Paradoja de una Elección

3

𝟑

𝐕𝐀𝐌𝐏𝐈𝐑𝐎

ᴇʟ ᴘʀɪᴍᴇʀᴏ ꜰᴀɴᴛᴀꜱɪᴏꜱᴏ

 

¿Me estaba mirando?

Quise volver a hacer lo mismo de fingir mirar a otro lado y ver si en verdad me estaba mirando o solo fue una coincidencia, pero me dio temor la posibilidad de ser descubierta.

«¿Y si, sí nos estaba mirando? Esto puede ser una posibilidad», dijo la voz.

«Estás siendo muy delirante. Lo más probable es que haya sido una coincidencia»

«¿Y si nos notó por ser nueva?», sonó emocionada.

«Hay mucha gente nueva cada año, ¿cómo vamos a ser notables?», fruncí el ceño.

Escuché por un buen rato como la voz hablaba sobre Michael y eso me bastó para saber que la voz no tenía límites para ser escuchada, así que solo comí mi almuerzo durante ese tiempo hasta que sonó la campana. El ruido que era provocado por las múltiples conversaciones se convirtió en sonido de pisadas y sillas moviéndose.

Mientras los que estaban sentados a mi alrededor y yo nos encaminamos afuera del comedor, noté a los Vaughan salir entre la gente, quienes les daban permiso suficiente para caminar sin molestias. Ver eso se sintió un poco fantasioso, pero no me molesté en buscar una respuesta ante el comportamiento de los demás, y solo seguí mi camino fuera.

Luego de unos minutos me despedí del grupo de amigos para irme a mi salón ya que al parecer todos estaban en el otro salón de último año.

Me sentí mejor al estar sola, así que sin problemas pasé por la entrada del salón. Hoy era un día algo caluroso, así que me estremecí cuando de la nada sentí un viento frío golpearme por la derecha. Moví mi vista hacia esa dirección, pero fue contraproducente porque enredó mi cabello, que no demoré en agarrar entre mis manos. Me moví fuera de la ráfaga de viento y pude notar que era un ventilador.

«¿Por qué ponen un ventilador ahí si hay aire acondicionado?», dijo molesta.

«Tal vez alguien lo pidió».

Decidí ignorar lo sucedido y fui a sentarme a mi asiento, pero me detuve al ver que alguien más lo ocupaba. Y recordé esa regla que mencionaron antes de que salgamos al almuerzo: “Llévense sus cosas y cuando vuelvan, los asientos pueden ser tomados por cualquiera, así que no se molesten si sus asientos ya están ocupados”. No sabía el motivo detrás de esa regla, pero tampoco profundicé en ello y solo miré a mi alrededor por un asiento libre.

«¿Es él?», preguntó la voz emocionada.

Me detuve un momento a mirar a la persona que parecía taparse la boca y la nariz con la mano mientras miraba por la ventana del salón. Por su figura fue imposible no saber que era Michael Vaughan.

«El asiento a su lado está libre. Vamos».

«Se ve incómodo», dije.

A simple vista parecía alguien que reposaba su barbilla en su mano, pero al verlo más podías mirar la fuerza con la que se tapaba mitad de la cara mientras miraba afuera. Además de que su postura un poco encorvada era la de alguien que quería hacerse pequeño y no estar ahí.

«Podemos consolarlo, somos expertas en eso».

«Puede ser», dije con duda.

Miré rápido alrededor y confirmé que nadie más iba a sentarse con él, así que caminé en un ritmo normal para que no se notara que iba hacia él con total intención.

Estaba a solo unos pasos cuando rápidamente se volteó a verme. Chocamos miradas y sentí como si mi corazón se detuviera para luego latir con rapidez. Dejé de mirarlo y pasé de largo a sentarme en el asiento detrás de él.

«¿Qué? No, pero por qué», dijo con un tono más alzado.

«Me dio vergüenza cuando me miró», admití.

«Aún podemos sentarnos ahí. Vamos».

Imaginé levantándome y solo sentándome ahí como si nada. No podría decir que iba a ser la primera vez ya que en la escuela solía cambiarme de asiento mientras nadie lo ocupaba. No me resultaba incómodo o vergonzoso, pero tuve que imaginar su presencia a mi lado y eso me tomó tiempo, así que decidí que era demasiado tarde para poder cambiarme de asiento.

De repente sentí unos ligeros toques en mi hombro derecho y me giré en esa dirección, notando a una chica.

—Disculpa, estos asientos están ocupados —dijo, señalando donde me había sentado.

—Ah, pero la profesora dijo… —dije débilmente.

«Es una oportunidad».

—Sí, pero—empezó a decir la chica, pero la interrumpí cuando entendí lo que dijo la voz.

—Ah, okay —dije con una sonrisa.

Agarré mi mochila y aún un poco tensa, me paré un momento antes de sentarme al lado de Michael.

—Disculpa… dije mientras me sentaba a su lado.

«Ahora podemos mirarlo más de cerca», dijo la voz en tono susurrante.

No fue una petición lo que dijo la voz, pero debido a eso de a poco miré por la comisura de mi ojo izquierdo para poder verlo y así saber cómo es que resulta tan atractivo. Y tal vez no fui sutil al hacerlo, ya que tan solo logré encontrar su cara para verlo, él posó su mirada en mí con rapidez. Fue muy obvio, así que yo también lo miré.

Analicé su rostro en esos cortos segundos y aparté la mirada.

«No puede ser…».

Deseé verlo más, pero resistí a ello y solo recordé su rostro en mi memoria. Su cara se veía bastante simétrica, sus ojos, nariz y boca parecían seguir una regla física para estar bien esparcidos y proporcionados en su rostro pálido. Pero sobre todo eso, el color de sus ojos era el protagonista en su rostro. No lo miré por mucho tiempo, así que tal vez era eso lo que no me dejaba contestar a la pregunta sobre el color de sus ojos, que podían ser celestes, verdes o grises.

«Es totalmente nuestro tipo».

Asentí un poco a lo que dijo la voz y di un pequeño suspiro mirando alrededor mío para liberar la tensión que sentía.



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En el texto hay: romance cliche, chic lit, badboys timetravel

Editado: 11.06.2024

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