Paralelo

Capitulo 7: Punto de convergencia

“No hay mayor peligro que el conocimiento sin preparación.”
— Carl Sagan

La noche había caído con una calma engañosa.

Leandro caminaba de un lado a otro en su sala, con el teléfono pegado al oído. Del otro lado, la voz de Nicole sonaba más estable que días atrás, pero aún frágil, como si cualquier recuerdo pudiera romperla otra vez.

—¿Ya estás mejor? —preguntó él, deteniéndose frente a la ventana.

—Sí… un poco —respondió Nicole—. Hoy me confirmaron lo de las chicas… las expulsaron. Las van a enviar a un centro para menores.

Leandro cerró los ojos un segundo.

—Se lo buscaron.

Hubo un silencio breve.

—Aun así… —continuó Nicole— no me siento bien con eso.

Leandro iba a responder… pero algo captó su atención.

La televisión, encendida sin volumen al fondo, mostraba imágenes caóticas. Luces rojas, gente corriendo… humo.

Subió el volumen lentamente.

“…explosión dentro de una sucursal bancaria… autoridades aún no confirman si se trata de un atentado…”

Leandro frunció el ceño.

—Nicole… te llamo en unos minutos.

—¿Todo bien?

—Sí… luego te explico.

Colgó sin esperar respuesta.

Sus ojos se fijaron en la pantalla.

No era un robo.

No era normal.

Algo en esas imágenes… no encajaba.

Tomó su teléfono de nuevo.

Marcó.

Elian estaba en su oficina dentro del restaurante, revisando pedidos en la computadora. El sonido del teclado era constante, casi hipnótico, hasta que el teléfono vibró.

—¿Qué pasó? —contestó sin levantar la vista.

—Pon las noticias. Ahora.

El tono de Leandro no dejaba espacio a preguntas.

Elian tomó el control remoto y encendió la pantalla frente a él.

Las imágenes aparecieron.

El banco.

El humo.

El caos.

—Eso queda cerca de aquí… —murmuró.

—Exacto —respondió Leandro—. No es un robo.

Elian se inclinó hacia la pantalla.

Entonces lo vio.

Un fragmento del video de seguridad.

Algo… dentro del banco.

No era una persona.

No se movía como una.

Era una figura distorsionada… como si la realidad a su alrededor se quebrara al tocarla.

Y luego…

La explosión.

El video se cortó.

Elian se quedó en silencio.

—Voy para allá —dijo Leandro.

Minutos después, Leandro entraba al restaurante.

El ambiente seguía normal. Mesas llenas, risas, platos en movimiento… una realidad completamente ajena a lo que acababan de ver.

Elian salió de su oficina.

—Espérame un momento —dijo—. Cambio de turno.

—Hazlo rápido.

Leandro tomó asiento. Rechazó el ofrecimiento de bebida.

—Solo agua.

Elian asintió.

Diez minutos después, regresó.

—Ven.

Entraron a la oficina.

Leandro conectó su laptop.

—Accedí a las cámaras internas del banco.

Elian lo miró.

—¿Eso es… legal?

Leandro no respondió.

El video comenzó.

Esta vez… completo.

La figura estaba ahí.

Oscura.

Inestable.

Como si no perteneciera a ese lugar.

No caminaba.

Se desplazaba.

Y todo lo que tocaba… vibraba.

Luego… una expansión.

Una onda.

Y la explosión.

Elian dio un paso atrás.

—Eso no es humano.

—No —respondió Leandro—. Y no existe nada como eso registrado.

—¿Estás seguro?

—Totalmente.

Leandro cerró la laptop.

—Voy a mover contactos… gente que sabe cosas raras. Si alguien sabe algo, lo encontraré.

Elian asintió.

—Avísame.

Horas después…

La noche había cambiado de tono.

Elian tocó la puerta.

Nicole abrió.

Al verlo, sonrió… y lo abrazó con fuerza.

—Cuánto tiempo…

—Demasiado —respondió él—. ¿Cómo estás?

—Mejor…

Se separaron.

—¿Cuándo vuelves al colegio? —preguntó él.

Nicole bajó la mirada.

—Pasaron cosas…

Le contó.

Sin adornos.

Sin dramatizar.

Pero con peso.

Elian la escuchó sin interrumpir.

—No tienes por qué sentir vergüenza —dijo al final—. No hiciste nada malo.

Nicole asintió, con los ojos húmedos.

Minutos después, él y Tessa iban en el vehículo.

La ciudad pasaba en silencio a su alrededor.

La cena fue… perfecta.

Demasiado perfecta.

Risas.

Conversaciones ligeras.

Momentos de normalidad que parecían prestados.

Pero al regresar…

Todo cambió.

Un destello.

Dentro del vehículo.

No venía de afuera.

Venía de… dentro.

Elian tensó las manos sobre el volante.

El mundo… se ralentizó.

El sonido desapareció.

Tessa lo miró.

—Elian…

Pero él ya no estaba del todo ahí.

Sus ojos… se desenfocaron.

Y entonces—

El espacio frente a ellos… se abrió.

No como una puerta.

Como una grieta.

Y de esa grieta…

Salió él.

Elian.

Pero no era él.

Vestía diferente.

Su presencia… era otra.

Fría.

Precisa.

Controlada.

Sus ojos… lo sabían todo.

Tessa dejó de respirar por un segundo.

—¿Qué… es esto…?

Elian parpadeó… saliendo del trance.

Pero la figura seguía ahí.

Ambos podían verla.

Real.

Imposible.

La versión dio un paso al frente.

Los miró a los dos.

Primero a Tessa.

Luego a Elian.

Y habló.

Con una calma que pesaba más que cualquier grito.

—Hola, Tessa.

Una pausa.

—Elian.

Sus ojos se fijaron en él.

—Tenemos que hablar.

El silencio que siguió… no era vacío.

Era el inicio de algo mucho más grande de lo que cualquiera de los dos podía comprender.




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