Paraíso Podrido

Décimo Quinto intento: Alegría

Gregory entró al departamento de Joseph, impresionado de lo acogedor que era. Se notaba que se trataba del hogar de un hombre soltero, pues estaba poco decorado, tenía lo básico y era espacioso a la vista. Cosas que no eran malas, solo áreas de oportunidad para colocar adornos o fotos que bien el hombre no aprovechaba porque parecía que le daba prioridad a otras cosas.

–Lindo hogar –comentó el invitado.

–¿Qué? ¿Este «cuchitrin»? Es lo que hay, pero igual lo amo.

–Creo que es bonito. Es tu propio espacio y dice mucho de ti. Sobre todo, que tengas un sofá que apunta directo a ese bonito televisor –resaltó Gregory, cosa que sonrojó un poco a su amigo–. ¿Ves programas de qué reino? ¿Hay cosas tan buenas como las de nuestras épocas?

–Tal vez, pero yo he estado viendo otras cosas. –El anfitrión encendió el aparato y mostró la carpeta con las películas y series que tenía, cosa que impresionó en sobremanera a su amigo, emocionado y feliz de ello.

Scheiße! ¿De dónde sacaste eso?

–Pethe ha estado escarbando en nubes de información que quedaron en campos electromagnéticos. Ha encontrado muchas cosas interesantes, entre ellos, esto. ¿Algo que quieras ver?

–¡Sí! ¿Tienes Law & Orden: Special Victims Unit?

–¡A la orden, capitán! –Tan pronto Gregory escuchó la advertencia del inicio en el programa, se emocionó mucho. Una parte de él se decepcionó que no estuviera en alemán, el idioma en el cual la conoció, pero igual le parecía bien.

Ambos se la pasaron viendo varios capítulos. Recordaban el pasado, como la gente se veía antes, como era el mundo en ese entonces, la forma en la que los humanos vivían y sus metas, al igual que sus ideales de quienes ser. Las cosas eran tan distintas que ocasionó cierta nostalgia y melancolía en ambos, aunque Joseph era el que se notaba más triste.

Gregory notó a su compañero un poco perturbado, por lo que paró la serie y se acercó a él para platicar, mortificado.

–¡Hey! ¿Todo bien? Creo que recordar lo oscuro que era el mundo antes no fue buena idea. Toda esa gente depravada y malvada era lo que buscábamos eliminar, y lo conseguimos en gran parte. Acabamos con esas terribles sectas de pedófilos, a los fanáticos homofóbicos y a las imbéciles racistas y sexistas. Las cosas no son como antes ya, amigo. Míralo de esa manera.

–Te equivocas, Gregory. Todavía existe algo de lo que dijiste. –El hombre se quedó sin habla ante eso, molesto luego.

–¿Qué? ¿Quiénes?

–Tengo sospechas y pruebas que se me fueron de las manos de que MoA esconde pedófilos. –Aquella declaración hizo recordar a Gregory cómo lo observaba Jarm durante su llegada, lo que le generó más coraje e hizo que su espada, Widerstreit, la cual dejó recargada cerca de la entrada, vibrara.

–Ese hijo de perra. ¿Qué sabes?

–No puedo decírtelo. Hay una bola de ratas pegadas a la pared que escuchan todo.

–Tú sabes que puedo saber lo que dices, aunque no salga sonido de tu boca. –En ese momento, Joseph recordó que Gregory podía leer los labios, pero sólo si le hablaban en alemán o inglés, por lo que usó el segundo idioma y movió la boca sin emitir ruido.

–«Los sacerdotes abusan de los niños y les borran la memoria. Con el tiempo, la magia se pierde y la gente recuerda. Por lo que un grupo llamado “inquisidores rojos” sale a hechizar a la gente de nuevo. Tienen un artefacto que detecta quienes son los afectados y en las noches se vuelven invisibles para visitarlos. Por desgracia, ahora que los descubrimos, serán más cuidadosos. Iba a interrogar a uno, pero Jarm lo mató». –La información dejó a Gregory sin palabras, mientras que su espada vibraba con más intensidad, hasta que cayó al suelo e hizo un montón de ruido.

–Perdona. –Con sólo movimiento de mano del invitado, la espada regresó a su lugar, tranquilizado el hombre al igual que su arma con él. –¿Desde cuándo sabes esto?

–«Hace una semana, aproximadamente. Traté de ir a MoA, pero Jarm me amenazó con joder a Declan. Están jugando sucio, como siempre».

–Como cualquier grupo religioso de porquería de nuestra época –interrumpió Gregory, emitida una respiración controlada para no enojarse más–. Iris, Marcia y yo prometimos que no permitiríamos que algo así suceda de nuevo. No me voy a quedar sentado aquí esperando a que hagan algo. Debo informarles. ¿Kyle sabe?

–«No le he dicho. Le conté sobre Letanía».

–¿Letanía?

–«Sí, es una banda de criminales muy buscada en Terra Nova. Hace poco descubrí que ellos en realidad asesinaban a las víctimas de los pedófilos de MoA que estaban recordando lo que les sucedió. Me he topado a uno que…». Bueno, es difícil de explicar –habló Joseph, mortificado.

–¿Qué hay con él?

–Yo… Gregory, esto no se lo he contado a nadie. Ni siquiera a Kantry, Ken o Annastasia. Tampoco Xeneilky o Declan o cualquier otra persona lo sabe. Quiero que lo sepas tú, pero…

–Entiendo. Salgamos entonces. –En eso, ambos tomaron sus cosas y se retiraron de la casa, dejada la espada del caballero justo donde la colocó antes, cerrada la casa como siempre.

Sin embargo, en la habitación de al lado, donde estaba el informante de MoA, se encontraba un escenario digno de una película de terror. El hombre que escuchaba a Joseph se hallaba clavado a la pared, crucificado con dagas de aura rojizas, postrado frente a este Albert, recargado cerca de una ventana, tranquilo.

–Ya veo… Así que Gregory se va a involucrar. Debo darme prisa –dijo para sí mismo el asesino, a la par que salía de la habitación.

Joseph y Gregory saltaron entre los techos de los edificios hasta acercarse a la zona central de la ciudad, la que estaba cubierta por una espesa niebla maldita. Cerca del sitio, ninguna persona vivía y era raro ver gente que no fuera de la PR cerca, por lo que ahí ambos pudieron bajar a las calles y hablar sin ser interrumpidos.




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