"El recuerdo es el único paraíso del que no podemos ser expulsados."
— Jean Paul
Los estudiantes salían en grupos de la universidad. El murmullo de conversaciones y risas llenaba los pasillos mientras la tarde caía lentamente sobre el campus.
Habían pasado dos meses desde el incidente.
Elian caminaba junto a su amigo Leandro por el pasillo exterior.
—Leandro:
Elian… no aguanto el hambre.
Estoy a punta de café desde la mañana y la última clase… no entendí ni una palabra.
—Elian:
Vamos a comer algo.
Déjame llamar a Tessa… tenemos como cuarenta y cinco minutos antes de volver al trabajo.
En ese momento, una voz los llamó desde atrás.
—Tessa:
¡Elian…!
¡Espera!
Elian y Leandro se detuvieron. Tessa caminaba rápido para alcanzarlos.
—Tessa:
¿Te ibas sin despedirte?
Miró a ambos con una pequeña sonrisa.
—¿Y ustedes qué planean?
—Leandro:
Hola, Tessa.
—Tessa:
Hola, Leandro. ¿Cómo estás?
Elian se acercó y le dio un beso rápido.
—Elian:
Hola, amor.
Apenas salimos de clases. Vamos a comer algo.
¿Nos acompañas?
Tessa dudó un segundo.
—Tessa:
¿Seguros…?
—Leandro:
Por favor di que sí. Me estoy muriendo de hambre.
Tessa miró a Elian por un momento.
—Tessa:
Está bien.
Los tres comenzaron a caminar hacia el restaurante de la esquina.
El mismo restaurante.
El lugar donde había ocurrido aquel evento… casi dos meses atrás.
Cuando entraron, el olor a café recién hecho y pan tostado llenaba el lugar.
Elian se detuvo un segundo antes de avanzar.
Leandro no lo notó.
—Leandro:
Por fin… comida de verdad.
Se dejó caer en una mesa cerca de la ventana.
Tessa observó a Elian.
—Tessa:
¿Estás bien?
—Elian:
Sí… claro.
Pero sus ojos recorrían el lugar.
La barra.
La puerta trasera.
La mesa del fondo.
Tessa también miró hacia allí.
—Tessa:
No teníamos que venir aquí.
Leandro levantó la mirada, confundido.
—Leandro:
¿Aquí qué?
Hubo un pequeño silencio.
Elian tomó el menú.
—Elian:
Nada… olvídalo.
—Leandro:
¿Tiene que ver con lo que pasó…?
Tessa lo miró de inmediato.
—Tessa:
Leandro…
—Leandro:
¿Qué? Nadie me ha explicado nada.
Solo sé que ustedes desaparecieron ese día y luego todo el mundo hablaba del “incidente”.
El camarero se acercó.
—¿Qué van a ordenar?
—Leandro:
Un sándwich grande… y café. Mucho café.
—Tessa:
Un capuchino.
—Elian:
Solo café.
El camarero anotó y se retiró.
Leandro volvió a mirar a Elian.
—Leandro:
En serio… ¿qué pasó aquí esa noche?
Elian apoyó los codos sobre la mesa.
—Elian:
Nada que valga la pena recordar.
Tessa lo miró fijamente.
—Tessa:
Eso no es cierto.
Elian suspiró.
—Elian:
Solo fue… un mal momento.
—Leandro:
¿Un mal momento?
—Tessa:
Elian…
—Leandro:
Vamos… algo debió pasar.
La policía estuvo aquí, ¿no?
Elian lo miró directamente.
—Elian:
Leandro.
—Leandro:
¿Sí?
—Elian:
Hay cosas… que es mejor no remover.
En ese momento, alguien entró al restaurante.
Elian levantó la mirada.
Y su expresión cambió.
—Tessa (en voz baja):
Elian…
—Leandro:
¿Qué pasa?
Elian no respondió.
Solo miraba hacia la puerta.
—Elian:
Ese hombre…
Tessa giró lentamente.
Su rostro se tensó.
—Tessa:
No puede ser…
—Leandro:
¿Lo conocen?
Elian murmuró casi para sí mismo:
—Elian:
Él estuvo aquí… esa noche.
Y por primera vez desde que entraron al restaurante,
Elian sintió que tal vez el incidente aún no había terminado.
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mundos paralelos, versiones de si mismo, poderes multiversales
Editado: 06.04.2026