Paralelo

Capitulo 4: Las preguntas de Tessa

“La duda es el principio de la sabiduría.”
— Aristotle

La alarma del teléfono sonó a las seis en punto de la mañana.

Tessa abrió los ojos lentamente y se quedó mirando el techo durante unos segundos. Aún sentía el cansancio del día anterior, pero sabía que no podía darse el lujo de quedarse en la cama.

Giró la cabeza hacia la mesita de noche.

Una fotografía descansaba allí.

Su madre.

Tessa la miró un momento en silencio.

—Buenos días, mamá… —murmuró.

Se levantó, se puso una sudadera ligera y salió de la habitación.

La casa todavía estaba en silencio.

Encendió la luz de la cocina y puso a calentar agua para café. Mientras esperaba, abrió su laptop en la mesa y revisó rápidamente algunos correos del trabajo remoto.

Ese trabajo era lo que le permitía estudiar medicina y cuidar de su hermana.

El aroma del café comenzó a llenar la cocina.

Tessa sirvió dos tazas.

Miró el reloj.

—Hora de despertar a la dormilona…

Caminó por el pasillo hasta la otra habitación.

Abrió la puerta suavemente.

Nicole estaba completamente envuelta en la sábana.

—Nicol… —dijo Tessa.

No hubo respuesta.

—Nicole.

Nada.

Tessa suspiró.

—Nicol, vas a llegar tarde.

La voz de Nicole salió desde debajo de la almohada.

—Cinco minutos más…

Tessa cruzó los brazos.

—Eso dijiste hace diez.

Nicole asomó apenas un ojo.

—Cinco… reales esta vez.

Tessa sonrió con paciencia.

—Tienes exactamente tres minutos antes de que vuelva con agua fría.

Nicole se incorporó de golpe.

—¡Está bien, ya voy!

Tessa se rió.

—Te espero en la cocina.

Minutos después Nicole apareció arrastrando los pies.

—No entiendo cómo puedes estar tan despierta tan temprano —dijo sentándose.

Tessa le empujó una taza de café.

—Disciplina.

Nicole hizo una mueca.

—Yo le llamo tortura.

—Termina tu desayuno —dijo Tessa—. Tenemos que salir en diez minutos.

Nicole tomó un sorbo de café.

—Sí, mamá.

Tessa levantó una ceja.

—Cuidado con ese sarcasmo.

Nicole sonrió.

—Te queda bien el papel.

Tessa negó con la cabeza.

—Apúrate.

Quince minutos después salían de la casa.

El sol apenas comenzaba a iluminar las calles.

Nicole subió al asiento del copiloto.

—Hoy tengo examen de historia —dijo abrochándose el cinturón.

—¿Estudiaste?

Nicole miró por la ventana.

—Más o menos.

—Nicole…

—Está bien, sí estudié —respondió rápido.

Tessa arrancó el auto.

Condujeron unos minutos en silencio.

Luego Tessa habló con tono casual.

—¿Y Adrián?

Nicole giró la cabeza.

—¿Qué pasa con Adrián?

—Nada… solo pregunto.

Nicole entrecerró los ojos.

—Te conozco. Cuando preguntas así es porque estás investigando.

Tessa sonrió.

—Solo digo que lo mencionas bastante.

Nicole suspiró.

—Es solo un amigo.

—Eso dicen todas.

Nicole soltó una risa.

—No te hagas ilusiones.

Tessa la miró de reojo.

—¿Ilusiones?

—Sí. No habrá novio visitando la casa.

Tessa fingió decepción.

—Qué tragedia.

Nicole le dio un pequeño empujón.

—Tessa…

—Solo te estoy molestando.

El auto se detuvo frente al colegio.

Nicole abrió la puerta.

—Nos vemos más tarde.

Tessa asintió.

—Pórtate bien.

Nicole rodó los ojos.

—Siempre lo hago.

—Avísame cuando salgas.

—Sí, sí.

Nicole cerró la puerta y caminó hacia la entrada del colegio.

Tessa la observó unos segundos antes de arrancar nuevamente.

De camino a casa decidió detenerse en un pequeño café que quedaba en la esquina de la avenida.

Entró, pidió un café y se sentó cerca de la ventana.

Sacó su laptop.

El rostro de Elian apareció en su mente.

Abrió el navegador y comenzó a escribir.

“Pérdida de percepción del tiempo.”

“Episodios de despersonalización.”

“Alteraciones neurológicas de la percepción.”

Leyó varios artículos.

Ninguno coincidía.

Pasó casi una hora investigando.

Cuanto más leía, más confundida se sentía.

Cerró una página médica y se recostó en la silla.

—Esto no tiene sentido…

Ninguna patología que conociera explicaba lo que Elian estaba viviendo.

Abrió otra página.

Nada.

Suspiró.

Entonces tomó su teléfono.

Buscó un contacto.

Tío Ernesto.

Llamó.

La voz grave de Ernesto respondió después de unos segundos.

—Tessa.

—Hola, tío.

—¿Todo bien?

—Sí… bueno… más o menos.

—Eso suena interesante.

Tessa dudó un momento.

—Necesito consultarte algo.

—¿Médico?

—Sí.

Hubo un breve silencio.

—Hoy terminé temprano —dijo Ernesto—. Si quieres pasar por el consultorio, podemos hablar con calma.

—Perfecto.

—Te espero.

Tessa cerró la laptop.

Media hora después estaba entrando al consultorio.

Ernesto levantó la vista cuando ella apareció en la puerta.

—¡Tessa!

Se levantó para abrazarla.

—¿Cómo estás?

—Bien.

Ernesto sonrió.

—¿Y Nicole?

—En el colegio.

—Esa niña crece muy rápido.

Tessa asintió.

—Demasiado rápido.

Ernesto señaló una silla.

—Siéntate.

Tessa respiró profundo.

—Necesito preguntarte algo sobre un caso.

Ernesto se acomodó en su silla.

—Te escucho.

Tessa comenzó a describir los episodios de Elian.

La pérdida de percepción del tiempo.

Las visiones.

Los mareos.

Ernesto escuchó sin interrumpir.

Cuando terminó, el médico se quedó pensativo.

—Tengo que ser honesto contigo —dijo finalmente.

Tessa lo miró.

—Nunca he escuchado un caso así.

Tessa frunció el ceño.

—¿Nada parecido?




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