Paraíso Podrido

Segundo Intento: Atrapado

Tras la captura del shadowalker, Joseph llegó hasta su hogar en la zona de América, misma que colindaba con la de África.

El edificio donde tenía su departamento estaba viejo y maltratado, lleno de grafiti, con ventanas rotas y muchas habitaciones sin uso oficial. Era común escuchar ruidos, ver actos de violencia o saber de robos cerca, aunque esto último no le pasaba a él, pues todos sabían quién vivía ahí y no deseaban meterse en problemas con un miembro de la Elite de fuego.

Dicha organización no era para nada respetada, ni siquiera parecía que la gente los tomaba en cuenta como, tan siquiera, un grupo, pero sí sabían del poder de sus miembros, sobre todo del de Joseph, por lo que el temor era suficiente para que no lo molestaran.

Sin más, el moreno llegó a casa, abrió la puerta, cerró tan pronto se introdujo por completo y se retiró su saco, arrojado a una de las sillas de la mesa que tenía un montón de platos vacíos encima, al igual que revistas y otros artículos.

El departamento no era muy chico, pero tampoco tenía un gran tamaño. Era perfecto para una persona, tal vez dos. No estaba sucio, sólo desordenado. Se notaba que Joseph no ponía mucho empeño en acomodar sus cosas o dar una buena imagen. Al fin y al cabo, nadie lo visitaba desde hace un buen tiempo.

Al lado del comedor estaban un par de sillones. Joseph se lanzó sobre el individual y encendió su pequeño televisor de Techtra usando un comando mágico de aura. El aparato respondió y puso un canal al azar, mostradas más opciones. Como era costumbre, el hombre cambio de canal una y otra vez sin ver nada que le llamara la atención. Había películas, novelas, documentales, noticieros y de más contenido, pero todo era de otros reinos. Nada de Terra Nova.

De cierta manera eso ponía triste al humano. Recordaba que, cuando era chico, veía películas animadas de Disney, disfrutaba de las locas producciones de Hollywood y esperaba día con día para ver alguna serie estadunidense o telenovela mexicana en las noches con su padre. Todos eran ya sólo recuerdos, migajas de un pasado tan lejano que parecía ya ser una mentira.

Fue entonces que se le ocurrió una idea. Tomó su T-pad y buscó el contacto de uno de sus viejos camaradas de la Elite de fuego. Uno que ya no pertenecía a la organización como tal y que, por suerte, conservaba su número.

Una vez lo encontró, pensó en marcarle, mas creyó que sería un poco incomodo, pues había pasado ya un tiempo en el cual ni siquiera le mandaba un mensaje, así que optó por hacer eso mismo.

Joseph: ¡Hey! ¿Cómo has estado? ¿Ocupado?

Tan pronto dio en «enviar», de alguna manera, se arrepintió, por lo que iba a borrar el mensaje, mas le respondieron de inmediato.

Pethe: ¡Hola, perdido! Todo bien acá. Sólo que hace mucho frío. Y no, no estoy ocupado. ¿Cómo anda vos?

Leer aquello alivió un poco a Joseph, parecía que Pethe no estaba molesto con él como la mayoría de los ex miembros de su organización, así que continuó enviando mensajes.

Joseph: ¡Muy bien! Todo cool de este lado. Acá hace algo de calor en las tardes, pero ahora que es de noche, se pone horrible de frío.

Pethe: Hahaha. Me imagino, pibe. ¿Sabes? Extraño un poco el clima tropical de México. Cuando el frío está terrible acá, suelo recordar de lo cálido que era el norte.

Joseph: ¿Tropical? Donde vivíamos no era trópico, tonto.

Pethe: ¡Lo sé, boludo! Pero tené en cuenta que yo siempre viví en el mero culo del mundo. El frío allá era insoportable. Para mí, todo México era un gigantesco país tropical.

Joseph: Ja, ja, ja. Bueno, si lo pones así… Oye, tengo una pregunta.

Pethe: Te leo.

Pethe: ¿Qué pasó, Joseph?

Joseph: Estaba viendo la televisión y me trajo recuerdos de nuestra época de entretenimiento televisivo. Ya sabes… Series, películas, novelas…

Pethe: ¡Qué buena época!

Joseph: ¡Sí! Estaba preguntándome si, de pura casualidad, de la información que lograste minar de nuestro mundo, encontraste alguna película o serie de esos entonces que me puedas mandar. Lo que sea es bueno, la verdad.

Pethe: Che, trolazo. ¡Por supuesto que tengo harta información de ese tipo! ¿Alguna petición en específico?

La noticia puso muy feliz a Joseph. No podía creer que de verdad Pethe pudiera haber recuperado algo así, por lo que pensó en su película favorita de Disney para empezar.

Joseph: ¿Tendrás «el jorobado de Notre Dame»?

Pethe: Sí, tengo muchísimas de Disney. La princesa y el sapo, Blancanieves, La bella y la bestia, Cenicienta, La Sirenita…

Joseph: ¡Genial! Pasa todas esas, por favor. Oye… ¿de pura casualidad tendrás Shrek?

Pethe: Shrek 1, 2, 3 y «para siempre».

Joseph: No, la cuatro no… ¡Entonces también tienes «Crepúsculo»!

Pethe: Toda la saga. También tengo Harry Potter completa.

Joseph: ¿White chicks?

Pethe: Sí, también muchas comedias románticas como Miss simpatía, Mis primeras 50 citas, Mujer bonita. Yo creo que mejor te mando todo lo que tengo y ya vas borrando las que no quieras ver. ¿Te parece?

Joseph: ¡Sí! ¡Muchas gracias, amigo!

Pethe: No hay de qué. Disfrútalas.

Luego de eso, al T-pad de Joseph empezaron a llegar un montón de archivos cuyos nombres el hombre identificó de inmediato, proyectado de buenas a primeras Shrek en la televisión, subido el volumen casi al máximo e iniciado el espectáculo.

Durante toda la película Joseph cantó, rio, gritó, lloró y repitió diálogos tanto como pudo. Se emocionó tanto que se paró a bailar y estuvo saltando con mucha enjundia hasta que la película terminó. No obstante, era sólo el comienzo.

Shrek 2 fue la siguiente, y todo iba tranquilo, sólo había risas y un poco de frustración hasta que llegó la escena del baile y la canción del hada madrina. Ahí el hombre se puso de pie, le subió todo el volumen y empezó a cantar a todo pulmón «Yo quiero un héroe». Mientras las escenas pasaban, Joseph saltaba y bailaba con la música y el drama, riendo y viviendo la película.




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