero en lugar de eso solo decidí explorar con cuidado, ya que aún sentía que el verdadero dueño vendría en algún momento. Y en verdad creía eso, hasta el momento en que encontré cosas que llevaban mi nombre.

La sorpresa no se detuvo ahí porque a raíz de ello decidí ver el armario que estaba lleno de ropas que jamás vi. Me fijé en que todas llevaban una misma talla que no era la mía y eso despertó mis inseguridades, pero noté algo y que al verme al espejo lo noté: mi cuerpo lucía cómo siempre lo había querido. Me vi en todas las posiciones posibles, pero no pareció ser alguna ilusión óptica y me sentí un poco alegre.

Pero aún así seguía tendiendo preguntas en mi cabeza, que al no recibir ninguna respuesta, solo intenté recordar todo hasta que se me presentara algo nuevo.

Y así anocheció y amaneció igual. No me hice más preguntas y seguí el ritmo de la situación hasta estar aquí; en un autobús.

«Dile a la señora que ponga su bolso delante de ella», volvió a sonar esa voz en mi cabeza

«No, se va a sentir incómoda si le digo eso», contesté en mi cabeza.

«¿Y nosotras no nos sentimos incómodas?», replicó.

Justo antes de despertar escuché una voz diciendo "buenos días, hay que despertar". Pensé que era mi madre, pero cuando abrí los ojos no había nadie cuando lo volví a escuchar. Pensé que era algo invisible, pero la voz me aclaró que venía de mi cabeza. Pensé que era una esperanza para mis preguntas, pero la voz tampoco sabía nada. No podría decir si la voz era masculina o femenina porque si pensaba en uno cuando hablaba pues parecía así, pero decidí que era femenina ya que usaba "a" en los adjetivos.

Lo único que supe es que expresaba pensamientos muy honestos cuando quería.

«Oye, en verdad dile a la señora que ponga su bolso delante de ella», reclamó.

«No es necesario, ya estamos por llegar a la escuela», contesté viendo por la ventana del autobús.

Nos acercamos más a la escuela y tomé un respiro para pedir permiso a la señora que estaba a mi lado. A pesar de que el autobús estaba algo lleno, no hubo mayor problemas para al final bajar en mi parada. Y tan solo con mirar a la otra calle ya podía ver la escuela.

No cuestioné demasiado sobre la escuela en la que había sido inscrita, ya que dada las consecuencias, me sorprendería si fuera la misma escuela de mi infancia.

«Se ve como una escuela de ricos», dijo la voz.

«Es solo una escuela privada», dije para luego avanzar hacia la entrada.

«Siempre he querido estar en una escuela así», dijo con un tono feliz.

«¿Ya recuerdas quién eres?», pregunté.

Le había preguntado a la voz si era alguien, pero me dijo que no sabía nada sobre su propia existencia.

«No», contestó.

Sentí mis labios apretarse ante su respuesta firme.

«Entonces, ¿cómo sabes que querías una escuela como esta?», pregunté mientras miraba las grandes instalaciones.

«Solo lo sé», respondió

Otra respuesta que no me ayudaba.

Dejé de pensar en la posibilidad de preguntar otras cosas y solo avancé por el camino de cemento que estaba en medio del jardín delantero.

Una vez más le di un vistazo a la estructura de la escuela y esta vez lo miré más tiempo. Sentía cosas en común entre la escuela y la casa. Sentía que eran sitios que jamás en mi vida hubiera pensado experimentar. Esta escuela a comparación de mi casa no tenía un aspecto moderno sino clásico o eso podría decir a lo que parecía un claro ejemplo de cuando se piensa en una escuela estadounidense.

No miré más ya que estaba a punto de entrar y cuando pasé el umbral, una voz a mi izquierda me sorprendió.

—Hola, ¿eres nueva?

Miré que era un chico que tenía una camiseta roja que llevaba el nombre de la escuela, así que supuse que era un ayudante.

—Ah, sí. —Asentí con una sonrisa.

—¿Cuál es tu grado? —preguntó mientras tocaba algo en su teléfono.

—Este es mi último año —contesté mientras lo veía teclear.

—¿En serio? —preguntó emocionado.

—Sí. —Asentí otra vez.

—Escuché que mucha gente no se inscribe en los últimos años, así que pensábamos que no habría nadie nuevo y... viendo la lista, al parecer tu eres la única que se inscribió. Eres... Bezny, ¿no?

—Si, soy yo —afirmé, riendo un poco.

—Guau, qué bien. —Puso su mano sobre mi hombro izquierdo—. Me gustaría acompañarte a tu salón, pero aún me queda tiempo para apoyar, pero tengo que decirte que los de último año estamos organizando una fiesta y como eres nueva estaría bueno hacer una clase de iniciación o algo por el estilo.

«Esto es incómodo. Dile que no y vámonos».

—Ah, sí, sí —dudé un poco.

«¡Hey! No queremos ir».

—Ehhh, creo que ya me tengo que ir a... —Indiqué con mi mano el pasillo para poder irme.

—Ah, dale. Mira, tu salón está en el segundo piso, ¿okay? Luego te veo. —Dio unas ligeras palmadas en mi hombro y reanudé mi camino.

Caminé despacio mientras pensaba en la situación de hace unos segundos. No me consideraba alguien sociable, así que las interacciones inesperadas, por lo general me resultaban incómodas y más aún si involucran contacto físico. Una parte de mí se siente cómoda cuando puedo evitar esas interacciones, pero otra parte siente que no estaría mal conocer a gente nueva.

«No te sientas mal. La gente no debería agarrar confianza porque sí», mencionó enojada

«No sé en qué te afecta a ti si la que vive todo soy yo. Por favor, deja de decirme qué hacer o qué no hacer».



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En el texto hay: romance cliche, chic lit, badboys timetravel

Editado: 11.06.2024

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