Paralelo

Capitulo 3: La otra perspectiva

“El tiempo es una ilusión persistente.”
— Albert Einstein

El silencio en la mesa se volvió pesado.

Elian seguía mirando hacia la puerta del restaurante.
El hombre que acababa de entrar se había detenido unos segundos cerca de la barra, como si buscara a alguien.

Tessa observó el rostro de Elian. Su expresión había cambiado por completo.

—Tessa (en voz baja):
Elian… ¿crees que ese hombre tuvo algo que ver con lo que pasó… o solo te recuerda ese día?

Elian tardó unos segundos en responder.

—Elian:
No lo sé…

Sus ojos no se apartaban del hombre.

—Elian:
Pero cada vez que lo veo… siento lo mismo que esa noche.

Leandro frunció el ceño.

—Leandro:
¿Lo mismo qué?

Elian dudó.

—Elian:
Es difícil de explicar.

—Leandro:
Inténtalo.

Elian respiró profundo.

—Elian:
Es como si… el tiempo se doblara.

Leandro soltó una risa corta.

—Leandro:
Hermano… eso suena bastante raro.

Tessa no sonrió.

Lo miraba con atención.

—Tessa:
Elian… ¿esto te ha pasado antes?

Hubo un silencio incómodo.

Elian bajó la mirada hacia la mesa.

—Elian:
Sí.

Leandro levantó las cejas.

—Leandro:
¿Antes de esa noche?

—Elian:
Mucho antes.

Tessa se inclinó ligeramente hacia él.

—Tessa:
¿Desde cuándo?

Elian pensó unos segundos.

—Elian:
Desde hace años.

Leandro se recostó en la silla.

—Leandro:
Seguro es estrés.
Trabajas todo el día, estudias en la noche… cualquiera se desorienta así.

Tessa negó suavemente con la cabeza.

—Tessa:
No necesariamente.

Leandro la miró.

—Leandro:
Vamos, doctora… unas vacaciones y listo.

—Tessa:
O podría ser algo neurológico.

Leandro suspiró.

—Leandro:
Oye… tampoco lo mates.

Tessa volvió a mirar a Elian.

—Tessa:
No digo que sea algo grave…
pero podrías consultar a un especialista.

Elian se quedó pensativo.

—Elian:
No me ofende la idea.

Hizo una pausa.

—Elian:
La verdad… yo mismo lo he pensado.

Leandro lo miró sorprendido.

—Leandro:
¿En serio?

—Elian:
Sí.

Sus dedos jugaban con la taza de café.

—Elian:
Porque cuando pasa…
pierdo completamente la noción del tiempo y del espacio.

Un silencio breve cayó sobre la mesa.

Tessa habló con suavidad.

—Tessa:
Entonces deberías revisarlo.

Elian miró su reloj.

—Elian:
Creo que ya es hora de irnos.

Afuera, el aire de la tarde era más fresco.

Leandro caminó hacia su carro.

—Leandro:
Nos vemos mañana, gente.

—Elian:
Cuídate.

—Tessa:
Bye, Leandro.

Leandro subió a su vehículo y arrancó.

Elian y Tessa caminaron hacia su carro.

—Elian:
¿Dónde te estacionaste?

Tessa señaló hacia el estacionamiento.

—Tessa:
Allí.

Subieron al auto y condujeron de regreso a la universidad.

Cuando llegaron, el campus estaba más tranquilo.

Elian estacionó cerca del vehículo de Tessa.

Ella lo miró antes de bajar.

—Tessa:
Me preocupo por ti… ¿lo sabes?

Elian sonrió con suavidad.

—Elian:
Lo sé.

Hizo una pequeña pausa.

—Elian:
Y se siente muy bien saber que lo haces.

—Tessa:
Ya verás que vas a estar mejor.

—Elian:
Gracias, amor.

—Tessa:
Avísame cuando llegues a casa.

—Elian:
Lo haré.

—Tessa:
Bye.

—Elian:
Bye.

Ella lo miró una vez más.

—Tessa:
Te amo.

Elian sonrió.

—Elian:
Yo también te amo.

Tessa salió del auto.

Elian la observó caminar hacia su vehículo.

Mientras se alejaba, un pensamiento cruzó por su mente.

Sabía que Tessa era la clase de persona que estaría siempre a su lado.

La que no abandonaría.

Y por primera vez se preguntó si era justo que alguien que lo amaba tanto tuviera que cargar con algo que ni él mismo entendía.

Encendió el auto.

Y condujo hacia su trabajo.

El restaurante ya estaba en movimiento cuando llegó.

El guardia de seguridad lo saludó al verlo entrar.

—Antonio:
Buenas, jefe.

—Elian:
Buenas, Antonio.
¿Todo tranquilo?

—Antonio:
Todo tranquilo, señor.

—Elian:
Excelente.

Dentro del restaurante buscó al líder de turno.

—Elian:
Benjamín.

—Benjamín:
Todo bien, líder.

—Elian:
¿Cómo estamos para hoy?

—Benjamín:
Listos para la labor.
Áreas abastecidas y equipo preparado.

Elian asintió.

—Elian:
Excelente.
Reúne al equipo.

Minutos después, todo el personal estaba frente a él.

—Elian:
Equipo, buen día.

Las miradas estaban sobre él.

—Elian:
Hoy vamos a dar lo mejor de nosotros, como siempre.
Enfoque en los pequeños detalles, buena actitud, agilidad y control.

Miró a todos.

—Elian:
Así lograremos salir airosos.

Sonrió.

—Elian:
¿Le damos?

—Equipo:
¡Sí, señor!

—Elian:
Entonces vamos.

La tarde y la noche transcurrieron sin problemas.

Muchos clientes.

Buen servicio.

Tiempos de entrega eficientes.

La jornada fue un éxito.

Al cierre, Elian reunió al equipo nuevamente.

—Elian:
Excelente trabajo hoy.

Algunos sonrieron.

—Elian:
No esperaba menos.
Sigamos así y siempre seremos la primera opción de nuestros clientes.

—Equipo:
Gracias, líder.

Más tarde, Elian conducía hacia su casa.

Las luces de la ciudad pasaban frente a él como destellos borrosos.

Entonces lo sintió.

Otra vez.

El mareo.

La sensación de perder el equilibrio.

Su visión comenzó a cerrarse.

Como si el mundo se transformara en un túnel.




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